Una crisis, varias salidas

Por Fredy León

El desenlace de la actual crisis es aún confuso, estamos en un momento de impasse político donde ninguna de las fuerzas en pugna tiene, por ahora, el poder, la fuerza y la convicción necesaria para imponer una salida a la crisis que vive el Ministerio Público y que se ha ido trasladando de los oscuros tribunales a la calle. En este escenario podemos divisar 4 posibles salidas:

A. Una salida negociada entre Vizcarra y el fujimorismo, tal como Keiko insinuó en su tweet, y donde el congreso definiría los tiempos para buscar una salida honrosa de Chávarry y avanzar hacia una política de punto final, como propone De Althaus.

B. Que el núcleo bruto del fujimorismo se imponga en el congreso, declare inconstitucional la propuesta del ejecutivo, atornille a Chávarry como Fiscal de la Nación, Vizcarra acate la decisión del congreso y la crisis se patee para adelante,

C. Que Vizcarra logre su cometido, el congreso apruebe la reorganización del Ministerio Público, Chávarry sea espectorado y se devele todo el entramado de la corrupción Odebrecht,

D. Que Vizcarra cumpla su ultimatun y, ante la negativa del congreso de aprobar la reorganización del Ministerio Público, cierre el congreso y convoque a una Asamblea Constituyente.

4 escenarios posibles y donde todo dependerá de un solo factor: la actitud que asuma el pueblo. O se conforma con ser un actor secundario actuando como simple fuerza de apoyo para que la crisis se mantenga dentro de los cada vez más estrechos márgenes constitucionales o las masas asumen un rol protagónico y radicalizan sus luchas levantando sus propias banderas de cierre del congreso y asamblea constituyente.

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La triste agonía política de Alan

Por Fredy León

¿Cómo valorar la conducta política de Alan García? ¿Por lo que dice o por lo que hace?

Si fuera por lo primero estaríamos ante la presencia de un brillante estadista de talla mundial, un político impoluto que ha regenerado la nación peruana, un personaje público respetado por tirios y troyanos por su alto nivel intelectual y su conducta intachable, un presidente ejemplo de grandes virtudes, un magnifico gobernante que ha dejado una invalorable herencia a ser preservada en el tiempo por las nuevas generaciones, un lider político que en su fulgurante paso por la historia ha logrado sintetizar una increible simbiosis criolla de las mejores virtudes de esas grandes figuras de la política mundial como fueron Wiston Churchil, Mahatma Gandhi y Nelson Mandela.

Todo eso y mucho más sería “el doctor” Alan Garcia si por un momento creyeramos en su palabra. Pero la realidad suele ser más brutal de lo que uno imagina. Alan puede afirmar de todo, pero vamos, seamos honestos, estamos frente a un hábil e inescrupuloso charlatán que hasta el título de “doctor”, que gustaba utilizar, era falso.

La habilidad de Alan con la palabra va en sentido inverso con la responsabilidad de sus actos.

Alan García ya no es el imberbe mozallón de 25 años que todo irreverente irrumpió en la política peruana prometiendo un “futuro diferente”, ya no posee el privilegio de la duda; ahora carga un bagaje muy pesado y en su conciencia tiene acumulada la enorme responsabilidad de todo lo que ha destruido a su paso. Incluido su propio partido.

Alan ha ido envejeciendo con total deshonor y con el transcurso de los años su vida ha ido perdiendo completamente el sentido de dignidad, al extremo que su palabra carece de toda credibilidad y sus actos han llevado a que un 93% de la población lo rechace. Ningún otro político ha descendido hasta ese nivel.

No es odio como él afirma, creo que es lastima y pena lo que produce la enmohecida figura de Alan García.

“Nada. Nada hay de lo que deba reprocharme” les dice a los desconcertados militantes de su partido -si es que aún podemos considerar a los restos del Apra como un partido político- el personaje que no hace mucho estuvo mendigando “asilo político” por las embajadas, denunciando un imaginario “golpe de estado” o presentándose como “perseguido político.” Nada que reprocharse y ni un ápice de autocrítica; el ego es demasiado grande para quién vive con la obsesión de buscar una rendija que le permita seguir huyendo de la justicia.

