Empate estratégico

Por Fredy León

A mes y medio del gobierno de Dina e inicio de las protestas estamos frente a un claro equilibrio de fuerzas, la dictadura no puede gobernar el país y el movimiento popular no tiene la fuerza necesaria para derrotar a la dictadura. El conflicto tiene para rato.

En terminos marxistas en el país se está configurando a pasos agigantados una situación revolucionaria, los de arriba no pueden seguir gobernando tranquilamente y los de abajo ya no aceptan seguir gobernados por una élite, lástima que en estos tiempos donde lo imposible puede ser posible no exista una vanguardia política que dirija esa lucha contra el viejo poder decadente. Mientras la historia avanza velozmente, los residuos que quedan de los partidos de izquierda solo atinan a sacar tímidamente su cabeza para ver si ha dejado de llover.

La fortaleza de la dictadura radica en la unidad política que vienen mostrando las fuerzas de la ultra derecha que lograron alinear al poder ejecutivo, legislativo, fiscalia, poder judicial, tribunal constitucional y cúpula militar y policial en la defensa de la dupla Dina-Otárola y tienen el apoyo unánime de la Confiep y el conglomerado de medios de comunicación.

El lado débil de este bloque de poder radica saber hasta qué punto las fuerzas policiales y militares podrán resistir el tremendo desgaste y repudio generalizado que ha desencadenado en la sociedad su accionar y defensa de la dictadura. Los gritos de asesinos; no eres policía, eres asesino; el creciente rechazo a los que portan un uniforme manchado con sangre y la quema de varios puestos policiales en algún momento deberá obligar a la cúpula policial y militar a hacer un balance de su actuación y evaluar si vale la pena defender a un poder enquistado en el aparato estatal y usar sus armas contra la sociedad y los ciudadanos a los que hipotéticamente deberían servir.

El viejo dilema sobre la policia, estar al servicio del estado o de la sociedad, ha vuelto a aflorar. Se va necesitar una profunda reforma de las fuerzas policiales, limpiar de todo pensamiento racista y sancionar a los malos elementos que enlodaron el ya vapuleado prestigio de esa institución, para que la sociedad puede tener un mínimo de confianza en los hombres y mujeres que portan ese uniforme y al cual la sociedad les confía la enorme responsabilidad de portar armas.

Por el lado del movimiento popular sus debilidades siguen siendo las mismas que desde hace un tiempo venimos señalando: bajos niveles de organización, alta fragmentación social, nula coordinación nacional y ausencia de líderes que asuman la conducción de este movimiento. Ningún movimiento popular ha podido triunfar en esas condiciones de precariedad y espontaneismo de sus luchas, por más heroicas y valerosas que sean.

Si el movimiento popular no logra superar sus límites que viene mostrando, veo muy complicado que pueda resistir una lucha que se va prolongar. La derecha tiene la ventaja que controla el poder del estado y posee el mando sobre las fuerzas represivas que cobran puntualmente sus salarios y reciben una bonificación especial por disparar bombas lacrimógenas y meter bala a la población civil.

Es cierto, Dina no puede salir de palacio y el país está aislado, no puede participar en ningún evento internacional, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos lo tiene bajo vigilancia especial y la economía ha empezado a sentir los efectos negativos de un mes de conflictos, pero mientras todavía tenga el apoyo de los militares puede dormir con un ojo abierto.

La única manera de romper este equilibrió y lograr la renuncia de Dina, de obligar al congreso que elija un gobierno de transición, adelante la fecha de las elecciones y convoque al referéndum solo puede conseguirse con más organización, con más unidad política y social y con nuevos y mejores liderazgos populares.

Se necesita de manera urgente avanzar hacia la formación de un comando nacional unitario de lucha que aglutine a todas las fuerzas sociales y políticas para pasar a la ofensiva y, con las masas movilizadas, obligar a que Dina renuncie.

Esta lucha ya no es solo de razones y buenas voluntades, es de fuerzas y voluntades movilizadas en busca de un objetivo común: la ultra derecha quiere consolidar su dictadura e imponer la paz de los cementerios, el pueblo intenta recuperar la patria y avanzar hacia un verdadero proceso de democratización del país donde, como estipula la actual constitución, el poder emana de la voluntad libre y soberana del pueblo.

Las cartas están sobre la mesa: dictadura o democracia.

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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