Gorbachov: la historia lo sepultó

Por Fredy León

Mijail Gorbachov fue elegido Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética para mejorar el socialismo soviético, pero en su lugar terminó sepultando la gran obra revolucionaria de Lenin. Como alguna vez escribió Engels, para construir una nueva sociedad se necesitan titanes del conocimiento y la acción, pero Gorbachov resultó siendo un pigmeo politico; la historia le quedó demasiado grande y la imagen del hombre de estado dirigiendo a la segunda potencia mundial solo sirvió para las carátulas de Times.

«¿Usted considera necesaria la preservación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas como una federación renovada de repúblicas soberanas iguales en la que serán garantizados plenamente los derechos y la libertad de un individuo de cualquier nacionalidad?»

Esa pregunta fue planteada a los ciudadanos de la URSS en el referéndum que se realizó el 17 de marzo de 1991, cuando por segunda vez el futuro de la URSS se adentraba en el camino de lo incierto. La primera vez fue en 1941, cuando las tropas fascitas invadieron la Unión Soviética. Stalin condujo al valeroso pueblo soviético a la victoria sobre el fascismo alemán, el socialismo salió triunfante de esa sangrienta guerra y una década despues la URSS se lanzaba a la conquista del espacio. Gorbachov fue el Mariscal de la derrota que sin disparar un solo tiro llevó a la disolución de ese fabuloso estado multinacional. Tres décadas después de la disolución de la URSS la guerra fratricida entre pueblos hermanos tiñen de sangre la patria de Lenin.

En el referéndum de 1991 participaron 146 millones de ciudadanos soviéticos (el 80% del total de electores), el 78% respondió afirmativamente por mantener la URSS mientras que el 22% votó por la disolución del estado soviético. 9 meses después, el 26 de diciembre de 1991, los presidentes de Rusia, Boris Yeltsin, Ucrania, Leonid Kravchuk, y Bielorrusia, Stanislav Shushkévich, decidieron de manera arbitraria e inconsulta la disolución del estado soviético.

¿Fue inevitable la disolución de la URSS? Es una pregunta dificil de responder. En la historia nada está predeterminado ni escrito de antemano, son las acciones de las personas las que al final definen el curso de la historia. Y la acción negativa de Gorbachov, que no supo dar una respuesta a los problemas de su tiempo, contribuyó de manera decisiva al derrumbe de la Unión Soviética. Gorbachov fue el sepulturero del socialismo.

Pero Gorbachov no fue el único responsable, él heredó un país en crisis, el socialismo soviético había entrado en un dificil periodo de estancamiento económico y la vida cultural languidecía en medio de la indeferencia general, el PCUS se había convertido en una pesada maquinaria burocrática y el comunismo perdía su fuerza de atracción e inspiración en las nuevas generaciones; todos estos eran problemas que tenían sus raíces en la misma historia de la revolución bolchevique, pero como Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética, Gorbachov estaba en la responsabilidad de salvar al enfermo y renovar la gran utopia comunista de construir una sociedad sin explotados ni explotadores.

Había mucha historia, sacrificio, heroismo y esperanza en el camino iniciado por la URSS en ese lejano octubre de 1917, y las potencialidades para seguir avanzando por la senda trazada por Lenin estaban aún latentes. La URSS no vivía una crisis terminal, fueron las políticas aplicadas por Gorbachov las que desencadenaron la implosión de la URSS y llevaron a la posterior restauración del capitalismo salvaje en la patria de Lenin.

«Para renovar nuestro aparato estatal -escribió Lenin en 1923, pocos meses antes de morir- es preciso que nos propongamos a toda costa: primero, estudiar; segundo, estudiar y tercero, estudiar, y después, comprobar que este conocimiento no quede reducido a letra muerta o a una frase de moda (y esto, no hay por qué ocultarlo, nos ocurre con demasiada frecuencia) sino que se convierta realmente en parte de nuestro propio ser que llegue a ser plena y verdaderamente un elemento integrante de la vida diaria. En una palabra, no debemos plantearnos las exigencias que se plantea la burguesía de Europa occidental, sino las exigencias que son dignas y adecuadas para un país que se ha propuesto convertirse en un país socialista.»

La perestroika y la glasnot, políticas desarrolladas por Gorbachov con el objetivo de «reformar» el socialismo soviético, fueron ideas sin sustento, improvisaciones sin mucha imaginación que no llegaron a ilusionar al pueblo soviético. Los problemas reales eran en la economía, campo donde Gorbachov no llegó a desarrollar ninguna iniciativa y se quedó contemplando como se vaciaban los productos básicos de los estantes de las tiendas.

Visto en una perspectiva histórica hoy podemos afirmar que la famosa perestroika de Gorbachov fue una temeraria invitación a subirse a una nave para volar sin rumbo definido y sin pensar que en algún momento de esa travesía hacia la nada el combustible se iba acabar. Y como era previsible, el combustible se acabó y la nave explotó en el aire.

Gorbachov perdió la batalla con la historia y en los momentos más dramáticos se comportó como una persona vacilante, un lider falto de carácter, sin convicciones firmes y sin capacidad para dirigir al pueblo soviético. Su capitulación ante Boris Yeltsin fue humillante.

A Gorbachov los militantes comunistas del extinto PCUS le entregaron un enfermo para sanar y él devolvió un cadaver para enterrar.

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