Alan destruyó el componente moral de la política y vacio de contenido ético la responsabilidad de gobernar un país. Su primer gobierno fue un desastre en todo el sentido de la expresión; una espantosa mezcla de inflación, recesión, corrupción y guerra sucia. Entre su incontrolable voluntarismo, falta de coherencia en sus decisiones y excesiva ambición de poder, Alan desvastó el país, arruinó la economía de millones de familias peruanas y alentó la impunidad de los corruptos que hicieron grandes negociados con el dólar MUC, la compra de mirages, la licitación del tren eléctrico o con los préstamos del banco agrario a una tasa de interés cero. Y si no fue juzgado en su oportunidad fue gracias a que sus compañeros de partido, que controlaban el poder judicial, dejaron prescribir los delitos por los que se investigaba a Alan.

No una sino dos veces la corrupción tocó las puertas de palacio de gobierno. Pocas veces la historia fue tan indulgente con un personaje político y pocas veces ese personaje se empecinó en mostrar sus miserias morales.

Son sus actos como gobernante y el reguero de corrupción que dejó en su paso por el gobierno lo que se busca juzgar. No son sus ideas, son sus hechos los que están bajo la mira del Fiscal.

¿Qué catadura moral puede mostrar Alan, que sin inmutarse afirma que “nada hay que reprocharme”, luego de ese esperpento de espectáculo que armó en la embajada del Uruguay?

Solo el pánico a ser investigado por sus actos explica el motivo que llevó a Alan a tratar de huir del país. Y ese temor es lo que lo está llevando a soltar sus mastines para, en una acción concertada con los fujimontesinistas, intentar desprestigiar la labor del Fiscal Domingo Pérez.

Alan y Tubino emparentados en la misma campaña macabra y unidos por fuertes lazos emotivos e intereses menudos, ¿Habrá algo más expresivo de lo grotesco que representa la alianza aprofujimontesinista?

Alan García en lo único que ha demostrado coherencia ha sido en su permanente esfuerzo de evadir a la justicia. Pero hasta eso debe ser terrible para quien en su juventud tenía ambiciones de pasar a la historia como el salvador de la patria y llegó a su vejez escapando de los tribunales por los estropicios cometidos por un puñado de dólares.

Alan apareció en la política ofreciendonos un “futuro diferente” pero lo que vivimos durante sus dos gobiernos fue una pesadilla permanente. Serán los historiadores quienes juzguen la obra política de Alan, pero una cosa ya es cierta, a la historia ha entrado Alan con mal pie: quiso ser el hacedor del nuevo destino de la patria y terminó siendo un vulgar huaquero de la protohistoria.

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Bienvenido el debate

Por Fredy León

Un país progresa o bien por la lucidez de sus élites o por acción de las masas que se rebelan contra el orden vigente cuando sus condiciones de existencia se vuelven insoportables. Cuando las visiones de las élites coinciden con los intereses de las masas en estado de rebelión se produce una revolución, ese momento tan especial en la historia en el cual la lucha por el poder aparece como objetivo inmediato y donde desplazar a las clases dominantes del control del estado se convierte en tarea impostergable para transformar las viejas estructuras políticas. Y del inicial caos político, que fatalmente conlleva todo proceso de cambio social, surgirá una nueva forma de organización de la economía: los expropiadores son expropiados.

El Perú de Vizcarra está lejos de ingresar en ese momento histórico; lo que estamos viendo es algo más simple, una pugna política en las alturas, una disputa entre los defensores acérrimos del modelo neoliberal mafioso impuesto por el fujimontesinismo y el renacimiento de una derecha liberal -el famoso centro medio que encadila a los dioses en sus apacibles ocasos- que busca modificar algunas de las herencias políticas más desastrozas impuestas en los tormentosos tiempos donde reinaba el fujimontesinismo, que si sobrevivieron fue gracias al inmovilismo en que se sumergió la sociedad luego de la huída de Fujimori al Japón.

Las medidas propuestas por Vizcarra son una continuación, a ritmo lento y sin un horizonte definido, de ese interrumpido proceso de transición a la democracia iniciado por Valentín Paniagua, pero con una pequeña diferencia que marca el momento político que vive el país: las principales batallas políticas se están librando en los tribunales de justicia que peligrosamente aparecen como si fueran una segunda cámara deliberativa; el congreso ha quedado fuera de juego y entrampado en sus cuitas internas y en las calles el silencio indiferente de las masas es desolador. ¿Dónde están los que protestan?

