El convento rojo

Por Fredy León

El arribo

Luego de una imprevista, corta e inolvidable estadía en la isla de la libertad emprendimos el viaje a la RDA, finalmente íbamos a cruzar la tenebrosa cortina de hierro. Cerca de la medianoche de un día de octubre arribamos al aeropuerto de Schönefeld – Berlín, debió ser uno de los últimos aviones en aterrizar, cuando salimos de la sala de equipajes las luces del desolado local estaban a medio apagar y las pocas tiendas cerradas; solo se veía a dos o tres empleados de limpieza haciendo su labor. El resto de pasajeros, a paso rápido, abandonaban presurosamente el aeropuerto.

Éramos 4 jóvenes militantes de la Juventud Comunista que apenas nos conocíamos e íbamos a convivir durante ocho meses en la escuela de formación política Wilhelm Pieck de la Juventud Libre Alemana. Alberto, Manolo, William y yo habíamos sido seleccionados por la dirección nacional de la JCP para viajar a la República Democrática Alemana y, a pesar que compartíamos una militancia política y hablábamos el mismo idioma, nunca llegamos a entendernos.

En el aeropuerto nadie nos esperaba. No era una sorpresa, nuestro viaje había sufrido varios retrasos y postergaciones. En esos tiempos, viajar a un país socialista ubicado tras la cortina de hierro, era algo más que una pequeña aventura juvenil. Era inicios de octubre y nosotros debíamos haber estado en la República Democrática de Alemania la primera semana de agosto.

Con nuestros equipajes nos dirigimos hacia la oficina de la policía. En el pequeño local habían tres o cuatros policías, todos jóvenes, que no ocultaban el aburrimiento que llevaban a cuestas. En una mezcla de español e inglés atropellado les explicamos que veníamos a participar en la escuela de la FDJ.

  • Ah, FDJ. Where are you from?
  • Perú
  • Ok, Wait a moment.

Uno de ellos cogió el viejo aparato telefónico que colgaba en la pared e hizo tres o cuatro llamadas. Al cabo de unos minutos, cortésmente nos dijo

  • It’s ok. He comes to pick them up in two hours. Understand?
  • Yes
  • You must wait in the pasaje.

La espera fue menos aburrida de lo que imagine. Estar en un país socialista era una ilusión que excitaba al máximo mis emociones, me había prometido aprovechar lo mejor posible el tiempo de mi estadía en la RDA, observar todo y tratar de aprender al máximo; y el silencio que reinaba en el aeropuerto era una invitación a poner en práctica esa decisión. No había nada interesante que llamara nuestra atención; pero de eso mismo se trataba, aprender a ver entre la nada.

Luego de algún rato lo vimos acercarse dando grandes trancos. Era grueso y alto, tenía el rostro redondo, los ojos pequeños y el cabello corto, era el típico alemán reservado que aparentaba rasgos rudos pero cuando lo ibas conociendo asomaba la nobleza de una persona dedicada con pasión a una causa que imagino fue lo esencial de su vida.

Con su español marcado por ese su acento alemán nos preguntó:

  • ¿Perú?
  • Sí.
  • Soy Hains, bienvenidos. Síganme.
Leonore y Hains, profesores de economía marxista

 

Le seguimos en silencio, nos condujo a paso forzado hacia donde estaba aparcada su furgoneta. Mucho después entendí que en la RDA todos andaban como Hains, a pasos agigantados, como si las distancias a caminar eran muy largas y el tiempo para llegar demasiado corto.

Fuera del aeropuerto soplaba un viento gélido. Nos acomodamos en la furgoneta y yo me senté junto a la ventanilla. Entre su actitud taciturna y nuestro cansancio se impuso un silencio cómplice que nos acompañó todo el viaje. No intercambiamos ninguna palabra.

Salió del aeropuerto y cogió la autopista principal. A esas horas no había ningún vehículo circulando, manejó casi una hora y luego cogió una pista auxiliar y condujo en medio de lo que debió ser un pequeño poblado con sus callecitas adoquinadas, sus casas de ladrillos rojos y las luces tenues, para luego coger una trocha y enrumbarse en medio del bosque, esa trocha de 10 kilómetros que posteriormente con los argentinos, Miguel y Rodolfo, varias veces tuvimos que hacerlo caminando porque teníamos la mala costumbre de llegar a Wandlitz justo después que el último bus había emprendido su marcha hacia la escuela. Luego de manejar entre 10 ó 15 minutos en medio de la penumbra que se resistía a anunciar el nuevo amanecer, divisamos unas luces tenues y la furgoneta entró al patio de lo que era un complejo arquitectónico de cuatro grandes edificios ubicado idílicamente en medio de la espesura del bosque. Daba la sensación de ser un lugar deshabitado, a esa hora el silencio era total y la belleza de los edificios escondidos en la penumbra y sutilmente iluminados era impresionante. Después supimos que el local donde se enseñaba marxismo fue la casa de campo de Goebbels, el genio de la propaganda fascista y uno de los hombres de mayor confianza de Hitler.

Hains estacionó el vehículo delante de uno de los edificios y con su español tosco nos dijo:

¡Llegamos!

El comedor

 

La escuela

A las 9 en punto unos suaves golpes en la puerta nos despertó de nuestro aletargado sueño. Era Vera, la hermosa y joven traductora de español que a partir de ese momento se convertiría en nuestra inseparable compañía e imprescindible nexo con el mundo de la RDA. Ella fue la voz y el rostro simpático del socialismo alemán en la escuela de la FDJ.

Vera era delgada, alta, de cabellos castaños, ojos verdes, nariz respingada y facciones muy suaves; una simpática alemana latinizada que hablaba un español perfecto, tenía una amplia cultura, conocía bastante sobre los países latinoamericanos y fue una excelente traductora que desde el primer contacto inspiraba una confianza absoluta. Con el transcurso del tiempo todos los latinos llegamos a tenerla un aprecio total, había cierta complicidad con ella que en algunas conferencias que traducía, se tomaba la libertad para expresar su opinión, algunas veces asintiendo lo dicho y otras manifestando su disconformidad. Y luego, le alcanzaban fuerzas para discutir sobre el contenido de la conferencia.

Vera nos enseñó las instalaciones de la escuela, nos informó sobre las cosas prácticas y, sobre todo, nos recomendó la importancia de la puntualidad alemana. Ella conocía la originalidad de la famosa hora peruana.

