Las izquierdas: entre el hígado y la razón

LAS IZQUIERDAS: ENTRE EL HÍGADO Y LA RAZÓN

Por Fredy León

¿Por qué tanta derrota, Marcola?
—Porque solamente existe la muerte para nosotros.
—No es cierto, Marcola.
—¿Qué?
—También existe Dios, Marcola.
—Pero está sordo, ciego y mudo, padre Polo.
Saber matar, saber morir
Augusto Higa Oshiro

Las izquierdas han sido derrotadas más por sus divisiones internas que por méritos propios de sus adversarios. La división de la Izquierda Unida en 1990 y su posterior extinción facilitó el camino para el triunfo del fujimontesinismo y la contrareforma neoliberal se impuso en el país sin mayor oposición.

El sectarismo, la inmadurez política, la impaciencia, el miedo al cambio, las ambiciones de pequeños caudillos, la falta de una cultura de debate, el radicalismo vacio -De la Puente dixit- etc. explican en gran medida las causas de las derrotas. Superar esas limitaciones resulta clave si realmente se quiere avanzar en un proceso de cambios y disputar el poder a la derecha.

El sorpresivo triunfo electoral de Pedro Castillo ha colocado a las izquierdas frente a retos mayores y la crisis del régimen del 93, tarde o temprano, va obligar a una definición. El frágil equilibrio político instaurado, luego del triunfo de Castillo, no va perdurar una eternidad. Por eso es importante entender el momento político, analizar las estrategias en pugna y examinar con objetividad las correlaciones de fuerzas políticas y sociales que se vienen configurando.

En primer lugar el triunfo electoral de Perú Libre ha sido una irrupción espontánea de las masas que con su voto expresaron su rechazo a la candidatura de Keiko y apostaron por un candidato desconocido y sin mayor experiencia política, que reivindicaba su extracción social y criticaba, de manera simple y muchas veces con mas confusión que claridad, el modelo neoliberal. El discurso de Castillo nunca rebasó los límites del reformismo y muchas de sus propuestas estuvieron marcadas por el radicalismo sindical que es de donde proviene Castillo.

En segundo lugar Perú Libre ganó el gobierno pero no el poder. Esto, que parece una perogrullada, hay necesidad de repetirlo hasta el cansancio. Hay gente que piensa que se puede acostar en un país capitalista y amanecer en uno socialista; y no solo eso, sino en su confusión creen que basta con acuñar una consigna para solucionar todos los entuertos del país y no llegan a diferenciar lo que es un ideario político con un plan de gobierno.

En tercer lugar la candidatura de Castillo fue resultado de la improvisación y un reflejo de la precariedad política de Perú Libre. Castillo no tiene sus raíces ideológicas en Perú Libre, muchos de los congresistas de PL se consideran independientes y los reales -o imaginarios- desencuentros entre Castillo y Cerrón, que solo benefician a la estrategia de la derecha, no son de caracter principista.

En cuarto lugar luego del triunfo de Castillo se ha configurado en el país una oposición maximalista hegemonizada por sectores de la ultra derecha que controlan el poder real y tienen como objetivo central lograr la vacancia presidencial. El congreso ha colocado a la defensiva al gobierno de Castillo y con la aprobación de la discutida ley que interpreta la cuestión de confianza está llevando al país a una nueva confrontación de poderes.

En quinto lugar estamos frente a un gobierno en proceso de construcción. El gabinete de Guido Bellido, de efímera existencia, fue concebido como una gabinete para la confrontación política pero antes de librar su primera batalla perdió la guerra al permitir que la Marina de Guerra vetara la presencia de Héctor Béjar como Ministro de Relaciones Internacionales. El gran mérito de Guido Bellido es haber resistido frente a la brutal ofensiva de la derecha, pero resistir es insuficiente para gobernar. Bellido pagó el costo de la improvisación con que Perú Libre definió el primer gabinete y Castillo, para poder sobrevivir, se vio obligado a elegir entre enfrentar en condiciones desventajosas el casi inminente pedido de vacancia presidencial o ganar tiempo para ordenar su gobierno y empezar a construir una correlación de fuerzas favorables a la gobernabilidad del país; aunque esto, en un primer momento, signifique rebajar las espectativas de cambios radicales inmediatos.

En sexto lugar la designación de Mirtha Vásquez, como nueva Primera Ministra, no es un giro al centro. Ni Bellido era el revolucionario que iba a llevarnos al paraíso socialista ni Mirtha Vásquez es una traidora neoliberal. Ese es un discurso chato que obnubila la mente, se aferra a una estrategia de derrota y rebaja el debate político a una guerra de consignas.

En sétimo lugar la derecha sigue siendo fuerte. Han perdido el gobierno pero controlan la economía, el congreso, mantienen la hegemonía absoluta sobre los medios de comunicación, tienen enorme influencia sobre el poder judicial y han logrado, por el momento, bloquear los intentos para convocar a una Asamblea Constituyente. El camino para lograr las grandes transformaciones económicas, sociales y políticas sigue siendo complejo. Se necesita construir una verdadera unidad popular bajo un programa de acción que unifique criterios tanto para gobernar como para la acción política de las masas. Un gobierno sin un sólido apoyo social está condenado a la derrota, un movimiento social sin conexión orgánica con el gobierno no podrá avanzar más allá de la simple protesta reivindicativa. Hay que gobernar para transformar el país y mejorar la calidad de vida de todos los peruanos.

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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