Mucho ruido

Por Fredy León

Lo que faltaba, un congresista tránsfuga, o sea uno de esos que no tiene ninguna lealtad ni con las ideas que defendió en su campaña electoral ni con los votantes que lo eligieron porque postulaba por un determinado partido político que luego abandonó, ha presentado una nueva moción -la tercera en año y medio- pidiendo la vacancia del Presidente Castillo. Y -dice- que ahora sí cuenta con los mágicos 87 votos para jalar la guillotina y descabezar al poder ejecutivo.

Bueno en estos tiempos donde hay muchos Dioses y abundan las Vírgenes pero escasean los milagros, habrá que ver para creer si realmente es cierto lo que viene anunciando el congresista Málaga de que finalmente logró el milagro de juntar a gato, perro y pericote tras de su moción para salvar su aguinaldo navideño y llevar directamente al país al caos total. Si es así, la derecha bruta, achorada e ignorante tendrá que levantarle al congresista tránsfuga un monumento más grande que el Cristo de Alan.

Pero volviendo a lo esencial. Los argumentos presentados por Málaga, que justifican dicha moción de vacancia, son los mismos argumentos que han venido defendiendo los que sin razones ni pruebas se negaron a reconocer que un desconocido e improvisado profesor rural derrotó a la candidata del establishmentment que contaba con el apoyo de ese Perú anquilosado y temeroso de todo cambio. Recurrir por tercera vez, sin ton ni son, a esa entelequía de «incapacidad moral» no pasa de ser una mera valoración subjetiva que tiene una sola motivación política y que ha estado presente desde el momento que supieron que la chika había perdido -por tercera vez- la presidencia frente a un candidato mediocre y desconocido: hacer ingobernable el país y ganarle la partida al ejecutivo en esta rocambolesca lucha por el poder.

Tal vez lo único rescatable de ese documento, como ha hecho notar el meticuloso periodista Martín Hidalgo, es que en sus páginas explicitamente reconoce que fuera de las causales mencionadas en el famoso artículo 117 de la actual Constitución «no es posible someter al Presidente a un juicio o antejuicio político durante su mandato.»

Es decir si la moción presentada por el congresista Málaga no logra los 87 votos para vacar a Castillo, dejará más muertos y heridos en el propio bloque derechista, pues al reconocer explícitamente que el Presidente «no puede ser destituido por el procedimiento de juicio político regulado en los artículos 99 y 100 de la Constitución» el mismo Congreso está cerrando por completo cualquier otra opción para vacar al Presidente.

Si los congresistas hubieran leído con calma el documento que pide la vacancia de Castillo, entonces se habrían dado cuenta que ese desesperado intento de vacancia presidencial es a la vez un tiro de gracia a las alucinantes intenciones de la Fiscal y los congresistas Chirinos, Guerra y Medina que pretenden acomodar la Constitución y buscan afanosamente encontrar un atajo legal con la finalidad de tener un plan B y rebajar a 66 votos para desalojar a Castillo de Palacio de Gobierno.

Pero con este remedo de Congreso no creo que el hecho de que ellos mismos reconozcan tácitamente la primacia del artículo 117 -en lo referente a la vacancia presidencial- frene los impetus golpistas del sector más recalcitrante de la derecha que decidió enarbolar la consigna de «matar o morir».

La derecha ha impuesto una dictadura parlamentaria y ahí lo único que vale es tener la correlación de fuerzas para convertir cualquier exabrupto en ley. Y si no logran los 87 votos, que legalmente exige la Constitución, bueno van a ir a lo bruto por los 66. No por nada nuestra derecha es bruta, achorada e ignorante y sus congresistas creen que pueden aprobar cualquier barrabasada, aunque con ello destruyan el país y dejen una bomba de tiempo para los nuevos inquilinos de palacio.

La gestión de Castillo es ciertamente indefendible pero reducir las causas de la actual crisis a su improvisada victoria electoral y a los errores, limitaciones y casos de corrupción que existen en el actual gobierno es, por decir lo menos, tener una visión deformada de la realidad política.