Luego de mostrarnos las instalaciones de la escuela, cruzamos ese bello paraje que conducía del comedor al edificio donde se dictaban las clases. Era una pequeña alameda en medio de jardines cuidados con sumo esmero y varias estatuas que adornaban el lugar con mucha sobriedad, y en la cual sobresalía, por su especial impacto, esa pequeña estatua dedicada a la mujer vietnamita.

En esa corta alameda se respiraba ese espíritu internacionalista que caracterizaba a la escuela de la FDJ.


Estatua en homenaje a la guerrillera vietnamita

 

Vera nos condujo hacia el salón de clases que nos habían asignado. Abrió la puerta y nos hizo ingresar. Una mezcla de ansiedad, curiosidad y expectativa se apoderó de mí. Ese era el espacio donde iba a aprender la teoría marxista, compartir experiencias con los camaradas de otras delegaciones, discutir sobre los problemas de la revolución en América Latina y conocer las experiencias en la construcción del socialismo en suelo alemán. Me sentía como ese mocoso imberbe en mi primer día de clases en el Glorioso Colegio Nacional de Ciencias y que miraba a hurtadillas a sus nuevos compañeros.

Hains nos invitó a sentarnos. Él era profesor de economía marxista y coordinador del curso internacional para América Latina; luego, procedió a presentar a los participantes del curso, los camaradas con los cuales íbamos a aventurarnos por los laberintos grises de la teoría marxista.

De México estaban Romualdo, responsable de su delegación, era un tipo serio, a veces parecía un poco parco, muy inteligente y hábil para polemizar y argumentar con claridad sus ideas, le gustaba investigar, un apasionado de la lectura, era uno de los más asiduos concurrentes a la biblioteca de la escuela, creo que se sentía atraído tanto por la cantidad de materiales de lectura que había en la biblioteca como por la gracia y frescura de la bibliotecaria; Mariana, que como dicen por esas tierras, era una hermosa chula mexicana de ojos grandes, tenía una frondosa cabellera negra y llevaba siempre su infaltable chal negro que cubría sus hombros, se mostraba muy racional, poseía una lógica de pensamiento y una mirada penetrante que parecía la reencarnación de Frida Kahlo; y Abrahán, un cuate mexicano de origen campesino, joven de sentimientos muy puros, de esos que por vivencias propias soñaba con el socialismo como el paraíso de la humanidad.

De Ecuador participaban Alejandra, joven impetuosa, de carácter dominante y rebelde, vivía la política con mucha pasión y Eugenio, que cuando estaba en sus momentos de euforia era una locomotora imparable de ideas e iniciativas, provenía del mundo del arte y se dio el placer de montar una obra de teatro y formar un coro de canto que tuvo singular acogida; pero en sus momentos de depresión, lo mejor era evitarlo.

De Colombia, Wilson y Diego, dos jóvenes que parecía que provenían de países diferentes. Si queríamos “armar” un debate bastaba con sentarlos a los dos en la misma mesa. Reflejaban la dicotomía que en esos tiempos se vivía al interior del PC Colombiano, eran dos personalidades opuestas: uno reservado y receloso de casi todo y el otro extrovertido y sumamente impulsivo.

De Argentina, Carlos, Rodolfo, Miguel y Ramón. Cuatro argentinos con los cuales desarrolle un grado de amistad muy especial cultivado en ese nuestro rinconcito del edificio en el que nos quedábamos hasta altas horas de la madrugada conversando amenamente y donde aprendí a tomar el famoso mate argentino. Carlos era el responsable de la delegación, un tipo muy inteligente, de una basta cultura y un conversador nato; Miguel era más analítico, le gustaba reflexionar en voz alta, a veces daba la impresión que su lema era “primero dudo, luego existo”, un caminante incansable, lugar donde íbamos nos pasábamos recorriendo por las estrechas callejuelas en busca de algún “boliche” tradicional, así fue como dimos con ese localcito de Jazz ubicado en las penumbras de un viejo bunker de la segunda guerra mundial y adornado con vetustos toneles de ron y cirios grandes; Rodolfo, un amigo entrañable, de esos que te hacen sentir la nostalgia de la amistad perdida en el tiempo y la distancia, un noble camarada con el que compartí los sueños de un futuro que creíamos tenerlo al alcance de nuestros dedos y pensábamos que íbamos a ser los arquitectos de ese futuro socialista. Luego Ramón, el che, el típico argentino que nunca le faltaba tema de conversación, un apasionado del fútbol con el que fuimos a ver un partido de la liga alemana que resultó ser el clásico de Berlín y, contra todo pronóstico, Ramón fue el único argentino que al finalizar el curso quedó perdidamente enamorado de una simpática alemanita.

No resultó difícil integrarse a un grupo tan diverso. A pesar que fuimos los últimos en llegar al curso, percibimos en el salón una atmósfera de cordialidad que te invitaba a formar parte de algo especial. No había motivos para sentirse solo ni excluido. La pasión por la política nos socializaba y los ideales comunes nos hacían sentir que éramos parte de una gran ilusión colectiva.

El otro grupo de latinos estaba formado por chilenos, venezolanos y nicaragüenses. Políticamente era un grupo más heterogéneo, mientras el nuestro todos proveníamos de la vertiente comunista, en el otro había además de comunistas chilenos y venezolanos, militantes de las juventudes socialistas de Chile, del Mapu chileno, del Mas venezolano y de la juventud sandinista.

Aquí recuerdo con especial cariño al “abuelo” Anselmo, un chileno que solía sumarse a nuestras interminables pláticas del rincón, radicaba en Suecia y su figura desgarbada nos recordaba al Quijote; a Sara, la chilenita que gustaba hacer sus empanadas y vestirse con el traje típico de su región, en su rostro se reflejaba la nostalgia y esperanza de volver a su Chile; y Camilo, el dirigente de las juventudes sandinistas que hablaba con mucha emoción sobre los grandes retos que tenía la revolución sandinista luego de haber derrotado a la dictadura somocista y conquistado el derecho a ser gobierno.

