¿Reformas políticas? ¿Cuáles?

Por Fredy León

Dina Boluarte ha deslizado la posibilidad de adelantar las elecciones generales para abril del 2024 y anunció que buscará un pacto con el congreso para aprobar las famosas «reformas políticas» que -dice- permitirán acabar con la crisis política y fortalecer nuestra raquítica democracia. Con este anuncio Boluarte cierra toda posibilidad de convocar a una Asamblea Constituyente. Dina quiere apagar el incendio acarreando agua en canastas.

Dicen que los dioses ciegan a los que quieren perder y creo que la ambición del poder ha enceguecido a Dina Boluarte, su lectura del momento político que vive el país es totalmente equivocada y su visión de la crisis política es demasiada superficial. Dina no distingue lo coyuntural con lo estructural de la crisis, menosprecia la expresión de descontento que se manifiesta en las calles y su discurso busca fortalecer ese pacto infame con la ultra derecha que tiene su sustento en un gabinete claramente reaccionario.

Dina Boluarte, en su discurso, repite los taimados argumentos de la ultra derecha; ella nos dice que solo ellos, es decir la élite que controla el poder, son los únicos que pueden modificar la constitución de acuerdo a sus intereses. En esa visión elitista del ejercicio del poder el pueblo queda reducido a ser un mero espectador y la democracia convertida en un simple acto de votar lo que las élites proponen.

Boluarte no dice nada sobre cuál es el contenido de esas «reformas políticas» que impulsará, pero la ultra derecha sí lo tiene claro, ellos quieren «reformas» para evitar que vuelva a suceder lo que pasó en las últimas elecciones, cuando un candidato desconocido los derrotó en las urnas:

– Bicameralidad
– Reelección de congresistas
– Cambiar la composición del Jurado Nacional de Elecciones, la Oficina Nacional de Procesos Electorales y el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil
– Elección de congresistas en la segunda vuelta.
– Distrito electoral uninominales

Las propuestas de la ultra derecha no pasan de ser un superficial maquillaje del sistema electoral, no tocan en nada las causas reales de la crisis política que ha entrado en un irreversible proceso de descomposición y, en el fondo, son tan antidemocráticos que hasta pretenden desconocer los resultados contundentes del referéndum del 2018, donde una abrumadora mayoría le dijo no al senado y tampoco aceptaron la reelección de los congresistas.

Para la ultra derecha la voz del pueblo no vale. Ellos solo buscan sus votos en tiempos de elecciones.

Aquí tenemos que ser claros, la verdadera reforma política que el país necesita pasa por convocar a una Asamblea Constituyente para que sea el pueblo quien discuta y decida qué tipo de sistema económico y político necesitamos y defina las nuevas reglas democráticas que garanticen la nueva gobernabilidad del país.

Necesitamos un nuevo pacto social que, respetando nuestras diferencias y diversidad de opciones políticas, nos una como país.

Por eso no tiene sentido hablar de «reformas políticas» cuando no se tiene intención de tocar los problemas de fondo, y el principal: hay que reformular la relación entre el poder ejecutivo y el poder legislativo para establecer de manera clara y precisa cuándo el presidente puede cerrar el congreso y cuándo el congreso puede vacar al presidente; hay que eliminar esa figura de «incapacidad moral» e introducir la revocatoria de todo mandato popular a mitad del periodo, solo el voto popular puede revocar el mandato popular; hay que fortalecer el sistema de partidos políticos y acabar con los transfugas y negociantes de la política; hay que establecer mecanismos eficientes para impedir que el narcotráfico financie a los candidatos; hay que elegir mediante el voto universal a los miembros del Tribunal Constitucional para que tengan un mandato no sujeto a negociaciones ni repartijas del poder que se estila en el congreso, entre otras medidas.

Si no se aborda con audacia y decisión la solución a fondo de la crisis política, el país puede convertirse en un estado fallido donde todos se enfrenten contra todos, nadie confie en nadie y la palabra pierda todo su valor, como está sucediendo actualmente.

Paradojas de la vida, Dina Boluarte hizo mención a José María Arguedas en su discurso en el congreso y las dos primeras víctimas mortales, a poco de asumir su accidentado mandato presidencial, fueron de dos jóvenes andahuaylinos, tierra donde nació Arguedas.

Ese baño de sangre hay que impedir. Y eso se puede lograr si se escucha la voz del pueblo.

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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