Por Fredy León

¿Para qué repetir los errores antiguos, habiendo tantos errores nuevos que cometer?
Bertrand Russel

Dicen que una buena táctica política pasa por comprender con inteligencia el momento que se vive, -diferenciar lo importante de lo secundario-; conocer los intereses concretos que defienden cada sector social; analizar los actores politicos en pugna y sus estrategias y, sobre todo, ver las posibilidades reales y fuerzas sociales que se tiene para proponer una alternativa política viable, creible y realizable.

Si tienes la fuerza, y las condiciones están dadas, seria estúpido no lanzarse a tomar por asalto la fortaleza; pero si no tienes la fuerza -aunque las condiciones existan- lo más inteligente es dedicarse a acumular fuerzas, asediar la fortaleza y prepararse para el momento del asalto final.

O sea, como recomendaba Gramsci, en política hay que saber distinguir si las condiciones son propicias para desarrollar una «guerra de movimientos» o una «guerra de posiciones»

Y es que en politica no basta con tener la razón, se necesita también tener la fuerza necesaria para que triunfe la razón.

¿De qué vale tener la razón si no tienes la fuerza material para transformar tus deseos en realidad? O ¿de qué vale tener audacia si no tienes claridad de las ideas?

Deseos no transforman la realidad. Y la realidad dificilmente se acomoda a los deseos.

Muchos afirman que la crisis del país es responsabilidad única del gobierno y que el Presidente Pedro Castillo vive sus horas agónicas e insinuan que las izquierdas -o mejor dicho lo que queda de ella- son co-responsables de que Castillo siga en Palacio.

Y en ese análisis apocalíptico, donde se sobrevaloran los deseos y minimizan la realidad, algunos destacados analistas politicos -como Jaime Cruces en su artículo ¿Adonde van las izquierdas?- creen que la solución es destituir a Castillo, y para justificar su posición construyen escenarios imaginarios, exigen definiciones alocadas y sueñan con batallas finales; pero en el fondo todo ese relato caótico no logra ir más allá de generalizaciones excesivamente simplistas que pueden sonar como monedas de plata en oídos de un mendigo pero que no pasan de ser monedas de cobre.

Se pregunta Jaime, como quién pretende descubrir la piedra filosofal, «¿Por qué las izquierdas no asumen las banderas para que la salida a la crisis sea nuevas elecciones generales con mejores reglas de juego y recortar el mandato del gobierno y del Congreso?»

Y sin querer queriendo, o tal vez recurriendo a ese viejo artilugio no dejes que tu mano derecha sepa lo que la izquierda escribe, el mismo se responde de forma contundente «Las izquierdas no tienen inscripción electoral, su capacidad organizacional y de movilización hoy es mínima, es mínima porque no están en la coyuntura, porque no tienen una mirada táctica ni estratégica sobre la crisis que se vive….»

Es decir a una izquierda marginal que tiene una minima «capacidad organizacional y de movilización» le pides que asuma una lucha por el poder que está años luz lejos de sus posibilidades reales. Eso, me parece, suena más a pura demagogía que a un esfuerzo bien intencionado de dotar una táctica correcta a las izquierdas.

Ojo aquí no estoy hacienda una valoración sobre si la propuesta que se «vayan todos» es correcta o no, eso lo explicare líneas más abajo; lo que estoy apostillando es que cuando uno discute sobre cuál debe ser la táctica a desarrollar en la actual coyuntura creo que lo mínimo que uno debería hacer es tomar los datos de la realidad tal como son y no tal como uno quisiera que fueran.

Y creo que por ese error conceptual es que Jaime se deja ganar por el voluntarismo y desde la obsesion que muestra por querer jubilar a Castillo lo más antes posible, lanza un ultimatum a esas izquierdas marginales: «si quieren ser protagonistas TENDRÁN que ser audaces y abandonar el inmovilismo»

¿Ser audaces y abondonar el inmovilismo?

¡Qué fácil y simple resulta construir una alternativa política!