La delegación chilena era la más numerosa, todos provenían de la diáspora del exilio, vivían atrapados bajo las traumas de la derrota de la Unidad Popular y expresaban ese desencuentro que iba fermentando entre sus aspiraciones individuales que estaban más unidas a su vida en el exilio con los cada vez más lejanos deseos de regresar a luchar contra la dictadura. En ese ambiente no fue sorpresa enterarme, años después, que un miembro de la delegación chilena, que asistió a la escuela como militante del Mapu y que anteriormente había sido militante de las Juventudes Comunistas, terminó siendo ministro de relaciones internacionales del gobierno de Sebastián Piñera. En política siempre existirán los conversos, gente sin ideales firmes y que no son más que juguetes del tiempo. Creo que en este caso, el susodicho personaje fue comunista cuando creyó que esto le otorgaba algo de heroísmo a su insignificante existencia y terminó en la orilla opuesta cuando sintió la angustia del poder, no sin antes renegar de todo lo que antes decía defender.

Pero a pesar que esa su actitud ya percibíamos en el singular ambiente de la heterogénea delegación chilena, nada de esto enturbió las relaciones personales. La escuela mantuvo un encanto subliminal que nos atrapaba y nos hacía sentir algo especial que dudo que alguien de los que vivió esa experiencia sienta que desperdició malamente un año de su existencia.

Y ese mismo ambiente se sentía con las otras delegaciones, había estudiantes de diferentes países de Europa, África, Asia y América Latina y a pesar de las diferencias culturales, creencias religiosas y limitaciones impuestas por las naturales barreras idiomáticas, estas eran superadas por la imaginación que lograba que la necesidad de comunicarse se expresara de diversas maneras.

El auditórium

 

Las clases

La Wilhelm Pieck era una escuela de formación política y muchos arriesgaron su libertad y su vida por asistir a esta escuela. Las historias de alumnos que, luego de haber estudiado en la WP, fueron detenidos-desaparecidos cuando volvieron a sus países de origen, era algo más que un doloroso recuerdo.

La política se vivía con intensidad, se respiraba en el aire. Recuerdo dos hechos que me impactaron profundamente. Cuando nos comunicaron que iba a llegar una delegación de la Juventud Popular de Kampuchea, los alumnos de la escuela formamos dos hileras humanas para darles la recepción, algo sabíamos de las atrocidades del régimen de Pol Pot pero al ver las fotos y escuchar los testimonios de estos jóvenes comprendimos la real dimensión de la barbarie cometida por Pol Pot y sus” khamer rojos”. Y lo otro fue cuando nos informaron que la Unión Soviética había invadido Afganistán (diciembre 1979), esto generó un conflicto entre los dos miembros de la delegación afgana que asumieron posiciones encontradas frente a la invasión de su país: uno terminó grave en el hospital y el otro fue expulsado a su país. Este trágico hecho nos impacto mucho, pues por alguna razón difícil de explicar, los dos afganos se sentían muy a gusto con los latinos.

Los días en la escuela estaban marcados por la rutina, era difícil esquivar el ritmo de la vida aunque nada te obligaba a seguirlo. De lunes a viernes estudio, viernes en la noche las inolvidables fiestas donde alrededor de la pista de baile y con una cerveza en la mano nos reuníamos jóvenes provenientes de más de 30 países que parecía una verdadera torre de Babel, sábado y domingo lo dedicábamos a andar por Berlín y conocer de cerca el socialismo alemán. En la escuela teníamos absoluta libertad de movimiento y, sin temor a equivocarme, muchos sentimos el calor y la solidaridad de los alemanes que estaban orgullosos de su sociedad.

Los cursos que se dictaban en la escuela eran economía marxista (Hains), filosofía (Helga), comunismo científico e historia del movimiento juvenil, complementado con conferencias sobre temas de actualidad e importancia política expuesto por alemanes y personalidades internacionales invitados por la escuela y visitas a diferentes lugares para conocer de cerca la experiencia en la construcción del socialismo alemán.

Debo decir que el nivel académico de la escuela era alto, se entendía el marxismo oficial como una ciencia que buscaba fundamentar la necesidad de la revolución socialista y había que tratarlo como tal, se estudiaba con profundidad a los clásicos pero había una tendencia a minimizar los aportes nuevos que desde distintas ópticas buscaban enriquecer la teoría revolucionaria. El problema era que con respecto a la teoría marxista no bastaba con tener la vista en el pasado, por más heroico que había sido, había que tratar de ver la nueva realidad de un mundo que lentamente iba resquebrajando los muros de la teoría y dejar que ese espíritu crítico del pensamiento revolucionario, que siempre animo al marxismo, se desarrolle con mayor libertad creadora.

Claro que en esos tiempos no resultaba fácil ver lo nuevo que empezaba a germinar en la profundidad de la compleja realidad social de lo que se denominó como “socialismo realmente existente” que comenzaba a mostrar signos inequívocos de agotamiento; el problema que mostraba la teoría en ese momento era cómo visualizar con claridad lo que se estaba pudriendo dentro del sistema y ver lo nuevo que podía surgir de esa crisis para que en medio del desconcierto de ideas que se vivía poder seguir afirmando el camino que la gran revolución de octubre inició.

El eurocomunismo fue un intento, los eurocomunistas acertaron en el análisis crítico de una revolución que se empantanaba pero erraron en las alternativas, posteriormente vino la perestroika y la glassnot como respuesta oficial a la crisis del socialismo, el gran pecado de Gorbachov fue que nunca supo dar la respuesta de hacia donde se dirigía ese proceso; resultado, el PC italiano se autodisolvió sin librar la batalla decisiva, el PCUS fue barrido por los acontecimientos y el PSUA se evaporó en la nada.

Yo recuerdo en esos tiempos haber escuchado a un camarada finlandés, que desayunaba con un vaso de vodka y se iba a dormir con la botella vacía, sus críticas ácidas a lo que el denominaba el inmovilismo del pensamiento, y que según él estaba construyendo un muro ideológico que cercaba peligrosamente el desarrollo del socialismo. Era una voz solitaria, nosotros lo escuchábamos con atención, pero creo que en ese momento nadie entendió con claridad su mensaje.

Esa fue nuestra gran paradoja, en la escuela del comunismo científico, en ese convento rojo donde se suponía que el debate y la crítica eran las principales armas del desarrollo de una teoría llamado a cambiar el mundo, muchos no tuvimos la sensibilidad de comprender en su momento que la historia oficial de las revoluciones peligrosamente se iba llenando de santos infalibles y algunos creían que la misión de las nuevas generaciones se reducía a rendir pleitesía a ese pensamiento oficial; por eso que en algún momento, entre la rutina de la vida y el conformismo de las ideas, los burócratas del pensamiento empezaron a escribir con letras de molde en la puerta de entrada ¡Esta es la verdad, arrodíllense ante ella!*

Claro que todo esto podemos decirlo después que el muerto quedó sepultado tres metros bajo tierra. Si el socialismo fracasó fue, entre otras cosas, porque la teoría se quedó rezagada. Pero creo que para ser justos con la historia, hay que reconocer que la escuela Wilhelm Pieck cumplió una formidable labor en la formación de cuadros políticos juveniles, en el desarrollo de una conciencia internacionalista y la FDJ fue un valioso apoyo a los procesos revolucionarios, principalmente de los pueblos de África y Centro América.