En esas circunstancias concretas ¿qué hacer? ¿Oponerse a los cambios? ¿Convertirse en vizcarrista? ¿Apoyar las medidas levantando un proyecto propio? ¿O quedarse contemplando hasta que las aguas se clarifiquen?

Los aprofujimontesinistas lo tienen claro: Vizcarra se ha convertido en su principal enemigo. De ser una oposición destructiva han pasado a ser una oposición rabiosa que tiene sangre en los ojos, y si fuera cierto lo que sus voceros anuncian, estarían a medio paso de irse al monte. Si no lo hacen, es porque simplemente no tienen convicción y carecen de todo valor. Alan representa mejor que nadie esa cobardía política.

Los aprofujimontesinistas viven momentos de derrotas y grandes confusiones; su efímera mayoría política conquistada en el congreso se ha esfumado, sus votantes les han abandonado y sus máximos líderes, Keiko y Alan, (87 y 93% de rechazo. Ipsos) se dirigen a paso presuroso rumbo al museo de antiguedades. El futuro de esa alianza mafiosa huele a cadáver insepulto.

Vizcarra se está mostrando como un eficiente operador político que de la nada ha construido un importante poder personal. El presidente tiene la iniciativa política y define la agenda del país, goza de una alta popularidad, y no precisamente por el manejo de la economía, sino porque en menos de 6 meses ha desarticulado el poder mafioso que el aprofujimontesinismo tenía en el congreso.

Con el referémdun Vizcarra ha logrado un importante triunfo político arrinconando a la mafia que ha quedado como el rey desnudo; ahora con el anuncio de la formación de una “comisión de notables”(Tuesta, Tanaka, Campos, Muñoz y Bensa) que elaboraran las propuestas para -¿vía otro referémdun?- definir el contenido de las anunciadas reformas políticas de segunda generación, ha decretado, en la práctica, la muerte política del congreso.

Que el congreso haya quedado al margen de la discusión sobre las reformas políticas y su lugar lo ocupe una comisión de notables, digitada por el presidente, expresa la nueva correlación de fuerzas que se ha impuesto en el país. Podemos estar de acuerdo o no con esa decisión o con los integrantes de esa comisión, pero lo que no podemos hacer es desconocer ese dato de la realidad: el congreso, en lo que queda del mandato presidencial, será un elefante blanco.

En esas circunstancias, el debate sobre el contenido político de las reformas puede dinamizar a esa parte de la sociedad que no se sentía representada en el congreso y que lucha por el cambio integral del modelo neoliberal. No olvidemos que la primera batalla que ganaron las revoluciones triunfantes fueron la batalla de las ideas.

Tres temas deberían ser los ejes centrales de ese debate sobre las reformas políticas: el tipo de estado; nueva constitución y nuevo modelo de desarrollo económico.

Son tres aspectos que están íntimamente vinculados y que, si realmente se desea terminar con la nefasta herencia mafiosa del regimen fujimontesinista, deberían ser abordados en su globalidad.

Ese estado neoliberal, que a decir de Martín Tamaka “…aparecía como un campo de desarrollo potencial de intereses burocráticos, que interactuaban con políticos y grupos de presión, que representaban intereses electorales y particularistas, respectivamente; (y donde) los ciudadanos comunes quedaban sin capacidad de expresarse de manera organizada” (El regreso del Estado y los desafíos de la democracia. Tanaka 2005) surgido de la constitución del 93 ha fracasado: el infalible dios mercado, elevado al altar de lo intocable por esa constitución fallida, no cumplió con el objetivo de cohesionar a la nación peruana.

Hoy tenemos no solo un estado más debil (“…el estado se ha encogido y, de su debilidad, se recupera muy lentamente, a una velocidad que no es acorde con las presiones y conflictos sociales de un crecimiento sin igualdad de oportunidades, con desigualdad de ingresos y pobreza, generados por el propio ajuste estructural.” Gonzales de Olarte 2006) sino también una nación fragmentada y con una serie de conflictos irresueltos: el fundamental, la situación de pobreza y marginación que socava las bases mismas de la convivencia en una “sociedad cuya mitad está por debajo de la línea de pobreza.” (Gonzales de Olarte 2006)

El estado neoliberal ha devenido en un estado ineficiente, corrupto, (“la corrupción no es tanto consecuencia de una crisis de valores, sino del colapso del Estado ocurrido en las últimas décadas.” Tanaka, idem) sometido a intereses económicos de pequeños grupos de poder que no garantiza los derechos mínimos -salud, trabajo, educación, vivienda y seguridad- para las grandes mayorías.

