Putin

Por Fredy León

En medio del ruido de sables ocasionado por la decisión de Putin de reconocer de facto la independencia de Donetsk y Lugansk, ha pasado un poco desapercibido las controvertidas opiniones del presidente ruso sobre Lenin, la revolución bolchevique y la constitución de la Unión Soviética.

Las ideas de Putin sobre la Unión Soviética se inscriben en la línea de pensamiento del disidente antisoviético, Alexander Solzhenitsyn, autor del libro «Archipiélago Gulag», quien fue uno de los primeros en sostener la peregrina idea de que la gran revolución de octubre fue un error histórico y acusó a Lenin de haber utilizado el «terror» para construir el primer estado socialista . En esa línea de pensamiento, Putin responsabilizó a los comunistas de haber «inventado Ucrania y creado un estado artificial» Sólo le faltó decir a Putin que los comunistas inventaron Ucrania para joder a Rusia.

El problema real de Ucrania surgió con Boris Yeltsin en 1991, es resultado de su improvisada, caótica y nada inteligente política que llevó a la arbitraria disolución de la Unión Soviética. Yeltsin estuvo más interesado en reducir a escombros 80 años de historia, sepultar la obra de Lenin, refugiarse en el Kremlin y repartir entre aventureros y oportunistas los retazos de la Unión Soviética.

Yeltsin nunca tuvo una visión de estado, el acuerdo suscrito con los dirigentes de Ucrania y Bielorusia -3 de las 14 repúblicas que formaban la URSS- donde decidieron la disolución del estado soviético y se repartieron sus espacios de poder fue un simple ajuste de cuentas con el pasado. Yeltsin tampoco tuvo una visión de futuro, se dedicó únicamente a destruir toda la institucionalidad estatal soviética, no le interesó las condiciones precarias en que esas nuevas naciones repentinamente surgían como estados independientes y alentó el surgimiento de una oligarquía mafiosa que se apropiaron de todas las riquezas del estado socialista, tanto en Rusia como en Ucrania. Y Putin no fue ajeno a ese proceso de destrucción, como alcalde de San Petesburgo participó de ese movimiento que llevó a la desaparición del estado soviético y años después llegó a la presidencia de Rusia con la bendición de Yeltsin, el verdadero sepulturero de la Unión Soviética.

La Unión Soviética fue una obra de gigantes del pensamiento, de hombres de acciones heroicas y se necesitaba tener el temple de eso grandes revolucionarios, estadístas de su tiempo y visionarios del futuro para seguir edificando esa casa común donde coexistían más de 100 nacionalidades y que en su tiempo consitó la admiración de diferentes personalidades, como el famoso intelectual y político italiano, Alcide de Gasperi -considerado junto a Konrad Adenauer, Robert Schuman y Jean Monnet, como el «padre de Europa»- quien en 1944 expresó lo siguiente:

«Cuando veo que Hitler y Mussolini perseguían a los hombres por su raza, e invocaban aquella terrible legislación antijudia que conocemos, y contemplo como los rusos, compuestos por 160 razas diferentes, buscan la fusión de éstas, superando las diferencias existentes entre Asia y Europa, este intento, este esfuerzo hacia la unificación de la sociedad humana, dejadme decir: esto es cristianismo, esto es eminentemente universalista en el sentido del catolicismo»

Lamentablemente luego de Lenin y Stalin la Unión Soviética entró en una fase de estancamiento debido a que el nivel teórico y capacidad de visión de los nuevos dirigentes comunistas iba en proporción inversa al grado de responsabilidad que significaba dirigir el primer estado socialista.

Construir la Unión Soviética no fue una tarea fácil, se necesitaba creer en algo y movilizar la voluntad de millones de personas bajo un ideal colectivo, destruirlo en cambio fue relativamente sencillo, se necesitaba políticos que se rindieran ante las dificultades, claudiquen ante los retos del futuro y se acomoden en un mundo ganado por la apatía y la indiferencia frente al destino de la humanidad.

Y a esa clase de políticos pertenece Putin, un hombre que busca acomodarse en un mundo caótico donde muchas voces empiezan a hablar sobre el fin del unilateralismo y el inicio del declieve de la hegemonía estadounidense.

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