Si alguna crítica podemos hacer a la Wilhelm Pieck es que si bien es cierto que cumplió una importante labor en la formación de cuadros políticos, sin embargo creo que falló en lo vital: fue una escuela que se preocupó demasiado en mantener la mente en el pasado y se olvidó que para llegar a la tierra prometida solo era posible a través de la crítica constante del mundo que nos precede, porque cuando el pensamiento revolucionario se detiene, el mundo real lo sobrepasa.

Y es que como dijiera el viejo Marx, en este mundo “lo necesario siempre sucede.”**

Reencuentro de ex alumnos de la WP 2017

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* Carta de Marx a Arnold Ruge. Setiembre de 1843

** Ibidem

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¿Recambio generacional sin renovación?

Por Fredy León

Los camaradas de Patria Roja, que hace poco realizaron su IX Congreso, acaban de informar que Alberto Moreno fue reelegido como presidente de su partido, Manuel Guerra como nuevo secretario general y Arturo Ayala como sub-secretario general. La nueva troika de PR es la mejor expresión, y en su versión más cruda, de ese machismo-leninismo que goza de excelente salud en PR, pues por si no bastaba con ver la foto de la mesa directiva que presidió su congreso, donde el poder de las testosteronas fue avasallador, su nuevo comité central se ha decantado por seguir la vieja política criolla de invisibilizar la participación de un segmento importante de la sociedad: la mujer.

No creo que esa marginación de las féminas comunistas haya sido producto simplemente de un lamentable descuido -me parece que PR tiene algunos cuadros femenimos muy interesantes- sino que viene a ser la manifestación de esa arcaica mentalidad patriarcal que predomina en muchos partidos comunistas que no logran tener una visión integral de la sociedad y no llegan a captar la dinámica de las nuevas contradicciones, actores sociales y conflictos políticos que atraviezan las sociedades modernas.

Debe resultar toda una paradoja para quienes reividican el termino de vanguardia que mientras en los partidos socialdemócratas europeos la paridad y alternancia de género se ha vuelto practica común, en los predios comunistas cuesta cambiar la mentalidad patriarcal y se sigue cultivando con empeño métodos y estilos de trabajo que lastran las posibilidades de una verdadera renovación de la vida política e impiden superar ese enfoque clasista primitivo que aisla al partido del conjunto de las fuerzas sociales que luchan contra el capitalismo. Y en este caso, la marginación de ese componente importante de militantes femeninas se vuelve a repetir justo cuando en la sociedad se vienen dando importantes manifestaciones y luchas por parte de las mujeres para lograr la igualdad de derechos, tener mayor visibilidad en la sociedad y conquistar una participación protagónica en la vida política del país.

La notoria ausencia de ese 50% que sostiene el mundo en la cúpula dirigencial de PR es un punto en contra que desluce ese famoso «proceso de renovación» del que hablan. No olvidemos que en los tiempos modernos la revolución será feminista o no será por una sencilla razón: no hay revolución sin liberación de la mujer, y no hay liberación de la mujer sin revolución.

Pero donde se muestran las limitaciones de mayor significado ideológico y deja la impresión que los cc de Patria Roja estuvieran llevando su «proceso de renovación» con el pie bien puesto en los frenos, es en la perpetuación vitalicia de Alberto Moreno como su máximo dirigente. Tendrán sus motivos sentimentales, pero la renovación de un partido que se califica como revolucionario nunca resultará efectiva si se deja la conducción de ese proceso en manos de los que representan el pasado que supuestamente se pretende superar. Creo que los cc. de Patria Roja han preferido ser leales con la figura que los encadena al inmovilismo y es el responsable directo de los «errores» cometidos a lo largo de sus 50 años de existencia, por esa razón han dejado flotando en el vacio el sentido real de lo que significa la renovación de su partido.

Creo que aquí estamos frente a uno de los problemas irresueltos en relación a la concepción del partido de nuevo tipo, y es que la rígidez de las estructuras orgánicas y la preminencia de ese concepto de centralismo atrofiado, que todavía practica Patria Roja y que fuera mal copiado de la experiencia bolchevique y peor implementado, hace que en este caso resulte muy complicado hablar propiamente de un «proceso de renovación»; creo que lo que PR ha decidido llevar a cabo es un proceso mediatizado de recambio generacional obligado por los avatares naturales del ciclo de la vida. Algo similar vivió el PC, con el aditivo que su proceso de recambio generacional fue traumático, llegó tarde y fue pésimamente administrado. Y para colmo de males, ese proceso fue resultado de una dura pugna interna y coincidió justo cuando la Unión Soviética se desmorronaba y la IU entraba en su crisis de extinción. Resultado: hubo recambio generacional pero no renovación partidaria, y ahora tenemos un PC que ha perdido su esencia revolucionaria y solo existe para apoyar al débil movimiento sindical.

En los documentos de su congreso PR criticaba lo que ellos denominan «estilos de trabajo profundamente erróneos», que en el «transcurso del tiempo terminaron aceptándose, en los hechos, como normales» Y, más adelante, como para limpiar sus pecados, enfilan sus críticas contra Santos y Medina, ambos expulsados de sus filas, afirmando que «ninguna forma de caudillismo es tolerable». Si esto es así, entonces ¿cómo entender que se puede dar un proceso de renovación en Patria Roja cuando su máximo dirigente durante sus 50 años de existencia y, por ende, principal responsable de que «el burocratismo en la labor de dirección (…) el sectarismo dentro del partido (…) el subjetivismo (…) el empirismo (…) el liberalismo ideológico», entre otras «desviaciones», haya sido reelecto como su máximo dirigente vitalicio y sea a la vez el encargado para llevar adelante esa famosa «renovación partidaria de la que hablan?.

Creo que Patria Roja está frente a una contradicción entre lo que dice y lo que hace; y en este caso, «cuando las ideas chocan con la realidad, lo que tiene que ser revisado son las ideas.»

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¡A las urnas!