La crisis no comienza con Castillo ni va terminar con su posible destitución. El Congreso lo único que está haciendo es destruir el país. Si cae Castillo luego irán por Dina. La derecha puede ser bruta, pero tonta no es. Ellos quieren el poder, todo el poder.

La crisis política tiene sus raíces en el 2000 cuando el jefe del clan Fujimori huyó al Japón y dejó el país peor que palo de gallinero. Los tímidos intentos para avanzar hacia una transición democrática, reformando radicalmente el sistema político y económico heredado de la dictadura fujimontesinista, quedaron truncos. Valentín Paniagua hizo lo que pudo, pero los que le precedieron en el cargo prometieron mucho y no hicieron nada.

Desde Toledo a la fecha un importante sector de la población ha venido exigiendo cambios reales en el país. Keiko perdió las elecciones -hasta en tres ocasiones- y la población no aceptó la «coronación de Merino el breve», justamente porque hay un país que se niega a volver al pasado y desea superar la etapa neoliberal que se ha agotado y ya no genera ninguna ilusión en las espectativas de la gente. El neoliberalismo es visto tal como es, un modelo al servicio de un pequeño grupo de poder económico que controlan los sectores importantes de la economía y necesitan el gobierno para seguir haciendo sus negocios.

Y si Castillo ha fracasado en su gestión ha sido por inconsecuente, por ser un personaje sin convicciones políticas, falto de liderazgo e incapaz de construir un equipo de gobierno solido y coherente. En julio del 2021, César Hildebrandt le recomendaba «prudencia» al novato presidente mientras nosotros reclamábamos audacia y más audacia.

En ese entonces sosteníamos que «Pedro Castillo no fue elegido para calentar el sillón presidencial, lucir su hermoso sombrero cajamarquino, hacer más de lo mismo o congelar los tiempos políticos para satisfacción de los grupos de poder que quieren que nada cambie…»

Castillo resultó un error de la historia, pero la salida que propone la derecha es un horror en todas sus letras. En esta disputa por el poder el Congreso representa a lo viejo que quiere volver de la ultratumba para manejar el país como si fuera su chacra y dividir a los peruanos en ciudadanos de primera y segunda categoría, tal como expresó el congresista Chiabra, que debe tener alpiste en su cerebro, cuando todo exultante anunció lo que se viene si ellos vuelven: «vayan haciendo su bolso para regresar a su pueblo, a hacer lo que hacían antes.»

La derecha dice tener los 87 votos en el Congreso pero dudo que tengan el apoyo mayoritario de la población. Es cierto, en el país se ha configurado una dualidad de poder que tarde o temprano va explotar, pero se equivoca la ultra derecha si cree que la contradicción es entre un ejecutivo incompetente y un legislativo deslegitimado; la verdadera contradicción que separa las aguas en el país es entre cambio o continuismo.

Y en esa disputa por el poder ni la vacancia presidencial o el cierre del congreso van a solucionar la crisis política del país. A lo mucho podrán satisfacer transitoriamente las desmedidas ambiciones de poder que han ido creciendo como un nido de marabuntas.

Para salir de la crisis se necesitan tomar medidas radicales y de fondo que ayuden a construir un nuevo consenso social, condición básica para garantizar la gobernabilidad del país, y forjar una nueva institucionalidad democrática.

El régimen neoliberal ha entrado en un proceso de descomposición total, no hay posibilidades de encontrar una solución negociada en los marcos de la Constitución del 93, el diálogo está roto y en el horizonte político resuenan los tambores de guerra.

Y en ese lúgubre escenario la derecha lo único que ofrece al país es prolongar la agonía del régimen neoliberal; su discurso es vulgar, ramplón, racista, juegan con los miedos de la gentes, mienten e irresponsablemente vienen avivando un escenario de violencia y enfrentamiento. Ese es el verdadero peligro que hoy amenaza al país.

Y frente a un Congreso convertido en la caballería de las fuerzas reaccionarias y un gobierno agotado y sin rumbo solo la fuerza organizada, unida y conciente del pueblo puede imponer una verdadera salida democrática.

Construir en la lucha política y movilización social esa nueva mayoría política y social es la tarea de todas las fuerzas que aspiran construir una patria nueva.

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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