Enterrando el sectarismo

Por Fredy León

En los tiempos del reinado del camarada Ludovico, Patria Roja empezó a hablar del «gran viraje»; nunca entendí de qué se trataba. Ludovico abandonó Patria Roja (o fue expulsado, no estoy seguro) y el «gran viraje» quedó en el olvido. Luego, años después, Moreno comenzó a hablar del «nuevo curso»; confieso que tampoco entendí bien de qué se trataba ¿Un nuevo curso para el país, para Patria Roja o para sus militantes que a paso apresurado marchaban del comedor estudiantil a las oficinas de la derrama magisterial? Y es que Patria Roja hacía ya tiempo que había abandonado su lenguaje radical, ya no defendían la tesis de la «guerra popular del campo a la ciudad», el lema de «el poder nace del fusil» había sido borrado de su logo oficial, en las universidades sus militantes ya no gritaban «estudio, trabajo y fusil» y hasta el bueno de Rolando Breña un día tuvo la brillante iniciativa de acompañar a Alan en la celebración del día de la fraternidad. Cosas de jóvenes, dirán ahora.

Como en la vida nada está quieto y el que no avanza simplemente retrocede, Patria Roja dejó de tener la importancia política que había logrado alcanzar en los años 80 y se convirtió en otra organización mas de la izquierda marginal. Aunque eso sí, resistieron estoicamente en sus maltrechas trincheras de lucha y nunca arriaron sus banderas socialistas; pero como diría el amauta, la lucha por «el socialismo no se nutre de evocaciones dolientes o coléricas ni de esperanzas exaltadas.» Y ahi donde las masas esperaban un gesto de grandeza, Patria Roja solo atinaba a hacer más de los mismo, pero cada vez peor.

Los intentos de convertir a PR en ese «partido revolucionario de masas» con que soñaban sus dirigentes se estrelló contra la dura realidad y terminó en una sucesión de viejos fracasos, decepciones y deserciones de muchos de sus cuadros jóvenes. Era Einstein riéndose de la tozudes humana «Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes.” Cierto, en política no hay cadáveres, ¿pero 50 años intentando lo mismo sin obtener ningún resultado no debería obligar a una profunda autocrítica?

Ahora leo, en la nota que publicaron dando a conocer la realización de su IX Congreso nacional, que su evento se «desarrolló con una profunda actitud autocrítica» y me parece excelente. No existe otra manera de abandonar el inmovilismo político y terminar con la autocomplacencia de la inacción que sometiendo todo lo actuado a las armas de la crítica. Lenin decía que la madurez de un partido comunista se mide en función a su actitud frente a la crítica, y si los camaradas de PR quieren realmente «cerrar un ciclo y abrir uno nuevo» tenían que atreverse a hacer un balance objetivo y profundo de su historia para reconocer que el sueño del partido propio hace tiempo que se ha esfumado y que hoy toca volver a los orígenes para refundar ese Partido que el Amauta concibió.

Por eso que reconforta saber que PR está decidido a «superar los rezagos del sectarismo» que corroe a las izquierdas. El sectarismo no es un problema de la militancia en abstracto, sino que es una tara, un defecto y una deformación ideológica que fue practicado por los cuadros políticos que ejercieron cargos de dirección política y que con su sectarismo hicieron retroceder la conciencia de las masas y frenaron la lucha por el socialismo.

Pero donde si creo que finalmente parece que los camaradas de Patria Roja han decidido apostar firmemente por hacer historia con mayúsculas es cuando afirman que «la unidad adquiere una categoría de principio» y que la «unidad de los comunistas adquiere primera importancia.» ¿Cómo no estar de acuerdo con esa posición?

Yo, como muchos, soy un convencido de que sin la unidad las izquierdas dificilmente podrán ser una alternativa de gobierno y poder; y no solo pienso en que necesitamos la unidad para ganar el gobierno sino en lo que vamos a necesitar después para poder ejercer el gobierno y transformar el país. Y no solo eso, sino que creo que si los comunistas no logran solucionar sus problemas de división, el socialismo seguirá siendo una quimera irrealizable. La victoria se construye sobre la experiencia de las derrotas y la base de nuestras derrotas ha radicado principalmente en ese espíritu de secta que hemos practicado con demasiado empeño durante muchos años.

La historia ha demostrado hasta la saciedad que construir el socialismo es una de las tareas más titánicas y casi imposibles de realizar, muchas revoluciones han fracasado por falta de unidad y las pocas que han triunfado ha sido por que la unidad ha primado. Así de simple.

Ciertamente para lograr la unidad de los comunistas se va a necesitar algo más que buenos deseos, se va necesitar mucha grandeza de pensamiento y capacidad de renuncia a las minucias de la vida, se va necesitar mucha imaginación y bastante realismo político, se va necesitar, como decía el amauta, que los militantes «metan sus ideas en la sangre.»

Luego de mucho diletantismo infecundo creo que finalmente ha llegado la hora de enterrar el sectarismo, de cerrar definitivamente un ciclo de derrotas y empezar uno mucho más complejo y sumamente dificil pero donde unidos podemos triunfar.

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Cambio sin transición

Por Fredy León

Creo que resulta un exceso de imaginación sostener que el simple anuncio de “adelanto de elecciones” significa que el país vive un proceso de transición. ¿Transición de qué y hacia dónde? Si bien es cierto que toda transición es producto de una crisis política, también es cierto que no toda crisis política lleva necesariamente a un proceso de transición.

