Por Fredy León

El lío de Dina con el legislativo se parece a ese juego infantil donde todos tratan de evadir su responsabilidad ¿Yo señor? No señor. ¿Quién señor? No sé señor. Entonces, ¿quién señor?

Y en ese juego Dina no solo llega tarde, con sangre en sus palabras, sino que lo hace mal. De su discurso original de asunción a la presidencia donde anunció que se quedaba hasta el 2026 ya no queda nada, ahora se ha dedicado a vendernos humo de color rojo.

Dina se parece tanto a ese personaje que frotándose las manos exclamaba ¡Quiera Dios que corramos rápido para llegar demasiado tarde!

El problema del país es político y no se solucionan con medidas administrativas de corte burocrático e inventando intermediarios entre el pueblo y el poder, sino con decisiones políticas que allanen el camino para que el pueblo (único sujeto de donde emana todo el poder constituído) se pronuncie y decida de manera libre y soberana sobre el destino del país.

¿Por qué en este nuestro maltrecho país resulta más fácil para alguien como Dina ordenar matar a su pueblo que convocar a ese pueblo a las urnas?

Esta crisis política y este innecesario derramamiento de sangre lo han ocasionado los poderes constituídos: el gobierno y el congreso controlados por la derecha neoliberal que prefirieron atrincherarse en las alturas del poder para defender un modelo económico y político que se está cayendo en pedazos.

La derecha vendió la idea que la crisis de gobernabilidad se solucionaba vacando a Castillo, Dina creyó ingenuamente que gobernando con la ultra derecha y teniendo el apoyo absoluto de los poderes facticos iba tener el control total del país. La realidad los debió haber remecido por completo. El país demostró que no quiere más de lo mismo.

Hoy en las calles hay un país movilizado que demanda cambios profundos y radicales en el estado, la economía y la sociedad. Lo que estamos viendo durante estos casi dos meses no es una simple exploción de descontento, es el resurgir de una potente fuerza creadora que quiere otro país para vivir en paz, democracia y bienestar.

No entender eso es pretender discutir con una pared dándose golpes.

El gobierno de Dina lo único que puede hacer ahora es apresurar esos plazos y ahorrarle al país un innecesario baño de sangre.

Adelanto de elecciones y referéndum constituyente es la única salida democrática y real para evitar que el país se autodestruya y poder construir un nuevo consenso social que permita generar un ambiente de convivencia pacífica entre todos los peruanos.

La salida a este periodo de crisis pasa necesaria y obligatoriamente por el voto ciudadano. Lo otro, lo que propone la derecha neoliberal de negarse a discutir el tema constitucional o lo que Dina insinua de dejar el tema de la constitución en manos de una élite, es el camino directo al infierno de la confrontación, muerte y destrucción total de un país desfalleciente y con heridas profundas que no van a cerrarse únicamente con buenos deseos.

Es hora de mirar el bosque del poder y no quedarse embobados, como sucede con Dina, contemplando unicamente las hojas secas de un gobierno derrotado.

Creo que ha llegado el momento de levantar con fuerza y convicción esa gran consigna que hoy debe sintetizar y unir todas las luchas en un gran torrente de unidad y victoria ¡Todo el poder para el pueblo!

Publicado el por Wirataka | Deja un comentario