Por Fredy León

El régimen político surgido de las elecciones del 5 de junio del 2016 ha implosionado, el gobierno y el congreso han perdido toda legitimidad política y han entrado en una crisis terminal que debilita la institucionalidad democrática y puede afectar la marcha de la endeble economía.

El congreso está secuestrado por una pandilla de fascinerosos que han corrompido la política y llevado a un esteril enfrentamiento con el poder ejecutivo poniendo en grave peligro la gobernabilidad del país. Prolongar esta crisis hasta el 2021, como proponen los aprofujimontesinistas, es como querer convivir con un cadáver putrefacto en medio de sala de la casa.

Ni Vizcarra ni los aprofujimontesinistas tienen la fuerza ni la legitimidad política para garantizar la continuidad de un regimen que ha perdido su sentido de ser y carecen de apoyo popular. La salida a esta crisis no vendrá de algún acuerdo burocrático entre Vizcarra y Olaechea ni de una posible vacancia del Presidente, la salida a la crisis pasa por cerrar el congreso y convocar a que se exprese la voluntad soberana del pueblo. Ha llegado el momento de exigir ejecer el legítimo derecho de volver a las urnas para decidir democráticamente el destino de la patria.

Este 5 de setiembre que la voz del pueblo resuene con fuerza y pasión en toda la patria ¡adelanto de elecciones para salir de la crisis política!

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Enterrando el sectarismo

Por Fredy León

En los tiempos del reinado del camarada Ludovico, Patria Roja empezó a hablar del «gran viraje»; nunca entendí de qué se trataba. Ludovico abandonó Patria Roja (o fue expulsado, no estoy seguro) y el «gran viraje» quedó en el olvido. Luego, años después, Moreno comenzó a hablar del «nuevo curso»; confieso que tampoco entendí bien de qué se trataba ¿Un nuevo curso para el país, para Patria Roja o para sus militantes que a paso apresurado marchaban del comedor estudiantil a las oficinas de la derrama magisterial? Y es que Patria Roja hacía ya tiempo que había abandonado su lenguaje radical, ya no defendían la tesis de la «guerra popular del campo a la ciudad», el lema de «el poder nace del fusil» había sido borrado de su logo oficial, en las universidades sus militantes ya no gritaban «estudio, trabajo y fusil» y hasta el bueno de Rolando Breña un día tuvo la brillante iniciativa de acompañar a Alan en la celebración del día de la fraternidad. Cosas de jóvenes, dirán ahora.

Como en la vida nada está quieto y el que no avanza simplemente retrocede, Patria Roja dejó de tener la importancia política que había logrado alcanzar en los años 80 y se convirtió en otra organización mas de la izquierda marginal. Aunque eso sí, resistieron estoicamente en sus maltrechas trincheras de lucha y nunca arriaron sus banderas socialistas; pero como diría el amauta, la lucha por «el socialismo no se nutre de evocaciones dolientes o coléricas ni de esperanzas exaltadas.» Y ahi donde las masas esperaban un gesto de grandeza, Patria Roja solo atinaba a hacer más de los mismo, pero cada vez peor.

Los intentos de convertir a PR en ese «partido revolucionario de masas» con que soñaban sus dirigentes se estrelló contra la dura realidad y terminó en una sucesión de viejos fracasos, decepciones y deserciones de muchos de sus cuadros jóvenes. Era Einstein riéndose de la tozudes humana «Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes.” Cierto, en política no hay cadáveres, ¿pero 50 años intentando lo mismo sin obtener ningún resultado no debería obligar a una profunda autocrítica?

Ahora leo, en la nota que publicaron dando a conocer la realización de su IX Congreso nacional, que su evento se «desarrolló con una profunda actitud autocrítica» y me parece excelente. No existe otra manera de abandonar el inmovilismo político y terminar con la autocomplacencia de la inacción que sometiendo todo lo actuado a las armas de la crítica. Lenin decía que la madurez de un partido comunista se mide en función a su actitud frente a la crítica, y si los camaradas de PR quieren realmente «cerrar un ciclo y abrir uno nuevo» tenían que atreverse a hacer un balance objetivo y profundo de su historia para reconocer que el sueño del partido propio hace tiempo que se ha esfumado y que hoy toca volver a los orígenes para refundar ese Partido que el Amauta concibió.

Por eso que reconforta saber que PR está decidido a «superar los rezagos del sectarismo» que corroe a las izquierdas. El sectarismo no es un problema de la militancia en abstracto, sino que es una tara, un defecto y una deformación ideológica que fue practicado por los cuadros políticos que ejercieron cargos de dirección política y que con su sectarismo hicieron retroceder la conciencia de las masas y frenaron la lucha por el socialismo.

Pero donde si creo que finalmente parece que los camaradas de Patria Roja han decidido apostar firmemente por hacer historia con mayúsculas es cuando afirman que «la unidad adquiere una categoría de principio» y que la «unidad de los comunistas adquiere primera importancia.» ¿Cómo no estar de acuerdo con esa posición?

Yo, como muchos, soy un convencido de que sin la unidad las izquierdas dificilmente podrán ser una alternativa de gobierno y poder; y no solo pienso en que necesitamos la unidad para ganar el gobierno sino en lo que vamos a necesitar después para poder ejercer el gobierno y transformar el país. Y no solo eso, sino que creo que si los comunistas no logran solucionar sus problemas de división, el socialismo seguirá siendo una quimera irrealizable. La victoria se construye sobre la experiencia de las derrotas y la base de nuestras derrotas ha radicado principalmente en ese espíritu de secta que hemos practicado con demasiado empeño durante muchos años.

La historia ha demostrado hasta la saciedad que construir el socialismo es una de las tareas más titánicas y casi imposibles de realizar, muchas revoluciones han fracasado por falta de unidad y las pocas que han triunfado ha sido por que la unidad ha primado. Así de simple.

Ciertamente para lograr la unidad de los comunistas se va a necesitar algo más que buenos deseos, se va necesitar mucha grandeza de pensamiento y capacidad de renuncia a las minucias de la vida, se va necesitar mucha imaginación y bastante realismo político, se va necesitar, como decía el amauta, que los militantes «metan sus ideas en la sangre.»

Luego de mucho diletantismo infecundo creo que finalmente ha llegado la hora de enterrar el sectarismo, de cerrar definitivamente un ciclo de derrotas y empezar uno mucho más complejo y sumamente dificil pero donde unidos podemos triunfar.