Para hablar de transición tiene que haber un quiebre, una ruptura en el andamiaje político del estado y, sobre todo, tiene que surgir un nuevo consenso político mayoritario que sostenga la necesidad de cambiar el viejo status quo. La radicalidad de esos cambios dependerá de la fuerza política que dirija ese proceso. En la actual coyuntura existe, según las encuestas, una opinión pública mayoritaria a favor del adelanto de elecciones, pero no hay acción en las calles, y como sabemos, la política sin acción de masas es pura ilusión.

El Perú vivió un proceso de transición en 1980 con el regreso de los militares al cuartel y la vuelta a un sistema democrático consagrado en la Constitución del 79. Chile vivió un cambio de gobierno sin transición; Pinochet fue obligado a abandonar el gobierno pero la derecha logró mantener intactas las estructuras políticas y económicas heredadas del régimen fascista.

La actual crisis política que vive el país es una crisis en las alturas que ha sido desencadenada por el sectario enfrentamiento entre el poder legislativo y el poder ejecutivo; la causa de esta crisis hay que buscarla en la irresponsabilidad que han demostrado las derechas –en sus diferentes vertientes- al no pensar en el país y ponerse de acuerdo en un programa mínimo que garantice la famosa gobernabilidad.

Luego del triunfo de PPK, Keiko Fujimori optó por una línea de confrontación irracional e infantil con el gobierno. La actitud de Keiko estuvo más motivada por la terrible frustración personal de haber perdido -por segunda vez- unas elecciones que las tenía casi ganadas, que por supuestas diferencias programáticas con PPK. Los fujimontesinistas se dedicaron sin ton ni son a dinamitar la confianza ciudadana en las instituciones democráticas.

Keiko y PPK eran las dos caras de la misma moneda neoliberal. Sus programas de gobierno eran complementarios. PPK cayó por su oscuro pasado como testaferro del capital internacional y en su soledad política creyó que podía negociar su continuidad en el gobierno aprobando de forma rocambolesca, sin ningún sustento legal y contra la opinión mayoritaria de la población, el indulto de Fujimori.

Cuando Vizcarra asumió la presidencia a nadie se le ocurrió hablar de una transición. No hubo ningún quiebre del régimen político. Vizcarra comenzó su mandato buscando tender puentes con el fujimontesinismo en base a la continuidad de las políticas económicas y la defensa de la constitución del 92. Al inicio de su gestión Vizcarra se preocupó de demostrar que no tenía ningún inconveniente en seguir gobernando aplicando a pie juntillas los lineamientos del presupuesto aprobado por la mayoría aprofujimontesinista.

La piedra en el zapato que distanció a Vizcarra del fujimontesinismo fue el tema de la corrupción. Las revelaciones que a cuentas gotas venían apareciendo sobre el escándalo de “lava jato”, la impunidad que el congreso otorgaba a los corruptos y la actitud troglodita que mostraba la mayoría aprofujimontesinista frente al ejecutivo dinamitó la idea de un cogobierno.

En un país que carece de una cultura de pactos políticos y con una clase política que muestra poco respeto a la institucionalidad democrática, el fujimontesinismo creyó que podía construir su victoria electoral del 2021 sobre los escombros del gobierno de Vizcarra. La consigna era cuanto peor para el país, tanto mejor para las aspiraciones presidenciales de Keiko.

Por eso que el sorpresivo anuncio del gobierno de Vizcarra, de proponer el adelanto de elecciones, ha descolocado la estrategia del fujimontesinismo. Con Keiko en prisión y Kenji enfrentado con su bancada, las opciones electorales del fujimontesinismo son casi nulas.

Pero a su vez, el anuncio de Vizcarra es un acto desesperado de un gobierno precario que está más preocupado en encontrar una salida honrosa ante la amenaza permanente de ser vacado por un congreso controlado por lo peor que ha producido la política peruana que llevar adelante las reformas políticas que el país necesita y culminar ese proceso de transición a la democracia iniciada por el gobierno interino de Valentín Paniagua.

La crítica que se puede y debe hacer a Vizcarra es que el camino que eligió resulta imposible de ejecutar, no hay nada que indique que el congreso va aprobar el adelanto de elecciones.

En política los tiempos son claves. Cuando Vizcarra asumió la presidencia tuvo su oportunidad de oro para consolidar la democracia, profundizar la lucha contra la corrupción y la impunidad, terminar con la pesada herencia dejada por la dictadura, culminar el fallido proceso de transición iniciado por el gobierno transitorio de Valentín Paniagua y convocar a una Asamblea Constituyente para dejar en manos del pueblo la solución a la crisis política que se veía venir. No lo hizo, Vizcarra pensó que podía «cogobernar» junto al fujimontesinismo. Poco tiempo le duró la ilusión. Vizcarra ingenuamente creyó que la fiesta a la que el fujimontesinismo le invitó era por sus cumpleaños cuando en realidad lo que estaban celebrando eran sus funerales. Ahora el fujimontesinismo envalentonado por haber recuperado el control total del congreso espera que Vizcarra sucumba sin ofrecer mayor resistencia, y el nuevo presidente del congreso, Pedro Olaechea -el hombre de la Confiep- comedidamente se ha propuesto oficiar como el sepulturero oficial. Bajo el prurito de «la defensa de la constitución» las huestes mercenarias del congreso vienen alistando sus sables para la batalla decisiva. Vizcarra no tiene mayores opciones para cumplir su compromiso, no cuenta con los votos necesarios para hacer aprobar el adelanto de elecciones. Su dilema ahora se reduce: o se rinde ante el embate de los filibusteros o en un final épico decide cerrar el congreso y convocar al poder originario del pueblo vía Asamblea Constituyente.

