La responsabilidad de gobernar

LA RESPONSABILIDAD DE GOBERNAR

Por Fredy León

Perú Libre ganó -con las justas- las elecciones presidenciales. Una frágil mayoría prefirió a Castillo como presidente aunque no le otorgó mayoría en el congreso. Perú Libre ganó el ejecutivo, y con ello el derecho a formar gobierno, pero por desinteligencias de su bancada perdió el poder legislativo que quedó bajo el dominio de los que perdieron las elecciones.

Esta situación, en la práctica, ha configurado una suerte de dualidad de poder. En Francia, para evitar que el enfrentamiento de poderes genere una crisis política, inventaron el juego de la «cohabitación»; en Perú esa posibilidad es remota, aquí la política es entendida en terminos «Clausewitzianos», es la continuación de la guerra por otros medios. Y en esa confrontación alguien debe perder.

Por un lado tenemos un gobierno que nació débil, con problemas hasta para armar un buen equipo de gobierno, obligado a improvisar en el camino y con un presidente que muestra dificultades para liderar el país; y por otro lado una oposición beligerante, recalcitrantemente reaccionaria, obsesionada con promover la vacancia presidencial y que cuenta con el apoyo absoluto de los poderes fácticos que controlan la economía, los medios de comunicación, neutralizado el Tribunal Constitucional y con
una enorme influencia en el poder judicial.

Castillo empezó a gobernar con la tempestad en su contra, nunca antes un presidente asumió el gobierno con la espada de Damocles colgando sobre su cabeza. Su primer gabinete fue una propuesta interesante, no tanto por la genialidad de las ideas o novedad de las propuestas de Guido Bellido, sino por la identidad social de sus integrantes. Con Bellido llegó a Palacio ese sector social ancestralmente marginado y despreciado por el poder. Y eso no fue poca cosa.

Bellido desencadenó todos los demonios racistas de esa burguesía limeña decadente que siempre despreció y humilló al Perú real.

La gestión de Bellido no fue mala pero su visión de país se perdía en el vacio. En su gestión hubo mucho ruido pero poca claridad, y para los que hoy agitan la palabra «traición», sería bueno que recuerden el discurso de Bellido en el congreso. ¿Qué dijo sobre la Asamblea Constituyente? Nada. Su discurso está ahí para el que desee leerlo.

Bellido era la resistencia numantina frente a la derecha bruta, achorada e ignorante, pero es un craso error pensar que se eligió un gobierno únicamente para resistir. Y una peligrosa ilusión creer, como ahora insinua Vladimir Cerrón, que Castillo fue elegido para hacer la revolución y que en tres meses debía «voltear la tortilla.» La impaciencia puede ser buena cuando se tiene una estrategia clara y un buen equipo de gobierno, pero es una mala consejera cuando se deambula en la nada y se predica en la soledad.

La caida del gabinete Bellido era cuestión de tiempo, la duda estaba en saber si en su caída iba arrastrar a Castillo, objetivo central de toda la campaña montada por la derecha, o Castillo podía sobrevivir a Bellido. El ex Primer Ministro inexplicablemente se abrió varios frentes de batalla, la extrema derecha le respiraba en la nuca y su gabinete carecía de solidez y coherencia. Bellido no logró cruzar el rubicon que divide las aguas y prefirió seguir siendo un simple dirigente contestatario que actuar como un hombre de estado. Ser Primer Ministro exigia mucha responsabilidad con el país, tener claridad en las políticas a implementar y habilidad para liderar el consejo de ministros. Bellido agotó su capital político en poco tiempo y lastimosamente demostró que no era la persona indicada para conducir la nave en tiempos tormentosos. La derecha había logrado cercar al gobierno y el fantasma de la vacancia rondaba palacio de gobierno.

El cambio de gabinete fue un acto de sobrevivencia política de Castillo. La manera como Castillo decidió los cambios no fue la más adecuada, se necesitaba mayor transparencia y una explicación cabal de las decisiones de gobierno, pero la designación de Mirtha Vásquez no es ninguna concesión a la derecha o una renuncia de Castillo a sus promesas electorales. Acusar de «caviar» al nuevo gabinete es comprensible en las mentes infértiles y fantasiosas como la de Aldo, Expreso o Perú21 que confunden la política con un circo pueblerino y para quienes hasta Vizcarra y Sagasti son comunistas. Pero es un sinsentido escuchar en gente de izquierda refugiarse en un termino tan banal que no significa nada. En momentos de confusión se necesita algo de profundidad y seriedad en el análisis, no podemos ser meros repetidores de las jocosidades que de vez en cuando inventa la derecha. Dejemos que esa derecha bruta se solase con esa mentalidad chicha de los que han rebajado la política a una mediocre guerra de adjetivos.

La decisión anunciada por un sector de los congresistas de Perú Libre de no dar el voto de confianza al nuevo gabinete es algo precipitado, una actitud infantil e irresponsable con el país que puede ser el desencadenante de una grave crisis política que debilitará al gobierno y donde la derecha será la única beneficiada. Creo que Vladimir Cerrón se equivoca de «enemigo» y comete un grave error en pretender monopolizar la lucha por una nueva constitución y presentar a su partido como el único abanderado de esa lucha. En el país habrá una nueva constitución no por voluntad de Castillo o Cerrón, sino por voluntad soberana y democrática del pueblo.

Da la impresión que Vladimir Cerrón no es plenamente conciente de las implicancias que tiene enfilar sus lanzas contra el gobierno que él ayudo de manera decisiva a llegar a palacio y ahora gratuitamente le regala más munición a una derecha encabritada que tiene sed de venganza y quieren a toda costa la cabeza de Castillo.

Es cierto que un éxito del gobierno será visto como un éxito de Castillo pero un fracaso será un fracaso de todas las izquierdas. Y no creo que sea inteligente ni revolucionario promover el fracaso de un gobierno que aun sigue batallando para terminar con la pesada herencia neoliberal impuesta por la dictadura fujimontesinista y abrir un nuevo rumbo para lograr el desarrollo sostenido del país y mejorar sustancialmente las condiciones de vida de todos los peruanos.

En circunstancias como esta vale la pena recordar las palabras del Amauta «No vale el grito aislado, por muy largo que sea su eco; vale la prédica constante, continua, persistente. No vale la idea perfecta, absoluta, abstracta, indiferente a los hechos, a la realidad cambiante y móvil; vale la idea germinal, concreta, dialéctica, operante, rica en potencia y capaz de movimiento.»

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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