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Cambio sin transición

Por Fredy León

Creo que resulta un exceso de imaginación sostener que el simple anuncio de “adelanto de elecciones” significa que el país vive un proceso de transición. ¿Transición de qué y hacia dónde? Si bien es cierto que toda transición es producto de una crisis política, también es cierto que no toda crisis política lleva necesariamente a un proceso de transición.

Para hablar de transición tiene que haber un quiebre, una ruptura en el andamiaje político del estado y, sobre todo, tiene que surgir un nuevo consenso político mayoritario que sostenga la necesidad de cambiar el viejo status quo. La radicalidad de esos cambios dependerá de la fuerza política que dirija ese proceso. En la actual coyuntura existe, según las encuestas, una opinión pública mayoritaria a favor del adelanto de elecciones, pero no hay acción en las calles, y como sabemos, la política sin acción de masas es pura ilusión.

El Perú vivió un proceso de transición en 1980 con el regreso de los militares al cuartel y la vuelta a un sistema democrático consagrado en la Constitución del 79. Chile vivió un cambio de gobierno sin transición; Pinochet fue obligado a abandonar el gobierno pero la derecha logró mantener intactas las estructuras políticas y económicas heredadas del régimen fascista.

La actual crisis política que vive el país es una crisis en las alturas que ha sido desencadenada por el sectario enfrentamiento entre el poder legislativo y el poder ejecutivo; la causa de esta crisis hay que buscarla en la irresponsabilidad que han demostrado las derechas –en sus diferentes vertientes- al no pensar en el país y ponerse de acuerdo en un programa mínimo que garantice la famosa gobernabilidad.

Luego del triunfo de PPK, Keiko Fujimori optó por una línea de confrontación irracional e infantil con el gobierno. La actitud de Keiko estuvo más motivada por la terrible frustración personal de haber perdido -por segunda vez- unas elecciones que las tenía casi ganadas, que por supuestas diferencias programáticas con PPK. Los fujimontesinistas se dedicaron sin ton ni son a dinamitar la confianza ciudadana en las instituciones democráticas.

Keiko y PPK eran las dos caras de la misma moneda neoliberal. Sus programas de gobierno eran complementarios. PPK cayó por su oscuro pasado como testaferro del capital internacional y en su soledad política creyó que podía negociar su continuidad en el gobierno aprobando de forma rocambolesca, sin ningún sustento legal y contra la opinión mayoritaria de la población, el indulto de Fujimori.

Cuando Vizcarra asumió la presidencia a nadie se le ocurrió hablar de una transición. No hubo ningún quiebre del régimen político. Vizcarra comenzó su mandato buscando tender puentes con el fujimontesinismo en base a la continuidad de las políticas económicas y la defensa de la constitución del 92. Al inicio de su gestión Vizcarra se preocupó de demostrar que no tenía ningún inconveniente en seguir gobernando aplicando a pie juntillas los lineamientos del presupuesto aprobado por la mayoría aprofujimontesinista.

La piedra en el zapato que distanció a Vizcarra del fujimontesinismo fue el tema de la corrupción. Las revelaciones que a cuentas gotas venían apareciendo sobre el escándalo de “lava jato”, la impunidad que el congreso otorgaba a los corruptos y la actitud troglodita que mostraba la mayoría aprofujimontesinista frente al ejecutivo dinamitó la idea de un cogobierno.

En un país que carece de una cultura de pactos políticos y con una clase política que muestra poco respeto a la institucionalidad democrática, el fujimontesinismo creyó que podía construir su victoria electoral del 2021 sobre los escombros del gobierno de Vizcarra. La consigna era cuanto peor para el país, tanto mejor para las aspiraciones presidenciales de Keiko.

Por eso que el sorpresivo anuncio del gobierno de Vizcarra, de proponer el adelanto de elecciones, ha descolocado la estrategia del fujimontesinismo. Con Keiko en prisión y Kenji enfrentado con su bancada, las opciones electorales del fujimontesinismo son casi nulas.

Pero a su vez, el anuncio de Vizcarra es un acto desesperado de un gobierno precario que está más preocupado en encontrar una salida honrosa ante la amenaza permanente de ser vacado por un congreso controlado por lo peor que ha producido la política peruana que llevar adelante las reformas políticas que el país necesita y culminar ese proceso de transición a la democracia iniciada por el gobierno interino de Valentín Paniagua.

La crítica que se puede y debe hacer a Vizcarra es que el camino que eligió resulta imposible de ejecutar, no hay nada que indique que el congreso va aprobar el adelanto de elecciones.

En política los tiempos son claves. Cuando Vizcarra asumió la presidencia tuvo su oportunidad de oro para consolidar la democracia, profundizar la lucha contra la corrupción y la impunidad, terminar con la pesada herencia dejada por la dictadura, culminar el fallido proceso de transición iniciado por el gobierno transitorio de Valentín Paniagua y convocar a una Asamblea Constituyente para dejar en manos del pueblo la solución a la crisis política que se veía venir. No lo hizo, Vizcarra pensó que podía «cogobernar» junto al fujimontesinismo. Poco tiempo le duró la ilusión. Vizcarra ingenuamente creyó que la fiesta a la que el fujimontesinismo le invitó era por sus cumpleaños cuando en realidad lo que estaban celebrando eran sus funerales. Ahora el fujimontesinismo envalentonado por haber recuperado el control total del congreso espera que Vizcarra sucumba sin ofrecer mayor resistencia, y el nuevo presidente del congreso, Pedro Olaechea -el hombre de la Confiep- comedidamente se ha propuesto oficiar como el sepulturero oficial. Bajo el prurito de «la defensa de la constitución» las huestes mercenarias del congreso vienen alistando sus sables para la batalla decisiva. Vizcarra no tiene mayores opciones para cumplir su compromiso, no cuenta con los votos necesarios para hacer aprobar el adelanto de elecciones. Su dilema ahora se reduce: o se rinde ante el embate de los filibusteros o en un final épico decide cerrar el congreso y convocar al poder originario del pueblo vía Asamblea Constituyente.

La suerte está echada.

 

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Con mi congreso no te metas

Por Fredy León

Hay pánico, desesperación y desconcierto total en las huestes aprofujimontesinistas. El anuncio de adelanto de las elecciones presidenciales y parlamentarias, hecho por el presidente Martín Vizcarra, los ha dejado todo turulatos. La bankada ha quedado congelada en modus Beteta, Mulder alucina ser el Rambo criollo defensor del congreso y Heresi sueña con ser el fiel escudero de las tropas aprofujimontesinistas.