La suerte está echada.

 

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Con mi congreso no te metas

Por Fredy León

Hay pánico, desesperación y desconcierto total en las huestes aprofujimontesinistas. El anuncio de adelanto de las elecciones presidenciales y parlamentarias, hecho por el presidente Martín Vizcarra, los ha dejado todo turulatos. La bankada ha quedado congelada en modus Beteta, Mulder alucina ser el Rambo criollo defensor del congreso y Heresi sueña con ser el fiel escudero de las tropas aprofujimontesinistas.

Y es que a veces, como las letras de esa vieja melodía, cuando crees que estas vivendo tus mejores momentos la vida te da sorpresas. Los fujimontesinistas aún no habían terminado de beber las últimas copas de champaña celebrando lo que hasta ese momento creían era su gran victoria y en las mentes afiebradas de sus ideólogos -Vásquez Kunze dixit- era visto ya como la antesala perfecta para ir por mas y lanzarse al asalto final del sillón presidencial, cuando atónitos vieron cómo Vizcarra les abría las puertas del abismo político. En cuestión de minutos pasaron de la euforia a la depresión total, de jugar con las ilusiones y soñar con su “presidente Olaechea” a terminar como energúmenos gritando “cárcel” para Vizcarra.

Con su anuncio Vizcarra ha tomado la iniciativa política y colocado contra las cuerdas a un congreso desprestigiado, lo peor que ha producido nuestra clase política en toda la historia republicana, y por el cual dudo que alguien se anime a derramar una lágrima si es que Vizcarra, mas por un acto de sobrevivencia política que por convicción, cumple con su promesa de convocar  elecciones adelantadas.

¿Qué ha llevado a Vizcarra a tomar esa medida radical?

El choque de poderes que vivimos es reflejo de una crisis en las alturas producto de las pequeñas ambiciones de poder, la fragmentación política y la incapacidad de la derecha neoliberal para garantizar la gobernabilidad del país. Cierto, en el país hay descontento y protesta, pero no es masiva ni generalizada ni pone en peligro la estabilidad del régimen neoliberal.

Para desdicha de algunos maximalistas virtuales que siguen esperando que el sistema colapse de manera espontánea, en el país no hay indicios reales de que vamos a una sublevación popular que terminará con el régimen del 93. Los tiempos son otros y la historia transcurre lentamente por el camino más tortuoso debido –entre otros factores- a que los actores políticos y sociales que supuestamente representan el futuro están atrapados en el pasado y se sienten cómodos esperando plácidamente que otros les hagan sus deberes. Las masas no están listas para hacer bolillos porque los panaderos se fueron de vacaciones.

Vizcarra comparte con el fujimontesinismo lo sustancial de la agenda económica neoliberal y ambos defienden la constitución del 93; lo que los separa son las disputas por administrar las cuotas de poder y la forma de enfrentar los casos de corrupción. Los tímidos intentos de lograr una cohabitación entre el poder ejecutivo y el congreso fracasaron no tanto porque Vizcarra tuviera una visión más progresista de su gobierno sino por la actitud sectaria del fujimontesinismo que pensaba que al haber propiciado la vacancia de PPK y tener mayoría en el congreso podía manejar el país a su antojo.

El congreso, de la mano del aprofujimontesinismo, poco a poco se fue convirtiendo en un hediondo lupanar, una fortaleza protectora de intereses privados y defensora de los personajes más abyectos que estaban comprometido en actos delincuenciales. El increíble informe de la comisión Bartra, la defensa a ultranza de Hinostroza, Chávarri, Mamani, Becerril, la fuga del congresista Donayre acusado de hurtar gasolina del ejército, el dispendio de los dineros destinados al funcionamiento del congreso, el uso de las instalaciones del congreso y personal administrativo para actividades partidarias del fujimontesinismo, la mediocridad de los debates, ausencia de ideas y proyectos llevaron a que la gran mayoría de la población tenga una opinión negativa del funcionamiento del congreso.

Luego de la negativa del congreso a aprobar las reformas políticas propuestas por el ejecutivo y la elección de Pedro Olaechea como su presidente, Vizcarra tenía razones de sobra para dudar sobre el futuro de su gobierno. El fujimontesinismo, al haber logrado reconstituir su alianza con la cúpula empresarial que maneja la Confiep, iba a exigir la rendición total de Vizcarra y tener vía libre para imponer las reglas de juego de las elecciones del 2021. Creo que Vizcarra sabía que en esas nuevas condiciones, donde la Confiep ha asumido un papel político muy activo, iba camino a convertirse en un irrelevante actor político. Y es que en el juego de poder  “si no estás sentado en la mesa eres parte del menú.”

No olvidemos que el poder del fujimontesinismo está fuertemente entrelazado con la actividad delincuencial de los grupos mafiosos que controlan gran parte del aparato económico y judicial del país, y para quebrar esa simbiosis hay que atreverse a vaciar el agua del estanque de los tiburones. Tarea nada facil, pues en política rige la regla de oro “si tienes poder, puedes hacer de todo.”