El dilema que la historia le plantea a Vizcarra es reformar o transformar ese estado neoliberal. Reformar es intentar prolongar la agonía del cadaver, es creer ingenuamente que manteniendo intacto las bases económicas del libre mercado y retocando la constitución del 93, el estado neoliberal puede asumir los razgos de un estado regulador que, desde una eficiencia en el funcionamiento de sus instituciones, se convierta en el famoso contrapeso político que corrija las supuestas imperfecciones del mercado.

La crisis de ese estado neoliberal es integral y ha llevado a la sociedad a un punto muerto; la corrupción, la crisis de representación y las grandes desigualdades que el modelo económico ha profundizado durante la llamada “media década perdida” han creado las condiciones para saldar cuentas con el pensamiento único y buscar nuevos horizontes que nos permita transitar hacia un estado redistributivo que tenga como finalidad disminuir las grandes injusticias y desigualdades sociales, garantizar el desarrollo sostenido de la economía, darle nuevo sentido al concepto de democracia (“no habrá democracia “verdadera” mientras haya altos niveles de pobreza, de exclusión social, no haya una mejor distribución de la riqueza, es decir, mientras no haya cambios sustantivos.” Tanaka idem) estimulando la creación de ciudadanos productores (“la conquista de la ciudadanía social” Tanaka, idem) que contribuyan de manera activa al proceso de creación de la riqueza nacional y donde la promoción del bien común sea el principio fundamental del nuevo estado.

Reformar el estado neoliberal es visto por los centristas como un fin en si mismo. Eso significa mantener intacto el marco jurídico que regula toda la actividad del estado y abocarse únicamente a perfeccionar el “aparato del estado” reduciendo los temas de debate a aspectos colaterales como son la ley de partidos políticos, modificación de la ley electoral, eliminación del voto preferencial, regulación de la inmunidad parlamentaria y hacer más eficiente el funcionamiento del congreso, etc.; es decir, medidas que a lo mucho apuntan a reformar los aparatos del estado neoliberal eludiendo abordar el tema central de la constitución y dejando intacto el punto más importante del funcionamiento de todo estado “la sociedad económica.”

El debate sobre las reformas políticas que se anuncian tiene sentido si se convierte en un medio para promover el bienestar común y garantizar los derechos políticos y económicos de todos los ciudadanos y no solo los privilegios de las élites. Por esa razón, las fuerzas de izquierdas deberían tomar la iniciativa y convertirlo en un gran debate nacional. Hay que sacar las ideas de las cuatro paredes y llevarlo a las calles y plazas para que con la fuerza del pueblo definir cómo deben ser los cambios a impulsar en “la sociedad civil, la sociedad política, el Estado de Derecho, el aparato del Estado y la sociedad económica” con el objetivo supremo de avanzar en la construcción de un país más justo, solidario, democrático y con bienestar para todos.

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Las derrotas del PC

Por Fredy León

No me anima ningún acto de animadversión contra el PC ni deseo que la profunda crisis que arrastra, desde hace un buen tiempo, lleve a la desaparición al viejo partido fundado por el Amauta José Carlos Mariátegui, el más grande e importante pensador político del Perú contemporáneo; además, tengo grandes amigos que militan en ese partido y creo que los trabajadores y el país necesitan un PC fuerte y con ideas claras.

Digo esto porque las críticas que suelo hacer a sus erráticas posiciones son respondidas, las más de las veces, con el hígado y el corazón caliente, ahí donde lo que deberían primar son las neuronas y el cerebro frio.

Soy de los que creen que el debate político es el oxígeno que mantiene vivo a una organización comunista. Solo a través del intercambio dialéctico de ideas y argumentos se puede elaborar una correcta línea política y fortalecer la conciencia de los trabajadores para avanzar en la dura y complicada lucha por el socialismo.

Desde las remotas épocas en que surgieron las primeras organizaciones de comunistas, el debate político fue nuestra principal señal de identidad, y por medio de la confrontación de ideas, los nobles ideales comunistas fueron ganando presencia en la conciencia de los trabajadores. Por eso muchos historiadores afirman que la imprenta constituyó la principal arma de lucha de los comunistas.

