La guerra

Por Fredy León

Esto no va de buenos y malos, eso lo dejamos para Hollywood, esto va de intereses geopolíticos, económicos, militares y revanchismos nacionalistas. En esta crisis, entre Rusia-Ucrania-Estados Unidos, podemos dudar de muchas cosas pero algo es cierto: los intereses concretos de la gente, de ambos lados de la frontera, no tendrán mucho valor al momento que Washintong y Moscú decidan que ha llegado la hora de que los fusiles hablen.

Putin, con la anexión de Donetsk y Lugansk, ha dado un paso muy peligroso en su confrontación con los Estados Unidos y la amenaza de una guerra en el viejo continente europeo es una posibilidad real. Por lo pronto Rusia tendrá que hacer frente a un conjunto de sanciones económicas dirigidas a debilitar su economía.

El discurso de Putin anunciando su controvertida decisión ha sido el alegato desesperado de un presidente que aún le cuesta entender el tremendo error histórico cometido el 8 de diciembre de 1991 por los presidentes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia (Borís Yeltsin, Leonid Kravchuk y Stanislav Shushkévich, respectivamente) que unilateralmente decidieron disolver la Unión Soviética y 30 años después siente que los triunfadores de la guerra fría están conduciendo a Rusia a un callejón sin salida. La irresponsable declaración del Secretario General de la Otan, Jens Stoltenberg, amenazando «que Rusia tendrá más Otan hasta sus fronteras», no es solo una bravuconada, es una amenaza directa a la seguridad de Rusia y que explica los fundados temores de Putin.

Los Estados Unidos han visto en la crisis entre Rusia y Ucrania la oportunidad de oro para demostrar que siguen siendo la potencia hegemónica mundial que puede definir el curso de los acontecimientos e imponer a Rusia un acuerdo que lo debilite, aún más, como potencia mundial. Estados Unidos quiere reforzar su hegemonía sobre Europa borrando los últimos vestigios de la guerra fría y construyendo un nuevo orden de defensa y seguridad sin tomar en cuenta los intereses rusos. Con la amenaza de la guerra Joe Biden busca lograr que los países miembros de la organización trasatlántica destinen el 2% de su PBI a gastos en defensa y ampliar la presencia militar de la Otan hasta las fronteras con Rusia, y eso pasa por incluir a Ucrania y Georgia como miembros de la Otan.

Estados Unidos utiliza a la Otan para «acorralar» y/o generar inestabilidad política en la zona de influencia de Rusia con el objetivo de tener las manos libres y poder enfrentar, con mayor libertad, lo que ellos consideran la real amenaza a su hegemonía: China.

El elemento central que desencadenó esta crisis con Ucrania está en el gas. Rusia es el principal proveedor de gas a Alemania que se transporta por territorio ucraniano y si se pone en funcionamiento el nuevo gaseoducto, Nord Stream II, Rusia podrá aumentar el volumen de gas a exportar hacia Alemania sin utilizar el corredor ucraniano. El negocio del gas podría forjar un nuevo bloque Moscú-Berlín debilitando el papel de la Unión Europea, desplazando el eje del poder militar de la Otan al ámbito económico y ejercería como contrapeso a la influencia estadounidense en Europa. Desde sus inicios los Estados Unidos se opusieron al nuevo gaseoducto y Ucrania siempre vio con temor pues perderían una importante fuente de ingreso económico y vería disminuir su importancia geopolítica.

En esta crisis el nuevo gobierno alemán duda de su papel, saben que necesitan el gas ruso pero no quieren contradecir a Washintong. La diplomacia alemana ha sido hasta el momento más cauta, acompaña a Estados Unidos en su retórica bélica contra Rusia pero se ha negado a enviar armas a Ucrania.

Y es que en un conflicto militar entre Rusia y Ucrania el único que sale ganando son los Estados Unidos, ellos contemplan desde lejos como se desangra Europa, son los principales proveedores de armamentos un negocio que crece en tiempos de guerra, confían en que Rusia quede empantanado en un conflicto sangriento donde no tiene nada que ganar y esperan que Alemania se vea obligado a comprar el gas de los Estados Unidos, a un precio mayor del que pagan ahora a los rusos. Por esa razón Estados Unidos se ha dedicado a atizar de manera irresponsable el conflicto poniendo fechas a la invasión Rusa y pintando un cuadro catastrófico para Europa.

La situación para Ucrania es complicada. De las pocas opciones que tenían han elegido la peor, han elegido ser el peón de la Otan para sobrevivir como nación, han salido de la esfera rusa pero han pasado a convertirse en un protectorado dependiente de los recursos económicos y pertrechos militares de Estados Unidos. Si en los tiempos de la Unión Soviética se intentó construir una nación de naciones, una comunidad donde convivían pacíficamente diferentes nacionalidades bajo un mismo estado, con la restauración del capitalismo Ucrania regresó a la vieja idea del estado puro donde no hay espacio para las minorias rusas ni húngaras. La idea de la homogenización del estado ucraniano llevó a la minoría rusa, mayoritaria en las zonas de Donetsk y Lugansk, a rebelarse contra el poder central y el acercamiento de Kiev a la Otan hizo que Rusia tome el control total de la península de Crimea, donde se encuentra Sebastopol, la principal base naval rusa.

Desde 2014 la relación entre Rusia y Ucrania se ha ido deteriorando, la firma del «Acuerdo de Minsk», que los nacionalistaa ucranianos consideran una capitulación de Kiev, posibilitaba encontrar una solución negociada entre Kiev y la minoría rusa de Donetsk y Lugansk, pero sistemáticamente Kiev se negó a implementar dichos acuerdos y en las elecciones presidenciales del 2020 el discurso nacionalista en Ucrania se hizo más fuerte. Volodimir Zelenski ganó las elecciones con la promesa de recuperar Crimea, retomar el control militar de Donetsk y Luganks y colocar a Ucrania en la órbita de la Otan.

Los sucesos en la frontera ruso-ucraniana muestran un mundo caótico donde la diplomacia pierde peso y las Naciones Unidas se muestran impotente para encontrar una solución pacífica.

El mundo está ad portas de un peligroso enfrentamiento entre dos países que compartieron por muchos años un destino común y cuando decidieron regresar al capitalismo, lo único que lograron fue revivir viejos conflictos nacionalistas y disputas por el control de territorios, pero sin desconocer que tras bambalinas se está produciendo una batalla mayor: en términos geopolíticos lo que está en disputa es si el mundo continúa bajo el dominio unilateral de los Estados Unidos o Rusia, con el apoyo de China, logran empujar la crisis hacia la construcción de un mundo multipolar.

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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