El grave error cometido por Vizcarra es no haber sabido manejar bien los tiempos políticos. Cuando asumió la presidencia pudo haber cambiado la historia del país, pudo haber disuelto en ese momento el congreso y convocado a una Asamblea Constituyente para solucionar la crisis que hoy le ha obligado a tomar una decisión arriesgada, de pronóstico incierto. La mayoría aprofujimontesinista en el congreso va hacer todo lo imposible para impedir que el país vaya a elecciones anticipadas. No tendrán la razón ni el respaldo popular; pero controlan el congreso, tienen los votos y muchos privilegios que defender.

La clave de la batalla que se aproxima estará en el poder de la calle. Si las fuerzas democráticas logran configurar una mayoría activa que defienda el derecho democrático del pueblo a decidir libremente el futuro del país, la mafia aprofujimontesinista -que se va atrincherar en la defensa de un congreso rechazado por la población- puede ser derrotada. Pero para eso se necesita tener claridad en las ideas y convicción en la lucha. Las grandes obras de la historia comienzan con pequeñas escaramuzas, y hoy se nos presenta una posibilidad para abrir una pequeña rendija y lograr que el pueblo peruano se reencuentre con su historia.

 

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Debate entre confesos

Por Fredy León

Si no sabes dónde vas, cualquier camino te llevará allí.
Alicia en el país de las maravilla

 

No soy militante de Patria Roja, cuando ingrese a la Juventud Comunista (1977) éramos un pequeñito grupo, algo menos que medio centenar de militantes de la jota, que a duras penas tratabamos de tener alguna presencia en el movimiento estudiantil de la Universidad San Antonio Abad controlado por Alex Bustamante y Goodofredo Mendoza, ambos militantes de Patria Roja; en ese entonces, Tany Valer, que era el máximo dirigente de PR en Cusco, ordenó cerrar las puertas del Paraninfo Universitario para impedir una conferencia a la cual había sido invitado el Embajador de Cuba en el Perú. El PC tenía una presencia importante a nivel de los empleados y docentes, en el PC militaban intelectuales de mucha valía y profesionales de amplio prestigio, tanto a nivel académico como en el plano político, difícil olvidar los nombres de “dogo” Flóres, el “puka” Willis, el “chusco” Luizar, Herbet Vidal o Marcos Arriola, por citar a unos cuantos integrantes de esa famosa célula Amauta -que fue el semillero político donde muchos jóvenes comunistas nos formamos- y que estuvo conformado por intelectuales comunistas que marcaron un hito importante en el desarrollo académico de la UNSAAC.

En esos tiempos la UNSAAC era uno de los principales centros del activismo politico, su histórico patio central fue escenario de grandes debates y la lucha por controlar los pizarrines era algo menos que una batalla épica. Como éramos un grupo pequeño -“los revis o crikos” como despectivamente nos llamaban los “maoistas”- Patria Roja nos consideraba como su principal enemigo, buscaban aislarnos, impedían que participemos en los debates y no podíamos utilizar las famosas pizarras, el principal medio de difusión política en la UNSAAC. Recuerdo que la primera vez que dejaron a un dirigente de la jota, Jesús Manya, participe en un debate, acabó con la cabeza rota y el pequeño grupo que lo secundábamos tuvimos que salir corriendo. Claro que nosotros les respondiámos con la misma moneda en el movimiento sindical. En un mitin del primero de mayo donde participaba Eduardo del Castillo, en ese entonces Secretario General de la CGTP, Goodofredo Mendoza, presidente de la FUC, terminó con la cabeza rota y los feristas (Frente Estudiantil Revolucionario) salieron huyendo de la Plaza de Armas. La guardia obrera en el Cusco se estrenó contra los feristas.

Años después, en 1991, un camarada de la Juventud Comunista fue elegido presidente de la FUC en una lista unitaria promovida por la jota -Nueva Universidad- y donde Patria Roja participaba como una fuerza minoritaria. La noche del escrutinio electoral, Guyen Hilares, dirigente del FER del Perú, fue asesinado en las puertas del Paraninfo Universitario.

Eran tiempos donde ingenuamente creíamos que el poder estaba en controlar la FDTC o la FUC y que había que destruir al enemigo para fortalecer al partido. Y el enemigo a destruir estaba en casa. La lucha en el movimiento social no era contra el enemigo de clase; era entre los revisionistas y la ultraizquierda.

Desde 1964 hasta creo mediados del 80 la historia de la izquierda comunista ha sido la historia de la pugna entre pro soviéticos y pro chinos por hegemonizar un pequeño sector de la sociedad.

PR tiene razón cuando afirman que ”El Partido es hijo de la lucha de clases, también de su tiempo. Lleva su marca…” (Tesis 77). Somos productos de un tiempo falso, del tiempo de la aguda pugna internacional entre la Unión Soviética y la China Popular, de la disputa ideológica y política entre el llamado “social imperialismo ruso” y la china de Mao a punto de dar “el gran salto” hacia el comunismo, llevamos la marca del sectarismo y la intolerancia. Y mientras nosotros utilizamos nuestro tiempo para recoger las minucias que dejaba esa disputa internacional, el país nos quedó demasiado grande…y lejano.