Marx, Engels, Lenin, Rosa Luxemburgo, Gramsci, Mariátegui y Fidel fueron grandes teóricos, excelentes polemistas y extraordinarios políticos con una amplia cultura y una sólida formación intelectual que nunca tuvieron miedo al debate ni a la crítica. Todo lo contrario.

Mariátegui en la presentación de Amauta, una de las mejores revistas de todos los tiempos, sostuvo con toda claridad “Nos sentimos una fuerza beligerante, polémica. No le hacemos ninguna concesión al criterio generalmente falaz de la tolerancia de las ideas. Para nosotros hay ideas buenas e ideas malas.”

¿Cómo diferenciar una idea buena de una idea mala? Por medio de la práctica. Para los que nos definimos como marxistas, la práctica constituye el único criterio de la verdad.

Uno puede creer con toda seriedad, por ejemplo, que el ser humano puede volar. Esa es, seguramente, una idea que muchos compartirían con buena voluntad. Y para demostrar, si esa idea es correcta o equivocada, basta con subirse al segundo piso de una casa y saltar al vacio. Luego de darse contra el suelo, no creo que queden argumentos -y huesos- íntegros para seguir pensando que era una buena idea afirmar que el hombre podía volar. La práxis es la que marca con fuego la diferencia entre lo correcto y lo falso de toda hipótesis.

Lo mismo sucede en política. Es la práctica concreta de un partido lo que divide las aguas entre lo que significa tener una táctica correcta o sostener una posición equivocada.

En el caso concreto del PC tres son los elementos a tomar en cuenta para definir si su táctica es correcta: uno, que exprese una definida posición de clase; dos, que su línea política ayude a fortalecer la conciencia, organización, unidad y vocación de lucha de los trabajadores y; tres, que su accionar concreto permita acumular fuerzas para derrotar al adversario de clase.

Hemos venido sosteniendo desde hace tiempo -y por ese motivo fuímos expulsado- que el PC no tiene un proyecto estratégico revolucionario y su táctica política divaga al remolque de la coyuntura. El PC es un partido que ha perdido el ritmo de los tiempos nuevos y sus escazos militantes sobreviven de la nostalgia pasada.

Esto no es culpa de la actual dirección; es un problema que surgió en la etapa final de del Prado, se incubó en los tiempos de Raffo e hizo crisis total cuando un improvisado y anodino personaje asumió la secretaria general del PC llevando al partido a una de las etapas más nefastas de su historia, solo comparable a ese vergonzoso periodo vivido luego de la muerte de Mariátegui, cuando su sucesor, Eudocio Rabinez, impuso una línea capitulacionista de derecha. Aunque claro, en esos tiempos el PC era una fuerza política de masas beligerante, hoy no llegan a ser algo más que un club de amigos.

Como el PC carece de una estrategia revolucionaria, entonces pasan con una facilidad increible de defender una línea oportunista de derecha a una posición infantilista de izquierda.

Es lo que ha sucedido con la increible posición asumida por la dirección del PC frente al referéndum, donde optaron por defender una posición en base a fundamentos seudo legalista dejando de lado olímpicamente el análisis político de lo que implicaba ese enfrentamiento entre el poder ejecutivo y el legislativo y que finalmente logró arrinconar y derrotar masivamente a la corrupta alianza aprofujimontesinista.

Lo realmente importante del referéndum, es que gracias a la campaña por el “sí, sí, sí, no” se ha ido configurando un nuevo estado de ánimo en la ciudadanía que tiene como su mejor expresión el amplio rechazo popular a las figuras de Keiko y Alan. Ahora la gran tarea política es transformar ese nuevo estado de ánimo en conciencia política organizada para desplegar nuevas batallas contra las políticas neoliberales del gobierno de Vizcarra y por una nueva constitucion.

No haber entendido el contenido político de esa lucha librada alrededor del referéndum ni distinguir cuál es la contradicción principal de la actual coyuntura, ha llevado al PC a aparecer como un partido inmovilista que actuó como furgón de cola del aprofujimontesinismo.

Lenin definía el infantilismo de izquierda como esa corriente política que elabora su táctica confundiendo los deseos con el análisi concreto de la realidad. Una de las principales características del infantilismo es plantearse tareas que están lejos de sus posibilidades y que no responden a la situación concreta del movimiento popular.

