Pobre diablo

Por Fredy León

Como diría Sabina, llueve sobre mojado. Y al presidente Castillo le llueve con todo luego de su desventurado tour periodístico donde dejó algunas desafortunadas expresiones que la ultra derecha ha llevado al absurdo para sacar algún provecho político. Por lo visto en nuestro país resulta más cómodo ser corrupto que ingenuo.

Y es que parece que para lo único que han servido esas maratónicas entrevistas ha sido para darle más municiones a la ultra derecha que muy felices han vuelto a elevar los decibelios políticos y colocar al presidente, otra vez más, al pie del patíbulo. La esperpéntica moción presentada por la congresista Roselli Amuruz, pidiendo la «renuncia del presidente» solo muestra la agresividad y el degradante nivel político que domina en el congreso.

Es cierto, Castillo se ha ganado algunas críticas a golpe de tozudez y falta de criterio -y si no enmienda y rectifica a tiempo pueda que no concluya su mandato- pero hay otras críticas más estridentes que vienen con veneno y no disimulan que su intención es hacer de la estadia de Castillo en palacio una terrible pesadilla, debilitarlo para vacarlo lo más antes posible y destruir todo lo avanzado para impedir que la izquierda pueda volver a ganar el gobierno. Ya lo intentaron hace poco y si no lo consiguieron fue porque les faltó votos, y les sobró miedos, por la posibilidad que junto al presidente los congresistas también podían pasar a mejor vida. Ese miedo ahora pretende ser amenguado con esa propuesta muy oportunista de que si vacan al presidente, el congreso continuaría en funciones hasta culminar su periodo.

Al presidente Castillo la ultra derecha no lo critica, buscan destruirlo; en el congreso no fomentan un debate serio pensando en el futuro del país, sino que actúan como los talibanes defendiendo lo único que les interesa: sus grandes privilegios económicos; pero en ese rifirrafe lo que llama la atención es que un periodista del nivel de César Hildebrandt lo llame «un pobre diablo.» No recuerdo que antes algún periodista haya tenido la tremenda osadía para descalificar de ese modo a un presidente. Y eso que hemos tenido presidentes y periodistas de la peor especie.

Pueda ser que Castillo sea demasiado simple de pensamiento y rudimentario en el ejercicio del gobierno, que no nos guste su razonamiento superficial y nos enerva su falta de conocimiento sobre algunos temas de estado, pero ¿cuál es la alternativa que nos ofrece la ultra derecha? ¿Fujimori? ¿López Aliaga? ¿Acuña? La mediocridad no es solo un problema de Castillo, es signo de distinción de toda nuestra clase política.

Castillo podrá ser ingenuo, inexperto y desconfiado, pero lo que nos ofrece la ultra derecha no se parece en nada a lo que el país espera de su clase política. Lo que abunda en la ultra derecha es mucho peor que la simple mediocridad, son mercenarios de la política con un prontuario que los califica para ir directo a Lurigancho.

En ese escenario preocupa el futuro del país que se muestra sombrío y donde sigue habiendo demasiada leña seca acumulada como para que un pirómano se anime a usar la cerilla y con un descomunal poder mediático que se ha lanzado con todo a una brutal campaña para imponer el relato dominante de ver la política como la priorización del sentido de eficacia preservando las desigualdad e injusticias de un modelo económico agotado y que condena a todo aquel que busca la igualdad y justicia social a pesar de las limitaciones cognocitivas de los gobernantes.

El presidente Castillo tiene que ser conciente del momento político que vive, saber que no tiene muchas alternativas, su gobierno está a la defensiva y no cuenta con una base política y social que lo defienda. Y eso es muy peligroso en un país donde nadie es dueño de los votos ni nadie puede colocarse por encima de la voluntad popular.

Pedro Castillo está obligado a evaluar, reflexionar y entender que el pueblo le ha otorgado una inmensa responsabilidad, no para atrincherarse en palacio, sobrevivir en medio de la inacción y mantener todo igual, sino para gobernar con sentido de justicia y llevar adelante los cambios necesarios que el pueblo exige.

La renuncia de Avelino Guillen aparece como síntoma de que en el gobierno reina la confusión y la lucha contra la corrupción no parece ser efectiva. Ceder ante el chantaje de los corruptos que deshonrar la labor de la policia puede tener implicancias mayores. Dicen que la pita siempre se rompe por el lado más débil, y en este país la corrupción institucionalizada es ese lado. Que nadie se llame a engaño

Y es que en medio de todas esas pugnas las posibilidades de generar un consenso en las alturas para garantizar la gobernabilidad del país parecen imposible, la ultra derecha está más interesada en llevar al país a una peligrosa confrontación de poderes para recuperar el gobierno perdido en las elecciones, y por esa misma razón si Castillo no quiere fracasar o ser vacado, tiene que ser firme en su decisión de luchar contra la corrupción, lograr agrupar a toda la izquierda para avanzar en este proceso de cambios, fortalecer sus vínculos reales con el pueblo organizado y gobernar atendiendo las demandas populares.

No hay otra alternativa porque al final de cuentas si cae el gobierno no será Pedro Castillo quien pierda en esa biliosa confrontación con la ultraderecha, será el pueblo.

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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