Un mes

Por Fredy León

¿De quién es el Perú? ¿De las instituciones o del pueblo? Para la derecha el país es propiedad de las instituciones, por eso defienden la legalidad de la decisión tomada por un congreso desprestigiado, justifican el accionar represivo de la policia, apoyan la brutal intervención de los militares en un conflicto político entre civiles y califican a los ciudadanos que protestan como una «turba de vándalos y terroristas» sin derecho a expresar libremente sus opiniones políticas.

El gobierno de Dina constitucionalmente es legal pero no tiene legitimidad política. La legalidad le dieron las instituciones controladas por la derecha; la legitimidad de un gobierno solo puede otorgarlo el pueblo.

Dina habla de diálogo pero reprime violentamente las manifestaciones que espontáneamente se producen en casi todo el país, y que ha cobrado 30 muertos debido a la intervención de los militates. Si el nuevo régimen deseaba realmente dialogar ¿por qué los congresistas no fueron a dialogar a sus lugares donde fueron elegidos y explicar a los ciudadanos las razones de sus decisiones? El congreso tiene pánico a dialogar con sus electores y en vez de diálogo piden bala y plomo.

Según la constitución el poder del estado emana del pueblo, y no de las instituciones por más democráticas o legítimas que sean. Luego de la vacancia de Castillo lo saludable hubiera sido convocar a nuevas elecciones en el más breve plazo posible. No se necesitaba ser un genio para darse cuenta que el desprestigio del congreso es casi unánime y que la polarización que vive la sociedad iba llevar el conflicto político a un nivel violento.

Pero la derecha, en su extrema ambición de poder y desprecio absoluto por la opinión del pueblo, creían que Lima era el Perú, los medios de comunicación representan a la opinión pública y con la represión policial podían controlar el desborde social. Se equivocaron y en su ceguera política convirtieron el país en un enorme polvorín a punto de explotar.

La crisis se ha tornado extremadamente violenta y el gobierno de Dina se ha metido en un callejón sin salida donde la militarización del país y la violencia contra el pueblo aparece como su única opción.

La situación es grave. Tarde o temprano Dina y Otárola van a terminar en la carcel, pero lo realmente grave es que la crisis está destruyéndonos como país, la muerte sobrevuela el territorio patrio y cada vez son pocas las posibilidades de mantener la convivencia pacífica.

En momentos de crisis se necesita grandeza de espiritu para encontrar un camino que impida que el país termine explotando. Hace tiempo venimos sosteniendo que de esta crisis podemos salir apelando a los votos y permitiendo que el pueblo decida de manera libre y soberana qué tipo de país desean para vivir.

Aún estamos a tiempo. Vamos a un referéndum y que el pueblo decida.

El otro camino, al que está aferrado Dina, es muerte y destrucción.

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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