Es lo que sucede con el PC y sus famosas batallas de consignas, desde el hartamente manipulado “que se vayan todos”; “elecciones generales, ya”; “formar comités de salvación de la patria”; “impulsar asambleas populares”; “cierre del congreso” etc. consignas de apariencia radical pero en esencia conservadoras por que no responden al momento político, no llegan a movilizar a las masas y menos el PC tiene la fuerza como para hacerlo realidad. Y como sabemos, quien vive de ilusiones muere de decepciones.

Yo espero sinceramente que la derrota sufrida por los 7 de Castilla en el referéndum sirva para que los militantes del PC evaluen seriamente el momento que viven y enmienden rumbos. No hay manera de justificar tremenda insensates de haber llamado a votar por opciones defendidas únicamente por la mafia y haber desgastado las pocas fuerzas y credibilidad que aún le quedan al viejo PC priorizando las supuestas diferencias y poniendo excesivo énfasis en lo que les separa de las demás fuerzas de izquierda, cuando el tema de la unidad de las izquierdas sigue siendo una tarea pendiente.

Si el PC no se atrave a procesar una profunda, serena y radical autocrítica, me temo que sus días como partido revolucionario están contados. Y es que como diría el gran Gabo, las especies condenadas a cien años de soledad no merecen una segunda oportunidad.

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Una batalla concreta: SI, SI, SI, NO

Por Fredy León

Los comentarios son libres pero la realidad es sagrada, y esa realidad indica que la contradicción principal en este coyuntura, surgida luego de haber sido divulgado los audios y conocido el modus operandi de Odebrecht, es entre corrupción o moralización, entre impunidad o justicia. Todo lo que ayude a la lucha contra la corrupción y la impunidad debe ser apoyado sin vacilación alguna.

Y el referéndum, con todas sus limitaciones, tiene la virtud de delimitar con claridad los campos políticos: por un lado las fuerzas inmovilistas formada por la alianza aprofujimontesinista que llaman a votar por el no y por otro lado un conjunto de diversas fuerzas que apoyan las propuestas del gobierno y llaman a votar SI, SI, SI, NO. Si triunfan los primeros habrá un retroceso total en lo poco que se ha avanzado para lograr que Keiko y Alan respondan ante la justicia. Si triunfan los segundos será un importante impulso en la ardua tarea de desmontar la mafia que maneja la justicia peruana, hacer mas transparente la financiación de los partidos políticos y jubilar a esa corrupta y mediocre clase política enquistada en el congreso.

Significa que luego del referéndum se solucionarán todos los problemas del país. No, pero lo que puede pasar si pierde la mafia, es que podemos entrar a un proceso de sinceramiento de la política donde la contradicción fundamental de este periodo, que se manifiesta entre cambio -nueva política económica, nueva constitución- o continuismo neoliberal, pase a ser tambien la contradicción principal tras la cual se dividan las aguas de la política nacional, tal como se vio en la votación del presupuesto de la república.

El referéndum es una batalla concreta que se libra bajo los estrechos parámetros del régimen neoliberal, por que simplemente los partidos que luchan por el cambio no tienen la fuerza ni el poder para modificar las correlaciones de fuerzas que predomina en el país.

La experiencia nos enseña que modificar esa correlación de fuerzas solo se puede lograr por medio de la lucha política concreta junto a las masas, aunque por ahí existen algunos ilusos que creen que la política se reduce a una esteril batalla de consignas y algún otro ingenuo que afirma que lo principal de la política es ser original, aunque eso pase por refugiarse en posiciones inmovilistas que solo fortalecen a los grupos corruptos.

Como diría Marx, estamos en un momento concreto donde cada paso del movimiento real vale más que una docena de proclamas.

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Los comunistas desubicados

Por Fredy León

Creo que el reducido grupo de dirigentes comunistas, que llaman a votar por el no, son los únicos que no se dan cuenta del momento político que vive el país. La miopia que están demostrando con esa posición, es la típica conducta de esos timoratos que reducen la acción política revolucionaria a ese vano esfuerzo de querer adaptar la sinfonía heroica al sonido melífluo de dos flautas para el disfrute de los eternos diletantes.

Y es que en tiempos donde a los comunistas se exige claridad de ideas, sus dirigentes que solo conocen las derrotas se muestran incapaces hasta de esbozar una propuesta seria frente a un tema tan puntual como el referéndum.

