Por una nueva mayoría

Por Fredy León

El anuncio hecho por el presidente Castillo de que enviará al congreso un proyecto de ley para consultar al pueblo si quiere o no una nueva constitución, ha cambiado radicalmente la agenda política y colocado en el centro del debate un tema principal que tiene que ver con la búsqueda de soluciones integrales a los graves problemas del país.

Ya no se trata de improvisar y poner parches a un país que se hunde, sino se trata de debatir en profundidad y con toda seriedad qué tipo de país queremos y cómo podemos construirlo. No está demás recordar que todas las constituciones que hemos tenido fueron producto de circunstancias anómalas donde las urgencias del momento político obstaculizaron la posibilidad de pensar con claridad en un horizonte común.

Esta vez el ruido de los tanques no condicionarán los debates, el miedo a las bayonetas no limitarán el vuelo de las grandes ideas y las miradas amenazantes de los inquisidores no hará temblar la mano al momento de depositar los votos.

Entramos a un momento político en el que los tiempos de la historia pueden acelerarse y donde en democracia y libertad otro Perú lucha por nacer.

Pero no todo está aún dicho. Se ha dado únicamente el primer paso, ahora toca destrabar todos los pequeños obstáculos para llegar lúcidos y unidos a la meta, sin triunfadores ni derrotados, todos con una sola idea: el Perú.

La principal radica en saber qué actitud asumirá la mayoría que controla el congreso. Por lo pronto su presidenta, la congresista acciopopulista Maria del Carmen Alva, ha declarado que el cambio de constitución no es un tema urgente porque según ella «no existe un solo sondeo de opinión donde la Asamblea Constituyente sea prioridad.»

Lo manifestado por la presidenta del congreso no pasa de ser una atolondrada justificación que exterioriza sus miedos por la verdadera consulta popular. En democracia el único sondeo válido es lo que las urnas expresan. Creo que la ultra derecha debería verse en el espejo de Chile, una negativa a encauzar el derecho del pueblo a que manifieste su voluntad soberana en las urnas puede llevarnos a un peligroso colapso institucional.

El congreso ha perdido mucho de su legitimidad política, según la última encuesta de opinión realizada por Ipsos, el congreso que preside María del Carmen Alva tiene un 82 % de rechazo de la población. En esas circunstancias sería una actitud suicida si el congreso se opone a aprobar la convocatoria a referéndum, pues cuando las puertas de la legalidad se cierran, se abren las otras puertas.

Y es que lamentablemente a esa envejecida clase política que controla el congreso, el país les ha quedado grande, demasiado grande.

Pero como en muchos momentos de la historia de nuestro país, la clave que inclinará el desenlace de esta confrontación política estará en la calle, en la capacidad real que tengan las fuerzas que promueven el cambio de constitución para articular una nueva mayoría política y social. Solo la presión social de un pueblo movilizado puede vencer la resistencia de esa ultra derecha retrógrada y obligar al congreso a que apruebe la convocatoria a la consulta popular.

Y sin perder de vista que lo que vendrá luego del referéndum será una tarea titánica que exigirá lo mejor de nuestra inteligencia y capacidad para imaginar un nuevo país y convertir lo imposible en posible.

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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