Y es que a veces, como las letras de esa vieja melodía, cuando crees que estas vivendo tus mejores momentos la vida te da sorpresas. Los fujimontesinistas aún no habían terminado de beber las últimas copas de champaña celebrando lo que hasta ese momento creían era su gran victoria y en las mentes afiebradas de sus ideólogos -Vásquez Kunze dixit- era visto ya como la antesala perfecta para ir por mas y lanzarse al asalto final del sillón presidencial, cuando atónitos vieron cómo Vizcarra les abría las puertas del abismo político. En cuestión de minutos pasaron de la euforia a la depresión total, de jugar con las ilusiones y soñar con su “presidente Olaechea” a terminar como energúmenos gritando “cárcel” para Vizcarra.

Con su anuncio Vizcarra ha tomado la iniciativa política y colocado contra las cuerdas a un congreso desprestigiado, lo peor que ha producido nuestra clase política en toda la historia republicana, y por el cual dudo que alguien se anime a derramar una lágrima si es que Vizcarra, mas por un acto de sobrevivencia política que por convicción, cumple con su promesa de convocar  elecciones adelantadas.

¿Qué ha llevado a Vizcarra a tomar esa medida radical?

El choque de poderes que vivimos es reflejo de una crisis en las alturas producto de las pequeñas ambiciones de poder, la fragmentación política y la incapacidad de la derecha neoliberal para garantizar la gobernabilidad del país. Cierto, en el país hay descontento y protesta, pero no es masiva ni generalizada ni pone en peligro la estabilidad del régimen neoliberal.

Para desdicha de algunos maximalistas virtuales que siguen esperando que el sistema colapse de manera espontánea, en el país no hay indicios reales de que vamos a una sublevación popular que terminará con el régimen del 93. Los tiempos son otros y la historia transcurre lentamente por el camino más tortuoso debido –entre otros factores- a que los actores políticos y sociales que supuestamente representan el futuro están atrapados en el pasado y se sienten cómodos esperando plácidamente que otros les hagan sus deberes. Las masas no están listas para hacer bolillos porque los panaderos se fueron de vacaciones.

Vizcarra comparte con el fujimontesinismo lo sustancial de la agenda económica neoliberal y ambos defienden la constitución del 93; lo que los separa son las disputas por administrar las cuotas de poder y la forma de enfrentar los casos de corrupción. Los tímidos intentos de lograr una cohabitación entre el poder ejecutivo y el congreso fracasaron no tanto porque Vizcarra tuviera una visión más progresista de su gobierno sino por la actitud sectaria del fujimontesinismo que pensaba que al haber propiciado la vacancia de PPK y tener mayoría en el congreso podía manejar el país a su antojo.

El congreso, de la mano del aprofujimontesinismo, poco a poco se fue convirtiendo en un hediondo lupanar, una fortaleza protectora de intereses privados y defensora de los personajes más abyectos que estaban comprometido en actos delincuenciales. El increíble informe de la comisión Bartra, la defensa a ultranza de Hinostroza, Chávarri, Mamani, Becerril, la fuga del congresista Donayre acusado de hurtar gasolina del ejército, el dispendio de los dineros destinados al funcionamiento del congreso, el uso de las instalaciones del congreso y personal administrativo para actividades partidarias del fujimontesinismo, la mediocridad de los debates, ausencia de ideas y proyectos llevaron a que la gran mayoría de la población tenga una opinión negativa del funcionamiento del congreso.

Luego de la negativa del congreso a aprobar las reformas políticas propuestas por el ejecutivo y la elección de Pedro Olaechea como su presidente, Vizcarra tenía razones de sobra para dudar sobre el futuro de su gobierno. El fujimontesinismo, al haber logrado reconstituir su alianza con la cúpula empresarial que maneja la Confiep, iba a exigir la rendición total de Vizcarra y tener vía libre para imponer las reglas de juego de las elecciones del 2021. Creo que Vizcarra sabía que en esas nuevas condiciones, donde la Confiep ha asumido un papel político muy activo, iba camino a convertirse en un irrelevante actor político. Y es que en el juego de poder  “si no estás sentado en la mesa eres parte del menú.”

No olvidemos que el poder del fujimontesinismo está fuertemente entrelazado con la actividad delincuencial de los grupos mafiosos que controlan gran parte del aparato económico y judicial del país, y para quebrar esa simbiosis hay que atreverse a vaciar el agua del estanque de los tiburones. Tarea nada facil, pues en política rige la regla de oro “si tienes poder, puedes hacer de todo.”

El grave error cometido por Vizcarra es no haber sabido manejar bien los tiempos políticos. Cuando asumió la presidencia pudo haber cambiado la historia del país, pudo haber disuelto en ese momento el congreso y convocado a una Asamblea Constituyente para solucionar la crisis que hoy le ha obligado a tomar una decisión arriesgada, de pronóstico incierto. La mayoría aprofujimontesinista en el congreso va hacer todo lo imposible para impedir que el país vaya a elecciones anticipadas. No tendrán la razón ni el respaldo popular; pero controlan el congreso, tienen los votos y muchos privilegios que defender.

La clave de la batalla que se aproxima estará en el poder de la calle. Si las fuerzas democráticas logran configurar una mayoría activa que defienda el derecho democrático del pueblo a decidir libremente el futuro del país, la mafia aprofujimontesinista -que se va atrincherar en la defensa de un congreso rechazado por la población- puede ser derrotada. Pero para eso se necesita tener claridad en las ideas y convicción en la lucha. Las grandes obras de la historia comienzan con pequeñas escaramuzas, y hoy se nos presenta una posibilidad para abrir una pequeña rendija y lograr que el pueblo peruano se reencuentre con su historia.

 

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Debate entre confesos

Por Fredy León

Si no sabes dónde vas, cualquier camino te llevará allí.
Alicia en el país de las maravilla

 

No soy militante de Patria Roja, cuando ingrese a la Juventud Comunista (1977) éramos un pequeñito grupo, algo menos que medio centenar de militantes de la jota, que a duras penas tratabamos de tener alguna presencia en el movimiento estudiantil de la Universidad San Antonio Abad controlado por Alex Bustamante y Goodofredo Mendoza, ambos militantes de Patria Roja; en ese entonces, Tany Valer, que era el máximo dirigente de PR en Cusco, ordenó cerrar las puertas del Paraninfo Universitario para impedir una conferencia a la cual había sido invitado el Embajador de Cuba en el Perú. El PC tenía una presencia importante a nivel de los empleados y docentes, en el PC militaban intelectuales de mucha valía y profesionales de amplio prestigio, tanto a nivel académico como en el plano político, difícil olvidar los nombres de “dogo” Flóres, el “puka” Willis, el “chusco” Luizar, Herbet Vidal o Marcos Arriola, por citar a unos cuantos integrantes de esa famosa célula Amauta -que fue el semillero político donde muchos jóvenes comunistas nos formamos- y que estuvo conformado por intelectuales comunistas que marcaron un hito importante en el desarrollo académico de la UNSAAC.