No digo que esta somnífera campaña que vive el país hubiera sido usado como pretexto para movilizar a las adormecidas masas, o bajo la sabia conducción de esos dirigentes comunistas para visualizar un horizonte político y mostrar el camino estrategico a seguir con la idea de avanzar en la lucha contra el neoliberalismo; sino que por lo mínimo, el tema del referéndum debió haber servido como el motivo ideal para aislar a la alianza aprofujimontesinista que, en esta coyuntura política desfavorable a su hegemonía, eran los únicos que apostaban al inmovilismo total con el claro propósito de revertir lo poco que se ha logrado en la dura lucha contra la corrupción.

Ahora no están tan solos. Tienen la compañia de los comunistas.

Si reducimos el contexto político y tomamos el referéndum como una simple disputa “interburguesa”, como hacen los muy distinguidos dirigentes comunistas para justificar su suicidio político, veremos que en ese estrecho escenario tampoco resulta lo mismo que gane el si o el no.

Un triunfo del no, no es una derrota del gobierno, es una derrota de esa parte sana de la sociedad que, hastiado de la corrupción y la mafia aprofujimontesinista que controlan el congreso y defienden al cuestionado Fiscal de la Nación, viene luchando para limpiar los sucios establos de la institucionalidad estatal y llevar a los corruptos ante la justicia. Un triunfo del no sería una derrota de consecuencias fatales para personajes, como el Fiscal Domingo Pérez o el Juez Concepción Carhuancho, que se atrevieron a enfrentar, con las leyes en la mano, a la corrupta mafia aprofujimontesinista. Una derrota de los que promueven los cambios en la forma de designar a los miembros de la magistratura nacional y tener reglas claras sobre la financiación de los partidos políticos sería, sin lugar a dudas, un ansiado triunfo político de Keiko y Alan que verían en ello la mejor manera para exculpar sus pecados y presentarse como los triunfadores morales de ese proceso plesbicitario promovido por Vizcarra.

Pero también, en una visión integral de la actual coyuntura, la idea de promover el voto por el no carece de todo sustento político y confunde a los confundidos. Decir que el referéndum no tiene sentido porque solo aborda aspectos superficiales y deja el tema de la constitucion en foja cero, es embrollar la política y no diferenciar lo urgente de lo esencial.

Seamos claros. Los que promovemos una nueva constitución somos minoría y no tenemos la fuerza política para generar en el país un proceso constituyente, por el momento. No asumir esa realidad es trasladar la política a los fumaderos de opio y soñar con realidades fantasmagóricas. Para ir a un periodo constituyente necesitamos cambiar la correlación de fuerzas. Sí, sin una correlación de fuerzas favorables, la lucha por una nueva constitución no pasa de ser una mera consigna y los llamados a formar “comités de salvación nacional” o “comités de asambleas populares” pura demagogia hueca y barata.

¿Cómo construir una nueva correlación de fuerzas? En la lucha política. Y el referéndum, con todas sus limitantes, es la lucha política más importante en la coyuntura actual, no porque solucionará los problemas del país, sino porque va configurar un nuevo escenario político. De las ánforas del 9 de diciembre va surgir, o bien, una nueva correlación de fuerzas favorables al cambio, o en el peor de los casos, veremos resurgir de sus cenizas, más envalentonados y autoritarios, a la alianza aprofujimontesinista.

¿Dónde radica entonces la importancia política del referéndum? En la correlación de fuerzas que se puede configurar luego del 9 de diciembre. Para comprender eso se necesita tener una visión integral del conflicto político y no una mirada parcial de la coyuntura.

Una derrota de la alianza aprofujimontesinista, que se oponen a los cambios propuestos por el gobierno, significaría aislarlos cada vez más en la sociedad, colocarlos a la defensiva política y, tal vez lo más importante, si se aprueba la modificación de la magistratura nacional sería como un misil bajo la línea de flotación que hundiría el precario poder que aún mantiene el Fiscal de la Nación, última barricada legal que ampara a los corruptos.

No ver esas consecuencias políticas que ocasionaría el triunfo del si en el referéndum es no entender el sentido de los cambios que se están produciendo en los estados de ánimos de la sociedad y no calibrar el importante apoyo moral que significaría para la labor del fiscal y el juez.

