Entre Escila y Caribdis

Por Fredy León



Para José Carlos Mariátegui el Perú era un país fragmentado, para Jorge Basadre una posibilidad, para Luis Alberto Sánchez un país adolescente y para Pablo Macera el Perú era un prostíbulo. Y creo que todos, a su manera, tenían razón. El Perú es la suma de todas esas contradicciones, un país empobrecido que lucha contra los fantasmas de la grandeza de su pasado para encontrar su destino.


Somos un país que a duras penas camina y tal vez su mayor problema ha sido no tener una clase social dirigente capaz de enarbolar un proyecto nacional, pensar en el país para construir la nación, esa casa común donde todos los ciudadanos peruanos sientan que somos parte de algo grande.


Si uno mira a los gobiernos que hemos tenido, tendríamos que volver a actualizar la caracterización que en su tiempo hizo Manuel Gonzales Prada: «¿Qué tenemos? En el Gobierno, manotadas inconscientes o remedos de movimientos libres; en el Poder judicial, venalidades i prevaricatos; en el Congreso, riñas grotescas sin arranques de valor i discusiones soporíferas sin chispa d’elocuencia; en el pueblo, carencia de fe porque en ninguno se cree ya, egoísmo de nieve porque a nadie se ama i conformidad musulmana porque nada s’espera. Pueblo, Congreso, Poder judicial i Gobierno, todo fermenta i despide un enervante olor a mediocridad. Abunda la pequeñez en todo: pequeñez en caracteres, pequeñez en corazones, pequeñez en vicios i crímenes.»


Hace poco el crítico literario y ensayista Víctor Vich publico un artículo en el portal de Ojo Público, que debería ser lectura obligatoria, donde hace una dramática advertencia «Hoy, la barbarie acecha en el Perú desde todas las ideológias, desde todos los partidos, desde todas las clases sociales y en todos los barrios.»


Nos ha tocado vivir otro momento clave en nuestra historia. El Perú está en crisis total, los caminos se van estrechando, las posibilidades de encontrar un consenso son mínimas y las opciones se van reduciendo a continuismo o cambio. Esta contradicción ya no puede mantenerse irresoluto por mucho tiempo.


El gobierno ha dejado de ser un factor de cambio y se ha convertido en una moneda de cambio. El presidente Castillo ha preferido negociar la gobernabilidad del país a cambio de no cambiar nada. Y la ultra derecha quiere tumbar a Castillo para no cambiar nada.


El continuismo lo conocemos, es la vuelta al fujimontesinismo de los 90. El cambio tiene que construirse desde abajo, dotarse de un programa de transformaciones que aglutine al pueblo y forjar una fuerza política capaz de imponer un nuevo rumbo al país.


El panorama luce sombrío y si hay algo peor que el gobierno de Castillo es la oposición ultraderechista, ese sector político que reniega de Castillo por su extracción social y al grito de «cholo de mierda» promueven la violencia en la capital.

Acerca de Wirataka

"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
Esta entrada fue publicada en Política. Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s