La derrota

Por Fredy León

Putin apostó fuerte en su confrontación con los Estados Unidos y la Otan y, hasta el momento, parece que las consecuencias pueden ser catastróficas para el destino de Rusia. La guerra en Ucrania ha entrado en un terreno movedizo. Militarmente parece que Rusia ha logrado imponer su poderío sobre Ucrania pero políticamente está perdiendo la guerra. En esas condiciones parece preferible buscar una paz negociada a seguir intentando obtener un triunfo pírrico o dejar que el conflicto adquiera un carácter de enfrentamiento global.

Por lo pronto los Estados Unidos han logrado aislar internacionalmente a Putin y con las duras sanciones económicas que han impuesto van a desestabilizar el país y hacer más dificil la vida cotidiana de los rusos, la Otan está buscando prolongar la guerra dotando de armamentos de carácter ofensivo a Ucrania mientras que la Unión Europea, con todo cinismo, ha impuesto una censura total con la finalidad de silenciar a los medios de comunicación rusos que durante este conflicto han sido más objetivos y creibles que la prensa occidental.

Por primera vez en su historia los Estados Unidos están utilizando todo su poder institucional, politico, mediático, cultural y deportivo para captar al movimiento pacifista y convertir el rechazo a la guerra en un rechazo a Rusia. Lo han conseguido a medias. El rechazo a la guerra ha sido casi unánime en los medios de comunicación y han habido importantes movilizaciones en diferentes partes del mundo, pero no ha alcanzado aún la dimensión ni la fuerza que tuvieron las grandes movilizaciones ciudadanas contra la invasión de Irak y la guerra contra Yugoslavia. Y además, este movimiento pacifista corre el riesgo de perder su esencia cuando de por medio existen otros intereses que buscan desnaturalizar y utilizarlo para promover la intervención directa de la Otan en Ucrania y acrecentar el sentimiento anti ruso que promueve la elite política norteamericana. Tras el honesto grito del no a la guerra, Alemania ha incrementado de manera sustancial su presupuesto militar y ha dado un vuelco total en el lucrativo negocio de venta de armas.

El problema de los Estados Unidos es que toda su narrativa contra la guerra en Ucrania se sustenta en un hilo muy delgado, no solo por todo su historial intervencionista que lo descalifica moralmente sino porque su discurso apela más al lado emotivo de la gente que instintivamente tiende a solidarizarse con el más débil y porque su campaña contra Rusia está teriblemente lleno de «Fakes News»

Toda guerra es brutal pero lo que viene sucediendo en Ucrania no se asemeja en nada al horror vivido en Irak, Yugoslavia, Libia, Siria, Afganistan, Yemen. El rostro ensangrentado de la mujer ucraniana que apareció en primera plana de todos los medios de comunicación contrasta con el ocultamiento deliberado que practicaron esos mismos medios sobre los horrores vividos en las guerras desatadas por los Estados Unidos o en el permanente silencio que mantienen sobre la agresión que sufre el pueblo palestino por parte del ejército israelita.

No es creible ni honesto condenar una agresión y callar u ocultar el terrible sufrimiento de otros pueblos que sufren, en peores condiciones, los efectos de otras guerras impuestas por los Estados Unidos.

En Ucrania la población civil sufre las terribles consecuencias de una absurda guerra pero habría que ser demasiado ciego para no ver que, hasta el momento, el ejército ruso está evitando llevar la guerra a las zonas civiles. Las imágenes del tanque aplastando un auto o el misil que impactó en un edificio, que fueron presentado por los medios como obra de los rusos, quedó demostrado que en realidad fue obra del ejército ucraniano.

No olvidemos que el famoso termino de «efectos colaterales» fue inventado por la narrativa norteamericana para «justificar» las atrocidades cometidas por su ejército contra la población civil. Y, justamente, por haber denunciado esos crímenes de guerra, Julian Assange, el fundador de Wikileaks, se encuentra encarcelado en Inglaterra.

Aquí no se trata de medir quién mata más o quién ocasiona mayores desastres, sino que a veces la realidad resulta un poquito más complicada de lo que aparenta ser a simple vista. La guerra es una mierda y ojalá Rusia y Ucrania encuentren una solución negociada a ese conflicto que genera un innecesario sufrimiento a la población de esas zonas y alimenta el discurso militarista del imperialismo yanqui.

Una derrota política y militar de Rusia en Ucrania solo va favorecer a los Estados Unidos que no van a dudar en seguir ampliando y fortaleciendo la Otan.

Y es que ningún imperio renuncia por voluntad propia al poder militar adquirido.

En ese nuevo contexto internacional no va resultar nada extraño que los neoconservadores norteamericanos quieran aprovechar las nuevas circunstancias surgidas, a partir de una posible derrota política y militar de Rusia en Ucrania, para ir por Cuba y Venezuela.

Como hemos afirmado en varias ocasiones, en Ucrania se juega algo más que el futuro de Putin. Se juega el destino del unilateralismo basado en la hegemonia militar del imperialismo yanqui y el futuro del estado ruso acorralado por la Otan.

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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