Traigo todo esto a colación porque a raíz de un artículo mio se ha generado un pequeño debate con algunos camaradas de Patria Roja sobre el tema de la unidad de los comunistas, y como yo he llegado al convencimiento de que resulta un sin sentido que sigan existiendo dos organizaciones que se reclaman herederos del partido fundado por Mariátegui y creo que la unidad es la mejor –y quizás la única- alternativa que los comunistas tenemos para contribuir a la construcción de una patria nueva, no puedo menos que manifestar mi acuerdo con el análisis y autocrítica que ellos hacen sobre la situación de Patria Roja “En el curso de la crisis política del último año nuestro papel fue marginal cuando debió ser protagónico” (Tesis 75), pero donde no me convence y no estoy de acuerdo son con los remedios que proponen para salir de esa situación “de años de defensiva y estancamiento” (Tesis 1) Ellos creen que por algún arte de magia finalmente van a convertir Patria Roja en ese partido que dice luchara por “el socialismo y más allá aún, el comunismo, que será obra de generaciones y enfrentará infinitud de vicisitudes” (Tesis 70)

Me parece que lo que proponen como alternativas, si así se le puede llamar a esa esperanza de encontrar su destino elegido, se reduce a un acto de fe “El Congreso llama a todo el Partido a examinar estos problemas con objetividad, espíritu comunista y voluntad de renovación, y resolverlos con firmeza.(Tesis 88). Ahí donde debería haber la audacia de plantear un camino, solo quedan llamados a la conciencia.

Revertir esa situación de crisis partidaria les va demandar tiempo y mucho esfuerzo; las grandes limitaciones que muestran creo que son una clara expresión de que ese proyecto político que surgió en 1969 para remover desde sus escombros la sociedad “semicapitalista y semicolonial” ha llegado a un nivel de agotamiento histórico, es el ocaso de una idea, el final de un camino.

El sueño del partido propio ha muerto, negarse a enterrarlo es cosa de necios, no de revolucionarios.

Y esto, no es poca cosa para un partido que desde su fundación ha estado dirigido por Alberto Moreno, y recien, luego de 50 años, acaba de descubrir que ha llegado el momento de “eliminar el culto por los cargos o perpetuarse en ellos” (Tesis 80)

Por eso, en el tema de la unidad, me cuesta entender la enorme distancia que hay entre la palabra y los hechos. Patria Roja dice que va “trabajar con honestidad y firmeza por la unidad más amplia de las izquierdas” (tesis 3) pero al mismo tiempo no muestran esa misma firmeza y convicción para forjar la unidad de los comunistas. ¿Cómo explicar esa pequeña contradicción? Queremos la unidad, pero…

Como dije al inicio, no soy militante de Patria Roja, ellos decidirán libremente su camino a seguir, lo único que hago es expresar una opinion solitaria sobre un tema que me interesa, “repensar el papel del Partido”(Tesis 76), pero como hace tiempo vengo sosteniendo, más que el destino de las siglas partidarias, a mi me preocupa el destino de la revolución socialista. Y ese destino, nos guste o no, está intimamente vinculado a la generosidad e inteligencia que muestren los comunistas en el tema de la unidad.

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Patria Roja y su tesis 86*

Por Fredy León

Hemos aprendido
a comer
en mesas vacías.
Las sillas sobran
(Alejandro Oliveros)

Luego de leer los documentos de discusión del 9 Congreso de Patria Roja, confieso que me cuesta entender qué propone ese partido al país, hacia dónde se dirige y cuál es la herencia política que piensa dejar Alberto Moreno, fundador y dirigente vitalicio de esa organización durante este medio siglo que tiene de existencia.

Salvo que Moreno, a sus casi 80 años, piense que aún tiene tiempo para empezar una nueva etapa en su vida política.

Creo que cuando un partido comunista discute sus tesis políticas no basta con hacer una descripción, más o menos interesante, de la realidad si éstas no van acompañadas de propuestas inteligentes, alternativas claras, decisiones bien pensadas y medidas audaces que sacudan de raíces la coyuntura política y permitan a ese partido construir el escenario político adecuado para alcanzar sus objetivos. Es la vieja tesis de Marx que debería resonar con fuerza en nuestros cerebros: “…no basta con interpretar de diversos modos el mundo, de lo que se trata es de transformarlo.” Y para transformar el sistema, lo primero que necesitan los comunistas es construir una organización política que haga honor a su nombre, tenga la fuerza organizativa, capacidad política e inteligencia de clase para cambiar el viejo sistema.

Y es que en el tema del partido es donde los comunistas peruanos hemos fallado estrepitosamente; y aquí, las tesis presentadas al 9 congreso de Patria Roja no aportan nada nuevo, son una repetición de la mentalidad del pasado y de esos viejos deseos que nos han llevado al fracaso. Ahí donde debería haber primado un profundo espíritu autocrítico y manifestado la audacia del pensamiento renovador, lamentablemente ha pesado más la cómoda tendencia a la autocomplacencia, la autosatisfacción e inmovilismo que cultivan los actuales dirigentes de Patria Roja.

José Carlos Mariátegui sentó los cimientos de lo que debería ser la nueva organización revolucionaria, fatalmente su muerte truncó ese camino y su sucesor, Eudocio Ravines, deformó ese proyecto convirtiéndolo en una organización teóricamente infecunda y con una perniciosa práctica sectaria que llevó al aislamiento de la clase obrera. Posteriormente, los que proclamaban ser continuadores del pensamiento del Amauta, no pudieron o no supieron darle forma viva a esa idea de partido, que era fusión de pensamiento y acción, concebido por Mariátegui.

