Caos bajo los cielos

Por Fredy León

Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno.
Jorge Luis Borges

La guerra no es ninguna alternativa, todo lo contrario; en un mundo donde proliferan las armas nucleares la guerra es el final del camino. Es más, podemos decir sin ambages, la guerra es el fracaso de la humanidad en tratar de ser más humanos, pero sobre todo es el fracaso de la gran política (ONU ¿where are you?) en tratar de construir puentes de entendimiento y encontrar medios racionales para que las civilizaciones puedan superar y solucionar pacificamente sus contradicciones.

Las guerras siempre nos han acompañado en todos los periodos de la historia de la humanidad. Algunos investigadores sostienen que la guerra más brutal fue la que se vivió en los albores de la humanidad, cuando los homos sapiens exterminaron a los neandertales. No quedó un solo neandertal vivo.

Las dos guerras mundiales, que desvastaron a una parte de la humanidad, tuvieron su epicentro en Europa. No fueron solo ambiciones personales o delirios de poder los que convirtieron Europa en un gigantesco cementerio. Millones de soldados murieron en los campos de batalla defendiendo intereses económicos de pequeños grupos de poder. Las causas de esas guerras, siendo distintas y complejas, tuvieron raíces comunes: fueron guerras por el reparto del mundo, por acumular más poder.

Por eso que no siempre resulta buena idea tratar de marcar la línea divisoria del campo de batalla entre buenos y malos, eso lo dejamos para Hollywood. Lo que hay que hacer, aunque resulte dificil y trabajoso, es intentar distinguir cuáles son los motivos e intereses reales que llevan a que los misiles desplacen a la diplomacia. “La prueba del verdadero carácter social o, mejor dicho, del verdadero carácter de clase de una guerra no se encontrará, claro está, en su historia diplomática, sino en el análisis de la situación objetiva de las clases dirigentes en todas las potencias beligerantes (…) Para reflejar esa situación objetiva no hay que tomar ejemplos y datos sueltos, sino que es obligatorio tomar el conjunto de los datos sobre los fundamentos de la vida económica de todas las potencias beligerantes y del mundo entero.” (Lenin, El Imperialismo fase superior del capitalismo. 1916)

Pueda que peque de pesimista, pero cada vez creo que el mundo se dirige a una nueva conflagración mundial y de consecuencias nefastas para toda la humanidad. Además de la guerra en Ucrania hay muchos puntos calientes que pueden explotar en un mundo que camina a la deriva: la disputa chino-estadounidense con el tema de Taiwan de fondo, la inestabilidad en la peninsula coreana, Iran y su programa nuclear.

Vivimos un tiempo donde la hegemonía mundial de los Estados Unidos tambalea, hay caos bajo los cielos, el llamado “mundo occidental” parece haber llegado a su ocaso final y sus famosos valores “cristianos y occidentales” han quedado reducidos a resucitar “estas palabras inequívocas: ¡Infantería, caballería, artillería!”

Podemos estar o no en acuerdo con la guerra de Putin en Ucrania, pero esa acción militar ha terminado de desordenar el tablero mundial. En Ucrania el sistema de seguridad europeo, construido luego de la caída del muro de Berlín, ha volado en pedazos. No me queda claro cuales son los objetivos militares que busca Putin en Ucrania y si podrá alcanzarlos, pero si tengo claro que en el escenario geopolítico mundial Putin ha asestado un duro golpe a la hegemonía unipolar de los Estados Unidos, que hasta hace poquito era la única potencia mundial que podía imponer, ya se con las armas (ex-Yugoslavia, Irak, Libia, Afganistán, Yemen) o mediante sanciones económicas (Cuba, Venezuela, Corea del Norte, Irán, Nicaragua, Rusia, China) sus reglas al mundo entero.

Lo que está en disputa hoy en el mundo no es saber si Putin es el malo de la película y Biden el bueno, lo que realmente está en juego en el tablero geopolítico mundial es saber si el dominio unipolar de los Estados Unidos sobrevivirá o avanzaremos hacia un mundo multipolar y bajo qué condiciones se procesará ese cambio de época que parece inevitable, y donde en la misma Asamblea General de la ONU, que se desarrolla en estos días, ha servido de foro para que esa contradicción -unipolar vs multipolar- se convierta en el centro del debate. Cada vez son más las voces que abiertamente claman por construir un nuevo orden mundial.

Y la historia, desde los homos sapiens y los neandertales, ha demostrado que todo cambio de época es un tiempo de convulsión y reacomodo violento en la pirámide del poder mundial. ¿Por qué ahora tendría que ser diferente?

La guerra entre Rusia y Ucrania se ha convertido en la práctica en una sangrienta guerra entre Rusia y la OTAN, bajo el mando directo de los Estados Unidos, y donde la única solución posible se encuentra en el campo de batalla: O Kiev capitula o la OTAN derrota a Rusia. No hay termino medio; en estas circunstancias la paz no es ninguna alternativa real, la vía diplomática está muerta. En Ucrania ya no hay camino de retorno, Estados Unidos y la OTAN han reiterado que van a seguir armando y financiando a Ucrania mientras que Rusia se ha visto obligado a decretar la movilización parcial de sus reservas militares, se habla de 300 mil personas que el Kremlin movilizará en el corto plazo para garantizar la virtual anexión del territorio ucraniano donde los rusos-parlantes son mayoría.

Esta nueva escalada del conflicto militar nos acerca peligrosmente a un escenario terrorífico. Estados Unidos ha sacrificado a Europa para poder financiar la guerra y buscar derrotar a los rusos destruyendo su economía y debilitando su capacidad militar, mientras que Putin parece no haber calculado con frialdad y realismo el curso de la guerra en Ucrania y que Estados Unidos iba utilizar la OTAN para defender el actual orden mundial.

Ese empate estratégico que se da en el campo de batalla no va poder mantenerse indefinidamente. La única posibilidad de romper ese equilibrio estratégico es recurriendo a armamentos de mayor capacidad de destrucción. Y esas armas lamentablemente existen.

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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