En esos tiempos la UNSAAC era uno de los principales centros del activismo politico, su histórico patio central fue escenario de grandes debates y la lucha por controlar los pizarrines era algo menos que una batalla épica. Como éramos un grupo pequeño -“los revis o crikos” como despectivamente nos llamaban los “maoistas”- Patria Roja nos consideraba como su principal enemigo, buscaban aislarnos, impedían que participemos en los debates y no podíamos utilizar las famosas pizarras, el principal medio de difusión política en la UNSAAC. Recuerdo que la primera vez que dejaron a un dirigente de la jota, Jesús Manya, participe en un debate, acabó con la cabeza rota y el pequeño grupo que lo secundábamos tuvimos que salir corriendo. Claro que nosotros les respondiámos con la misma moneda en el movimiento sindical. En un mitin del primero de mayo donde participaba Eduardo del Castillo, en ese entonces Secretario General de la CGTP, Goodofredo Mendoza, presidente de la FUC, terminó con la cabeza rota y los feristas (Frente Estudiantil Revolucionario) salieron huyendo de la Plaza de Armas. La guardia obrera en el Cusco se estrenó contra los feristas.

Años después, en 1991, un camarada de la Juventud Comunista fue elegido presidente de la FUC en una lista unitaria promovida por la jota -Nueva Universidad- y donde Patria Roja participaba como una fuerza minoritaria. La noche del escrutinio electoral, Guyen Hilares, dirigente del FER del Perú, fue asesinado en las puertas del Paraninfo Universitario.

Eran tiempos donde ingenuamente creíamos que el poder estaba en controlar la FDTC o la FUC y que había que destruir al enemigo para fortalecer al partido. Y el enemigo a destruir estaba en casa. La lucha en el movimiento social no era contra el enemigo de clase; era entre los revisionistas y la ultraizquierda.

Desde 1964 hasta creo mediados del 80 la historia de la izquierda comunista ha sido la historia de la pugna entre pro soviéticos y pro chinos por hegemonizar un pequeño sector de la sociedad.

PR tiene razón cuando afirman que ”El Partido es hijo de la lucha de clases, también de su tiempo. Lleva su marca…” (Tesis 77). Somos productos de un tiempo falso, del tiempo de la aguda pugna internacional entre la Unión Soviética y la China Popular, de la disputa ideológica y política entre el llamado “social imperialismo ruso” y la china de Mao a punto de dar “el gran salto” hacia el comunismo, llevamos la marca del sectarismo y la intolerancia. Y mientras nosotros utilizamos nuestro tiempo para recoger las minucias que dejaba esa disputa internacional, el país nos quedó demasiado grande…y lejano.

Traigo todo esto a colación porque a raíz de un artículo mio se ha generado un pequeño debate con algunos camaradas de Patria Roja sobre el tema de la unidad de los comunistas, y como yo he llegado al convencimiento de que resulta un sin sentido que sigan existiendo dos organizaciones que se reclaman herederos del partido fundado por Mariátegui y creo que la unidad es la mejor –y quizás la única- alternativa que los comunistas tenemos para contribuir a la construcción de una patria nueva, no puedo menos que manifestar mi acuerdo con el análisis y autocrítica que ellos hacen sobre la situación de Patria Roja “En el curso de la crisis política del último año nuestro papel fue marginal cuando debió ser protagónico” (Tesis 75), pero donde no me convence y no estoy de acuerdo son con los remedios que proponen para salir de esa situación “de años de defensiva y estancamiento” (Tesis 1) Ellos creen que por algún arte de magia finalmente van a convertir Patria Roja en ese partido que dice luchara por “el socialismo y más allá aún, el comunismo, que será obra de generaciones y enfrentará infinitud de vicisitudes” (Tesis 70)

Me parece que lo que proponen como alternativas, si así se le puede llamar a esa esperanza de encontrar su destino elegido, se reduce a un acto de fe “El Congreso llama a todo el Partido a examinar estos problemas con objetividad, espíritu comunista y voluntad de renovación, y resolverlos con firmeza.(Tesis 88). Ahí donde debería haber la audacia de plantear un camino, solo quedan llamados a la conciencia.

Revertir esa situación de crisis partidaria les va demandar tiempo y mucho esfuerzo; las grandes limitaciones que muestran creo que son una clara expresión de que ese proyecto político que surgió en 1969 para remover desde sus escombros la sociedad “semicapitalista y semicolonial” ha llegado a un nivel de agotamiento histórico, es el ocaso de una idea, el final de un camino.

El sueño del partido propio ha muerto, negarse a enterrarlo es cosa de necios, no de revolucionarios.

Y esto, no es poca cosa para un partido que desde su fundación ha estado dirigido por Alberto Moreno, y recien, luego de 50 años, acaba de descubrir que ha llegado el momento de “eliminar el culto por los cargos o perpetuarse en ellos” (Tesis 80)

Por eso, en el tema de la unidad, me cuesta entender la enorme distancia que hay entre la palabra y los hechos. Patria Roja dice que va “trabajar con honestidad y firmeza por la unidad más amplia de las izquierdas” (tesis 3) pero al mismo tiempo no muestran esa misma firmeza y convicción para forjar la unidad de los comunistas. ¿Cómo explicar esa pequeña contradicción? Queremos la unidad, pero…

Como dije al inicio, no soy militante de Patria Roja, ellos decidirán libremente su camino a seguir, lo único que hago es expresar una opinion solitaria sobre un tema que me interesa, “repensar el papel del Partido”(Tesis 76), pero como hace tiempo vengo sosteniendo, más que el destino de las siglas partidarias, a mi me preocupa el destino de la revolución socialista. Y ese destino, nos guste o no, está intimamente vinculado a la generosidad e inteligencia que muestren los comunistas en el tema de la unidad.

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