Imagino que por ese exceso de audacia de pensamiento que hace gala Jaime le debe producir urticaria escuchar hablar sobre temas que, según él, no son más que una pesada«larga lista de HAY QUE»

¿Organizar, forjar nuevos liderazgos, reconstruir el tejido social, elaborar un programa de país, construir la unidad, forjar una nueva mayoría política y social? Bueno, según Jaime, esos son temas superficiales que no pasan de ser «un largo etc. de “hay ques”»

Una cosa es la supuesta audacia para ir como un corderito contento y feliz al matadero y otra muy distinta es tratar de construir un escenario favorable para imponer una alternativa.

Y esa alternativa no pasa por gritar que se «vayan todos» y pedir «adelanto de elecciones». Seamos claros, no es una simple crisis de gobierno la que vivimos, es una crisis total del regimen del 93 que ha implosionado y se cae a pedazos sin que surja una alternativa que lo reemplace. Si no entendemos esa diferencia acabamos convertidos en meros repetidores de los argumentos que esgrime la extrema derecha y a través de la presión mediática de los poderes fácticos que controlan buscan sacar al inquilino de Palacio para que no cambie nada.

Se puede ser oposición al gobierno sin caer en posiciones maximalistas ni acabar como furgón de cola de la extrema derecha. Responsabilizar únicamente a Castillo de la crisis que vive el país, silenciando la responsabilidad que tiene la derecha en el caos político que vive el país, es otorgarle demasiado poder a un personaje que llegó por casualidad a la presidencia; y creer que el adelanto de elecciones van a solucionar la crisis, es pura ingenuidad.

En lo que sí estoy de acuerdo con Jaime, es cuando pide «mejores reglas de juego» El problema es entender en qué consiste esas nuevas reglas de juego.

En mi opinion cuando pedimos nuevas reglas de juego, en el fondo lo que estamos exigiendo es una nueva constitución. Ese es el meollo actual de la contradicción politica que enfrenta el país y que la derecha ha entendido a cabalidad, por eso se niegan a poner en debate el tema de la constitución. La derecha defiende a rajatabla la constitución fujimontesinista por que no quiere nuevas reglas de juego, a lo mucho quieren adelanto de las elecciones presidenciales pero manteniendo inamovible las actuales reglas impuestas por ellas.

Discutir la necesidad de una nueva constitución significa en esencia debatir sobre las nuevas reglas de juego democrático y que van desde la financiación de las campañas, el rol de los medios de comunicación, la conformación de nuevos distritos electorales para que los congresistas no sean elegidos con bajos porcentajes de votos, introducir la revocatoria del mandato popular (presidente, congresistas, gobernadores regionales, alcaldes, regidores) en la mitad de su periodo, establecer requisitos básicos para ser candidato, conformación de los poderes electorales como entes autónomos del poder politico, repensar el principio de la división de poderes y la relación estado-sociedad civil etc.

Y es que, como sostenemos líneas arribas, el país vive una crisis total que no se va solucionar con un simple cambio de gobierno. Necesitamos medidas radicales y profundos cambios democráticos en nuestro sistema politico. Y para conseguir ese objetivo lo primero que necesitamos hacer es terminar con esa profunda y terrible fragmentación política y social que existe en el país. Es esa crisis de la política y la inexistencia de actores políticos con legitimidad social la que impide toda posibilidad de llegar a consensos mínimos que permitan buscar una salida pactada a la crisis que vive el país.

Como ese camino del consenso político parece irrealizable la otra posibilidad que aparece en el horizonte, que ciertamente es más complicada y exige mayores responsabilidades, es la de construir, desde abajo y con el pueblo, una nueva mayoría política y social para refundar el país. Y para construir esa nueva mayoría, -aunque no le guste a Jaime- hay que organizar, forjar nuevos cuadros politicos, vertebrar la más amplia unidad, reconstruir el tejido social, elaborar un programa de transformaciones y conquistar la mente y el corazón de las mayorías para emprender un nuevo rumbo.

Esa es la misión que las izquierdas, si desean realmente ser una fuerza transformadora, deberían desarrollar en estos tiempos de confusion y crisis.

Publicado el por Wirataka | Deja un comentario