Los resultados de 90 años están a la vista: tenemos dos organizaciones comunistas que se reclaman ser herederos del partido de Mariátegui, pero en la práctica no son más que un remedo de esa organización que Mariátegui propuso construir para luchar por el socialismo peruano.

La revolución socialista ha demostrado ser una obra demasiada compleja, una tarea histórica que demanda lo mejor de la inteligencia y la máxima generosidad de los comunistas. No hay que olvidar que en ese objetivo, los comunistas hemos tenido grandes fracasos y algunas victorias, y es que el transito de la “protohistoria a la historia” solo puede tener éxito si emulamos a esos hombres que se rebelaron contra “la dictadura espiritual de la iglesia” y sentaron las bases del nuevo orden burgués, y que a decir de Engels “fue una época que requería titanes y que engendró titanes por la fuerza del pensamiento, por la pasión y el carácter, por la universalidad y la erudición. De los hombres que echaron los cimientos del actual dominio de la burguesía podrá decirse lo que se quiera, pero, en ningún modo, que pecasen de limitación burguesa.”

Recordemos que Patria Roja es producto de la penúltima división que sufrió Bandera Roja en 1969, organización que era dirigida por Saturnino Paredes y que surgió como resultado de la gran división del PC en 1964.

Patria Roja llegó a convertirse durante la década de los 80 en uno de los principales partidos de la izquierda peruana; era una organización con una presencia activa en la vida política nacional y tenía varios senadores, diputados, presidentes regionales y alcaldes; controlaban el Sutep, las rondas campesinas, la federación de estudiantes y los frentes de defensa de varios departamentos del país; mantenía una importante presencia a nivel de los trabajadores mineros, pescadores y estatales; era una de las principales voces que aportaban ideas y defendían con argumentos sus alternativas en los eternos debates ideológicos que sacudían los predios izquierdistas y editaba de manera regular su semanario Patria Roja.

En ese entonces ser de Patria Roja significaba leer religiosamente “Beijing informa” y andar con el famoso “libro rojo de Mao” bajo el brazo.

En sus orígenes Patria Roja sostenía, con más pasión que razón, que “el poder nace del fusil.” Su objetivo estratégico consistía en preparar las condiciones subjetivas para desarrollar “la guerra popular del campo a la ciudad” y decían que la clave de todo ese proceso de acumulación de fuerzas radicaba en la “construcción de las tres varitas mágicas de la revolución: el partido, el frente único y el ejército popular.”

Equivocados o no, Patria Roja representaba a un importante sector de la sociedad, defendían públicamente una propuesta política radical y sus militantes creían honestamente en esa opción.

El mayor mérito de Patria Roja fue haber resistido con firmeza la crisis de la izquierda y mantenido un cierto nivel de estructura orgánica; pero hoy eso es insuficiente, no basta con seguir resistiendo arrinconado en las trincheras, hay que atreverse a intentar pasar a la ofensiva y romper con el bloqueo político, ideológico, cultural y social impuesto por el pensamiento neoliberal, pero para los dirigentes de Patria Roja pareciera que los tiempos políticos avanzan a paso de tortuga, tiempos donde su máxima ilusión se ha reducido a administrar la derrama magisterial y contentarse con marchar a la retaguardia de un proceso político que exige a voces la presencia de una fuerza revolucionaria que articule un proyecto estratégico y una a la diversidad de fuerzas sociales y políticas que luchan contra el modelo neoliberal. Y si esa labor no cumplen los comunistas, entonces ¿cuál es el sentido político de su existencia?

Por eso cabe preguntarse ¿a quién representa Patria Roja y qué ideas defiende?

El mundo ha cambiado de manera vertiginosa, más para mal que para bien, la historia ha tomado rumbos imprevistos que han dejado sin respuesta a los comunistas y en el país la idea de la revolución socialista ha perdido su fuerza de atracción al extremo que hay que volver a discutir con seriedad y profundidad la idea misma sobre revolución; la clase portadora de las nuevas relaciones de producción se ha desarticulado y fragmentado, han perdido su fuerza política y sentido de historia, las ideas de la derecha se han vuelto hegemónicas, la lucha ideológica y cultural la hemos perdido por walk over y en la escena política nacional la fuerza social de los trabajadores se ha reducido a su mínima expresión mientras el poder de la burguesía se ha consolidado y fortalecido a todo nivel.

Aquí camaradas la desgracia nuestra es que ya no existen ni fantasmas que por lo menos quiten el sueño a la burguesía.

Y en esa nueva realidad, ampliamente desventajosa para el desarrollo de las ideas revolucionarias, seguir sosteniendo que Patria Roja o el PC son la “vanguardia revolucionaria del proletariado peruano” o seguir afirmando que Patria Roja o el PC van a conducir al pueblo peruano a la victoria es una mera ilusión o autoengaño de los que han perdido sentido de realidad o viven con la mente en el pasado.

¿Qué hacer? ¿Seguir insistiendo en la misma visión sectaria del partido propio que ha llevado al fracaso del comunismo peruano o intentar buscar una nueva opción unitaria?

Soy de los que sostienen que en el Perú los comunistas fueron derrotados antes de la pelea. No nos derrotó la derecha, nos autoliquidamos nosotros mismos.