Si no puedes tomar por asalto la fortaleza, por lo menos tienes que mantener el asedio y no dar tregua a las fuerzas sitiadas. Este no es el momento ni la ocasión para tomar la fortaleza, pero si es la hora para golpear, debilitar y generar desánimo en las fuerzas oponentes.

Con el referéndum son los corruptos los que están sitiados y arrinconados en el congreso y la fiscalía de la nación. Pero nuestros queridos dirigentes comunistas, con su llamado a votar por el no, lo que están haciedo, en la práctica, es ayudar a los corruptos a que, con un hipotético triunfo del no, establezcan un corredor sanitario para recuperar posiciones, reagruparse y luego romper el cerco político, impuesto por la sociedad, lo que les permitiría oxigenar y ganar tiempo para reconstruir sus fuerzas con miras al 2021.

Imagino que Alan y Keiko deben estar felices con esa posición claudicante de esos dirigentes comunistas que llaman a votar por el no en el referéndum del 9 de diciembre.

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Althaus contra Althaus

Por Fredy León

Los escribas de la derecha son un caso digno de análisis tanto para los sicólogos como para los profesores de ética; y es que no solo carecen de honestidad intelectual sino que tienen la memoria corta. Esta desvencijada élite intelectual anda peleada con la verdad, creen que el pueblo está compuesto por una sarta de “imbéciles” al que se le puede decir cualquier cosa y, desde el monopolio que tienen sobre la comunicación, se han acostumbrado a manejar un discurso diferente según amerite la ocasión.
 
Para ejemplo tomemos dos artículos de Jaime de Althaus, uno escrito en junio del 2014 sobre el caso de Gregorio Santos (https://lampadia.com/opiniones/jaime-de-althaus/era-por-la-plata/) y el otro escrito el día viernes 23 de noviembre del 2018 sobre Alan García (https://elcomercio.pe/politica/hay-persecucion-politica-peru-jaime-althaus-noticia-580420)
 
Veamos que decía en el 2014 Jaime de Althaus sobre la presunción de inocencia en el caso de Santos:
 
– “Gregorio Santos, el luchador social, el defensor de las comunidades, el paladín del agua era, según la acusación fiscal que recoge el testimonio de colaboradores eficaces y reúne diversas pruebas, un ladrón.”
 
Y esto es lo que escribe en el 2018
 
– “A la cúpula (de FP N.d.R.) no se le ha iniciado aún investigación preparatoria y menos aún se le ha acusado, pero ya purga precondena de tres años de cárcel. Y la que hubiera sido candidata con posibilidades es ya cadáver político. La presunción de inocencia es la primera víctima.”
 
Así pensaba Althaus sobre la crimininalización de la política en el 2014
 
– “Pero la estrategia de Patria Roja y de su socio Marco Arana ahora es victimizarlo, para convertir al acusado por sus delitos en un perseguido político, al delincuente en un justiciero ambiental.”
 
Y esto sostiene hoy
 
– “En el Perú no hay persecución política. Lo que hay es algo más sutil y letal a la vez: criminalización política, ajusticiamiento mediático-judicial de partidos políticos. (…) el ex presidente seguramente teme que se le apliquen los procedimientos de la justicia plebiscitaria.”
 
Sobre la labor de la prensa una cosa decía Althaus en el 2014
 
– “Veremos ahora si esas radios (Se refiere a emisoras locales de Cajamarca, Bambamarca y Celendín que dice acallaban toda denuncia contra Santos N.d.R.) se mantendrán alineadas con la mentira y se declararán cómplices de la corrupción, o empezarán a difundir los cargos contenidos en la acusación fiscal que revelan quién era realmente el señor Santos.
 
Y otra muy distinta defiende hoy día
 
– “…se expone públicamente todos los días por la televisión de qué manera un partido político se “organiza criminalmente” para cometer algo que no es delito. A fuerza de presentar día a día testimonios nuevos y agravantes, la impresión que queda en la opinión pública es que, efectivamente se trata de una siniestra organización criminal dedicada al lavado de activos, por más que tal cosa no exista.(…) Está en una justicia que se ha vuelto plebiscitaria y poderosamente arbitraria (…) Es la justicia popular que se está tragando a casi toda la clase política.
 
No es que Althaus haya cambiado, sino que es de esos intelectuales de derecha que se rigen por la regla de oro de los comodines: “Que tu mano izquierda nunca sepa lo que tu mano derecha escribe.”
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