Repartija del poder en un gobierno de truhanes

Por Fredy León

Mientras esperamos que el congreso cumpla con ratificar la fecha del adelanto de elecciones (¿Honrarán su palabra?), la vieja y corrupta casta política, que con la doña han vuelto al gobierno, están manejando el país como siempre lo hicieron: repartiéndose el poder entre sifirinos de la misma camada, festinando trámites, aprobando barbaridades, acomodando las leyes de acuerdo a sus oscuros intereses, comprando el silencio cómplice de los medios y cuidando sus espaldas gracias al poder de los fusiles que son el sustento real de toda dictadura.

Si Castillo fue un político ingenuo que no conocía como funcionaba el pesado aparato burocrático, su gestión estaba plagado de improvisación, actos de corrupción e informalidad y sus actos controlados al milímetro por una prensa venal dispuesta a armar un escándalo nacional ante el más pequeño error, Dina la dictadora ha llegado al gobierno con una jauría de lobos hambrientos de poder, dispuestos a controlar todo y hacer lo que se les venga en gana sin que la prensa se escalde.

Los hombres y mujeres de la doña dicen ser honorables doctores, gente letrada y con apellidos compuestos, pero en ese mundo del poder, supuestamente basado en el conocimiento de leyes, reglamentos y respeto a la voluntad mayoritaria, se mueven como esos taimados tiranosaurios en un jardín de flores, destruyendo todo lo que está bajo sus pies y gobernando en base a pillerias, chanchullerias y absoluta falta de transparencia.

Para comenzar, nadie sabe con quién diablos negoció Dina la designación de Pedro Angulo, un neófito e intrascendente personaje de pacotilla, como su efímero primer ministro y que solo sirvió para extender las alfombras rojas por donde desfilaron las bayonetes llenas de sangre que se instalaron en palacio, ni a quienes consultó Dina para nombrar a los miembros de su gabinete, aunque todos presumimos que los ojos, oídos y puños de la doña son la chika, López Aliaga, Acuña, El Comercio, la Confiep y la cúpula militar.

En esa línea de hacer lo que quieren se inscribe esa aberración política propuesta por Dina para repartirse el poder entre los que urdieron la vacancia de Castillo. No es pura ignorancia sino es la sensación de impunidad y saber que tienen todo el poder lo que ha llevado a Dina a pedir que se nombre al presidente del congreso para que asuma la presidencia del país en caso de ausencia -temporal o total- de Dina, propuesta que ha escandalizado hasta sectores de la misma derecha preocupados por mantener las formas para ejercer el poder sin resquicios de ninguna naturaleza ilegal y le han enrostrado al ejecutivo que «en el derecho público lo no permitido es prohibido»

La propuesta inconstitucional que Dina elevó al congreso para su aprobación es todo un escándalo mayúsculo y en un país democrático sus autores serían inmediatamente sancionados, apartados de sus puestos y juzgados por pretender violentar el ordenamiento legal, desconocer el principio elemental de división de poderes y usar de manera arbitraria e indiscriminada el poder político para beneficio propio. Pero en dictadura todo es posible, es la razón de la fuerza la que impone su voluntad al país.

Y en ese nuevo país de Dina todo está patas arriba, manchado de sangre, con fuerte olor de revanchismo político y una brutal campaña mediática de terruqueo a diestra y siniestra para negar los derechos políticos del pueblo. La derecha ve con mucho temor las nuevas elecciones y entre el gobierno y el congreso han puesto en marcha un plan para impedir que el voto ciudadano se les escape de nuevo de su control.

Las «reformas políticas» que la derecha desea aprobar para las próximas elecciones se reducen a buscar el control de los organismos encargados de llevar adelante el proceso electoral (Jurado Nacional de Elecciones, la Oficina Nacional de Procesos Electorales y el Registro Nacional de Identidad y Estado Civil), reestablecer el senado y la reelección de congresistas (a pesar que el pueblo de manera mayoritaria rechazó esas propuestas en el referéndum del 2018) y otorgar poder absoluto al congreso con la intención de convertirlo en el muro infranqueable que impida el cambio de la constitución fujimontesinista.

Si bien es cierto la derecha recuperó el gobierno y controlan los aparatos de poder de ese Perú oficial encuadrado en Lima la horrible, pero duermen con un ojo abierto, viven con el trauma del triunfo electoral de Castillo y sienten en la piel el miedo a las fuerzas populares que tomaron las calles y plazas rechazando a la dictadura cívico-militar que se ha instaurado en el país.

La vesanía con que actuaron los militares no parece que haya doblegado el espíritu de lucha del pueblo. La frágil tregua instalada, más por la celebración de las navidades y el año nuevo que por el surgimiento de canales de diálogo, puede dar paso a nuevas jornadas de lucha del movimiento popular que sabe que es el destino de 30 millones de peruanos lo que está en juego.

Hemos llegado a esos puntos muertos de la historia donde las opciones se reducen a dos posibilidades: O el país de la mano de la dictadura cívico-militar retrocede a un pasado de ignominía, injusticia y violencia o el movimiento popular recupera la democracia y abre el camino para que el pueblo decida con su voto libre y soberano el rumbo a seguir.

No hay más alternativas. La dictadura ha marcado los límites con sangre de pueblo.

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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