La  traumática división de 1964 anuló todas las posibilidades para que el PC se convierta en una alternativa revolucionaria al sistema. La división produjo la desarticulación orgánica del sujeto revolucionario y en la mente de los militantes se impuso un pensamiento dogmático, seguidista a los centros del poder internacional, los comunistas empezaron a educarse en el culto extremo al sectarismo y la defensa intransigente de las capillas partidarias. El partido dejó de ser visto como el instrumento político liberador de una clase en su lucha contra el dominio del capital y se convirtió en un objetivo en sí mismo al servicio de una burocracia partidaria.

Si la división fue la causa principal de nuestra derrota, la unidad de los comunistas tiene que ser el nuevo punto de partida para vencer. No basta con sobrevivir en el tiempo ni resistir bajo los escombros de las siglas partidarias que han quedado totalmente desfasadas para luchar por el socialismo. Aquí  hay que ser claros, no tiene ningún sentido histórico seguir defendiendo la existencia de dos organizaciones que en la práctica han dejado de representar y defender los intereses de la clase trabajadora y no tienen la mínima posibilidad de convertirse en una alternativa viable al sistema.

Lo genuinamente revolucionario en este periodo es avanzar en la refundación del partido de los comunistas peruanos para reconstruir el sujeto social revolucionario, forjar la unidad del pueblo peruano, transformar la voluntad política en inteligencia y luchar con el pueblo por la conquista del poder político.

Y en este tema fundamental, la cuestión de cómo abordar la construcción del partido de la revolución -que para muchos constituye la esencia de toda estrategia revolucionaria- es donde Patria Roja trastabilla. Toda la preocupación revolucionaria de sus dirigentes sucumbe ante el peso muerto de la costumbre y su discurso pierde sentido de historia. Hablan de revolución pero no dicen nada de la responsabilidad que tienen los comunistas en la derrota de las izquierdas.

Su tesis 86 es un mero saludo a la bandera, una resignación a seguir evadiendo debatir con seriedad este punto para continuar transitando por el camino de la derrota.

La manera como Patria Roja aborda el complejo tema de la unidad de los comunistas demuestra el miedo histórico de sus dirigentes a plantear con audacia sus propuestas, si es que la tienen, y en el fondo expresa esa falta de convicción para reconocer que la unidad de los comunistas es la tarea principal del momento político actual que permitiría a los comunistas peruanos abandonar las catacumbas y dar un nuevo impulso histórico a la lucha revolucionaria.

Sin la unidad de los comunistas peruanos la lucha por la revolución es una frase vacía, es palabrería huera de los que se contenta con intentar explicar los efectos nocivos de una realidad que aplasta la vida de las grandes mayorías. En los hechos, seguir defendiendo la anacrónica idea del partido propio, es renunciar a la dura y compleja tarea revolucionaria de proponer con claridad a los trabajadores un nuevo camino, plantearse nuevos retos, convocar a los militantes para recuperar la fe en las ideas comunistas y abocarse con pasión a construir esa fuerza política y social, necesaria e indispensable, para transformar la realidad.

¡Quién no entiende el significado estratégico de la unidad de los comunistas peruanos no comprende la esencia de la lucha revolucionaria!

 

*TESIS 86. Hace ya un tiempo que ambos partidos comunistas venimos trabajando para hacer realidad la unidad de los comunistas en un solo partido. Hay logros iniciales: creciente convencimiento  de su necesidad aunque temores, desconfianza e indiferencia de cómo alcanzarlo. El Congreso llama al Partido a persistir en esta tarea, pues nada justifica que en un país exista más de un partido comunista, cuando su razón de ser, proyecto histórico y sustento teórico es común. Encomienda al nuevo Comité Central seguir trabajando hasta alcanzar el objetivo señalado, detectar el trasfondo ideológico, político y metodológico que lo obstaculiza, encontrar vías de comunicación que permita una creciente unidad de acción y coordinación política y de masas, así como reuniones de estudio y reflexión. (Informe político 9 Congreso Patria Roja, pág. 32-33)
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Voces del cambio

Por Fredy León

Creo que dado los antecedentes de las izquierdas, su sectarismo, las visiones estrechas, las desconfianzas mutuas, los discursos fofos, las ideas desordenadas, la ausencia de liderazgos políticos, las diversidades de opiniones contradictorias que florecen en medio del desconcierto ideológico, las ambiciones menudas y los protagonismos descontrolados que todavía siguen dominando el accionar de los diversos grupos que forman parte de este espectro político sumado a las incomprensibles dubitaciones que muestra Verónika Mendoza, la soterrada pugna entre Santos y Patria Roja, la simpleza paralizante del discurso del PC y las dudas que genera la presencia del grupo de Simons, creo que nadie se atreve a imaginar que lograr la unidad de las izquierdas es una tarea simple, un camino fácil y sencillo de transitar.

Pero esa es la izquierda que tenemos, la que con sus errores y aciertos lucha contra el sistema corrupto y explotador, la que moviliza y genera espectativas e ilusiones en un importante sector de la población y la que, si logra reencontrarse con las masas y la historia, puede cambiar el país. Fuera de ese espacio común solo hay derrotas y marginación. Si no que lo diga el Frente Amplio que con su aislamiento ha perdido toda perspectiva.

La unidad sigue siendo la gran tarea pendiente de las izquierdas y creo que Voces por el Cambio ha logrado de maneta inteligente poner este tema en la agenda principal de las izquierdas y, desde su primer encuentro, algo se ha avanzado. La dura crítica lanzada al PC y a PR por Santos tiene mucha razón “Mariátegui fundó un solo Partido Comunista; aquí hablan de unidad pero siguen existiendo dos partidos comunistas: únanse.” La unidad, que ojalá trascienda lo electoral, tiene que surgir de la convicción total.

