La guerra

Por Fredy León

Robert Fisk, el famoso periodista y corresponsal de guerra inglés escribió una vez que la guerra era sentir el olor nauseabundo de las moscas revoloteando sobre un cadáver putrefacto abandonado en medio de la nada. La guerra es una cruel derrota de la razón humana, es descender a los mismos infiernos donde el único instinto que prevalece es matar y destruir para sobrevivir.

Lamentablemente durante toda la historia de la humanidad la guerra ha sido el medio utilizado por los países poderosos para moldear el mundo de acuerdo a sus intereses, sucedió durante la primera y la segunda guerra mundial y ahora, aunque resulta aún prematuro hablar que estamos ante el inicio de la III guerra mundial, no será la excepción.

En este conflicto entre Rusia y Ucrania se juega algo más que la posesión de un pedazo de tierra, lo que realmente está en juego es una disputa geopolítica por determinar quién dicta el derecho internacional e impone sus reglas al mundo: aquí o se fortalece el unilateralismo bajo la incuestionable hegemonia militar de los Estados Unidos o Rusia -siguiendo la ruta trazada por Estados Unidos en Irak, Afganistán, Yugoslavia y Libia- recompone el tablero geopolítico mundial e impone con las armas un nuevo orden basado en el multilateralismo.

Madeleine Albright, ex secretaria de Estado de Estados Unidos, en un artículo publicado en The New York Times sostiene que «Estados Unidos debe insistir en que Rusia actúe de acuerdo con las normas internacionales que se aplican a todas las naciones» La pregunta del millón es ¿quién dicta esas normas internacionales y qué hizo Estados Unidos en Irak, Afganistán, Yugoslavia y Libia? Y sin olvidarnos Palestina ¿No es cierto que Israel, con el apoyo de los Estados Unidos, desarrolla una política de limpieza étnica en territorios palestinos?

¿Son esas normas internacionales que defiende Madeleine Albright?

Cuando se inicia una guerra, por lo general, resulta difícil distinguir entre la verdad y la mentira. Hay muchas emociones de por medio y grandes intereses en disputa que no tienen nada que ver con la vida de esas pobres gentes que morirán en una estúpida guerra sin saber por qué.

Creo que en la situación actual puede resultar útil volver a Lenin y analizar como planteaba su posición ante la guerra «Nosotros, los marxistas, diferimos tanto de los pacifistas como de los anarquistas en que reconocemos la necesidad de estudiar históricamente (desde el punto de vista del materialismo dialéctico de Marx) cada guerra en particular. La historia ha conocido muchas guerras que, pese a los horrores, las ferocidades, las calamidades y los sufrimientos que toda guerra acarrea inevitablemente, fueron progresistas, es decir, útiles para el progreso de la humanidad, contribuyendo a destruir instituciones particularmente nocivas y reaccionarias (como, por ejemplo, la autocracia o la servidumbre), y las formas más bárbaras del despotismo en Europa (la turca y la rusa). Por esta razón, hay que examinar las peculiaridades históricas de la guerra actual.» (Lenin, El socialismo y la guerra. 1915)

Putin tiene grandes responsabilidades en este conflicto, pudo haber agotado la vía diplomática para sentar en la mesa de negociación al régimen de Kiev antes de «meter al mundo en una ratonera»; pero creo que la principal responsabilidad que la guerra se haya impuesto en esta región radica en el gobierno de Ucrania que se negó sistemáticamente a cumplir con los acuerdos de Minsk firmado el 2014 y decidió jugar la carta de la integración a la Otan para disuadir a Putin.

Ucrania condujo sus diferencias con Rusia por el camino equivocado. ¿Quién en su sano juicio pudo pensar que Rusia iba saludar la llegada de la Otan a sus puertas?

Por más que repita Washington, la Otan no es un pacto militar de carácter defensivo. Con la expansión de la Otan en europa oriental, Rusia tiene un problema grande de seguridad nacional que tarde o temprano iba explotar.

Y Rusia es una potencia nuclear. Ese no es un detalle mínimo, una guerra con Estados Unidos tendría consecuencias catastróficas para toda la humanidad.

Como señala el analista internacional Claudi Pérez en su artículo publicado en El País «Putin ha decidido seguir adelante y meter al mundo en una ratonera de tintes nihilistas. Nihilismo es destruir lo existente sin saber con qué sustituirlo. En esas estamos. Aunque tal vez Putin no tenga nada de nihilista y sepa exactamente con qué quiere sustituirlo.»

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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