La palabra retorcida

Por Fredy León

Creo firmemente en la necesidad de construir un espacio de encuentro donde las izquierdas latinoamericanas puedan dialogar directamente sin interlocutores comedidos que siempre están dispuestos a retorcer las palabras.

Y cuando hablo en plural de las izquierdas es por que reconozco su diversidad y heterogeneidad. No hay una izquierda, lo que existe son varias izquierdas que tienen diferentes matrices ideológicas, experiencias diversas y en algunos casos defienden distintos puntos de vista pero que mantienen una identidad común: su enfrentamiento a la hegemonía imperialista de los Estados Unidos, rechazo al capitalismo y su propuesta de construir otro tipo de sociedad.

Aquí no hay recetas ni modelos únicos, lo que hay son caminos y experiencias que responden a las propias pecualiaridades de su historia. Quien quiera copiar o imponer un modelo está destinado al fracaso. No se trata tampoco de ser original a ultranza, sino ser creativos recogiendo todas las experiencias que la historia nos va dejando.

Creo en el diálogo de las izquierdas y en el debate de ideas, no hay que tener miedo a las discrepancias ni utilizar las controversias para construir trincheras separadas y dispararnos al pie. Vivimos tiempos donde las verdades se desvanecen, las mentiras florecen y la gente no cree en la política, es decir no cree en la fuerza de las ideas.

El debate es importante no para imponer una verdad absoluta sino para despertar la conciencia y construir un proyecto colectivo que desde la diversidad de opiniones permita avanzar en la construcción de bienestar y desarrollo para nuestros pueblos. Si las políticas de las izquierdas no están al servicio de las grandes mayorías y no proponen soluciones a los problemas atávicos que sufren nuestros países, entonces esas políticas no valen, no sirven.

«Discrepar es otra manera de aproximarnos» expresó Alberto «Tito» Flóres Galindo con esa sabiduría que supo desarrollar siempre desde una posición crítica. Discrepar pero para buscar puntos en común y no para hacer lo que la derecha desea, como refleja el artículo de Mirko Lauer publicado el lunes 14 en La República.

Maduro no es Boric ni Petro; como Boric y Petro no son Piñera ni Duque, pero en el tema de Venezuela el pensamiento de Lauer se asemeja más a Piñera y Duque que a Petro y Boric. La diferencia sustancial entre Maduro, Boric y Petro radica en que Maduro habla desde la experiencia concreta que significa dirigir un proceso de cambios que cuestiona la hegemonía del imperialismo yanqui y tiene que hacer frente a la intromisión de la potencia del norte en los asuntos internos de su país; mientras que Boric y Petro hablan sobre supuestos que aún no están comprobados. Ojalá el gobierno de Boric en Chile y el posible gobierno de Petro en Colombia no sufran las mismas presiones del imperialismo que sufrió Allende o que sufre Maduro y si se atreven a afectar los intereses del imperialismo yanqui en esos paíse -cobre y cocaína- nos muestren que se puede transitar por un camino sin dificultades.

Pero volviendo al artículo de Lauer, me parece que desarrolla una visión terriblemente fragmentada de Venezuela y sus silencios sobre temas esenciales imposibles de escabullir son más escandalosos que sus berrinches semánticos contra el presidente venezolano.

No se puede explicar la situación de Venezuela escondiendo vergonzosamente la media verdad. El gobierno de Venezuela seguramente ha cometido muchos errores en la aplicación de sus políticas pero eso no justifica la brutal intromisión de los Estados Unidos en los asuntos internos de Venezuela.

Si como dice Lauer el modelo venezolano es un modelo fallido, entonces ¿por qué los Estados Unidos, la Unión Europea y el Grupo de Lima invirtieron tanto dinero y dedicaron tanto tiempo para promover desde afuera un ilegal cambio de gobierno en Venezuela? Lo lógico, lo racional hubiera sido que lo dejen caer por sí solo como sucedió con el régimen de Piñera en Chile, Hernández en Honduras o como viene pasando en Colombia con el corrupto régimen impuesto por Uribe.

En Venezuela hicieron el ridículo y quisieron teñir de sangre el llano venezolano. Lauer se olvida oportunistamente que reconocieron como «presidente» a un sujeto que se autoproclamo en una plaza e hicieron denodados esfuerzos para dividir a las fuerzas armadas bolivarianas lo que hubiera desencadenado una cruenta guerra civil. Los Estados Unidos han buscado mediante sanciones económicas destruir la economía venezolana, Inglaterra se apropió del oro que pertenece al Banco Central de Venezuela, el Grupo de Lima buscó aislar a Venezuela y hasta la CIA puso precio por la cabeza de Maduro y los principales dirigentes venezolanos.

¿Cómo juzgar a un país bajo parámetros normales cuando vive una anormalidad producida por la política hegemonista del imperialismo yanqui?

Desconocer esos hechos que alteran la normalidad democrática y condicionan de manera directa la realidad venezolana es birlar todo tipo de seriedad a las palabras.

Lauer en el tema de Venezuela está más cerca de Keiko y Aliaga y muy lejos de la verdad.

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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