Personalmente esperaba un poco más de este segundo encuentro. Creo que había espacio y condiciones para ser más audaces y dar pasos concretos hacia la unidad. Sé que no es fácil construir consensos sobre el nombre y la estructura del nuevo referente político (eso ha permitido, por ejemplo, que Santos en su discurso priorice el espacio y reconocimiento legal de Patria Libre para insinuar que ese debe ser el nuevo referente), que hay visiones divergentes sobre cómo enfrentar la actual coyuntura política, que hay mucho por discutir para aprobar un programa común de ruptura con el modelo neoliberal y demasiados cálculos políticos y personales para definir las reglas de juego que nos permitirán elegir al candidat@ presidencial y candidatos al congreso. Por esas razones me parecr que si hubiera habido un poquito más de claridad en las propuestas de los partidos que intengran Voces del Cambio, creo que las bases hubieran recibido con mucho entusiasmo y responsabilidad el nuevo reto unitario.

La unidad es importante no solo porque significa un acuerdo político de las dirigencias partidarias sino porque principalmmente permite crear un amplio espacio político de participación y protagonismo del movimiento popular. Es el paso necesario para construir esa nueva mayoría política y social que requerimos para transformar el país.

Ojalá que en el tercer encuentro a realizarse en Chiclayo las intenciones se concreticen, los deseos se materialicen y la unidad de las izquierdas se haga realidad; pues como bien gritaban los miles de participantes del segundo encuentro, necesitamos urgentemente una unidad para luchar y vencer.

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Atrapados sin salida

Por Fredy León

El conflicto entre el poder ejecutivo y el legislativo tiene varias lecturas y varias alternativas de solución. La clave reside en la fuerza real y voluntad de poder que disponga uno de los actores para imponer una solución -ya sea de ruptura o negociada- al impasse que protagonizan el gobierno y la oposición aprofujimontesinista.

Siendo correcta la actitud asumida por el gobierno creo firmemente que la mejor alternativa para solucionar la actual crisis política y encarar las necesarias e imprescindibles reformas políticas que la sociedad demanda pasa por cerrar el actual congreso y convocar a una Asamblea Constituyente para elaborar una nueva Constitución.

El actual congreso ha perdido legitimidad y esa mayoría política expresada en las elecciones del 2016 ya no existe. Durante estos tres años el congreso ha demostrado total inoperancia para entender al país, discutir sus grandes problemas y proponer soluciones; todo lo contrario, el congreso ha sido ganado por intereses menudos de personajes mafiosos y corruptos que han secuestrado a las instituciones del estado para garantizar la impunidad total de los delincuentes y corruptos. La actuación tragicómica de la “comisión Bartra” o la defensa cerrada de un delincuente como Pedro Chávarry han sido realmente escandalosos, una ofensa al país.

El poder que tienen en el congreso la alianza aprofujimontesinista es un poder construido en base a la estrecha relación que mantienen con la mafia corrupta de empresarios y operadores políticos que han utilizado el control del gobierno para sus propios beneficios. Su supervivencia en la política está fuertemente condicionado a frenar las investigaciones de los casos de corrupción y mantener inalterable el actual status quo.

¿Que puede hacer Vizcarra? Negociar con el aprofujimontesinismo para que nada cambie o forzar una salida democrática a la actual crisis política.

Por sus antecedentes, carencia de una bancada propia en el congreso y falta de un horizonte político definido, lo más probable es que Vizcarra se anime a buscar una salida negociada que contemple un adelanto de elecciones presidenciales junto a la aprobación de algunas medidas puntuales que salve su imagen y satisfaga las demandas del aprofujimontesinismo que no creo que les ilusione la idea de ir hacia una constituyente. En definitiva, negociar y pactar es lo que han venido haciendo durante el corto periodo del mandato presidencial de Vizcarra.

Si la política los separa, la defensa del modelo de economía neoliberal los une. Y en ese punto de encuentro, mantener la actual constitución fujimontesinista los coloca en el mismo espacio político.

La segunda opción, cierre del congreso y convocatoria a una Asamblea Constituyente, dependerá fundamentalmente de la fuerza de la calle, de la existencia de un poderoso movimiento de masas que pase a la ofensiva y exija, con el pueblo movilizado, la convocatoria a una Asamblea Constituyente.

Aquí la responsabilidad de las izquierdas y del movimiento popular es clave. La pelea se gana peleando y como las izquierdas no tienen la fuerza suficiente en el congreso para imponer una salida democrática a la actual crisi política, todo el esfuerzo y labor debe desplazarse a la acción de masas para que con el pueblo movilizado construir esa nueva mayoría política que desde las calles imponga la convocatoria a una Asamblea Constituyente.

El accionar político no se sustenta en buenas intenciones, se basa sobre todo en el nivel de correlación de fuerzas que existen en un momento dado. Y si en este momento de crisis política las izquierdas logran que la idea de convocar a una Asamblea Constituyente se transforme en una poderosa fuerza de la calle y se impongan a las fuerzas conservadoras que predominan en el congreso y el gobierno, tendremos nueva Constitución.

Pero si el silencio de la calle se prolonga, tendremos una salida negociada entre el gobierno y el fujimontesinismo.

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