Un gobierno en construcción

Un gobierno en construcción

Por Fredy León

El sorpresivo triunfo electoral de Perú Libre ha modificado radicalmente el escenario político nacional. Por primera vez en nuestra historia una fuerza política de izquierda, provinciana, plebeya, con una propuesta que busca cambiar el modelo neoliberal, un partido sin mayor experiencia en la gestión gubernamental, con pocos cuadros políticos y técnicos y con un candidato que genera muchas dudas sobre si será capaz de liderar el país en medio de una fuerte polarización, ganó en las urnas su legítimo derecho a gobernar.

Lo sucedido el 28 de julio no ha sido un simple cambio de gobierno, ha sido un cambio de época: con Castillo llega el Perú de todas las sangres, todas las razas y de todas las patrias. Su primer mensaje en el congreso aludiendo a nuestra tradición pre-hispánica, a ese mundo andino que existió mucho antes del arribo de los españoles, tuvo la enorme virtud de ofrecernos una visión total del Perú y acabar con esa tradición mutilada que tomaba la herencia colonial como la única fuente sobre la cual se debía construir la nación peruana. Su compromiso de que buscará convocar a una Asamblea Constituyente es una ratificación de que Castillo no renunciará a su propuesta de cambiar el país.

Con el triunfo de Pedro Castillo ha irrumpido intempestivamente en la escena política oficial un nuevo sujeto social que hasta hace poco fue invisibilizado y marginado por ese estado neoliberal “basado en la exclusión de las mayorías, a las que se les otorgaba en el mejor de los casos un lugar en la historia pero no en la política.”

La composición de su primer gabinete refleja esa nueva visión que expresó Castillo en su primer mensaje al país; hay un fuerte elemento de identidad social que marca su conducta, son los nadies que buscan abrirse paso en ese mundo hostil y desconocido de la burocracia estatal que siempre los marginó. No es un gabinete perfecto, hay poca presencia de la mujer pero es lo más representativo de ese Perú real que Castillo representa.

La designación de Guido Bellido como presidente del Consejo de Ministros, más allá de las críticas -algunas válidas y muchas basadas en prejuicios sociales, enfoques ideologizados o motivaciones políticas de los que perdieron las elecciones y se niegan a reconocer su derrota- tiende fundamentalmente a reforzar esa identidad política con su base social, que al final de cuentas será la garantía de la gobernabilidad en el país y posibilidad que Castillo termine su mandato constitucional.

No creo que el de Bellido sea un gabinete de choque, como algunos sectores de la oposición sostienen; creo que es un gabinete de un gobierno que está en proceso de construcción y que arrastra esas limitaciones políticas que tanto Perú Libre como Castillo mostraron durante la campaña electoral. En el mejor de los casos, es un gabinete pensado para los tiempos de extrema polarización que vive el país donde los acuerdos van a depender más de la correlación de fuerzas sociales y políticas que de la sola voluntad de los actores políticos.

Y es que como todo proceso de cambios el triunfo electoral de Castillo ha generado una fuerte resistencia por parte de los poderosos sectores sociales, económicos y políticos que han sido desplazados del poder ejecutivo y donde las posibilidades de lograr una cohabitación pacífica entre el poder ejecutivo y el poder legislativo son mínimas. La historia, reciente y pasada, no da espacio al optimismo. Somos un país donde la política es vista principalmente como confrontación, no existe una sola experiencia positiva donde el consenso y concertación entre poderes dirigidos bajo distintos signos políticos haya sido exitosa. ¿Por qué podría ser diferente con Castillo?

Lamentablemente el Perú sigue preso de sus demonios, es como si el tiempo no hubiera transcurrido y esa sentencia escrita hace 30 años, por Carlos Iván Degregori, machaca en nuestra mente: “El proceso electoral y su desenlace anunciaban, pues, la fragilidad y volatilidad del actual gobierno y del conjunto del sistema político peruano, porque la crisis del país no es solo económica sino también de representación política y autoridad moral. Una nueva sociedad plebeya multiétnica sigue sin encontrar su expresión en el Estado.”

Y es que hasta el momento todo indica que el país está avanzando a pasos agigantados hacia un brutal choque de poderes. Lo estamos viendo en las pantallas de televisión, en los titulares de la prensa limeña y en las calles de Lima donde un pequeño sector de la oposición ultraderechista, alentada por esa canalla mediática que controlan los medios de comunicación que han sacando todo lo peor de su repertorio para deslegitimizar la presidencia de Castillo, vienen haciendo un virulento llamado a la confrontación total y presionando al congreso para votar por la vacancia inmediata de Castillo.

Ojalá me equivoque pero creo que las posibilidades de que asistamos a una tregua política entre el ejecutivo y el legislativo son mínimas. Y cuando la política, que también es diálogo y negociación, es derrotada por esos medios que agitan la propuesta de la solución final, entonces se abren las puertas de la violencia.

En Perú sus problemas irresueltos siguen siendo más grandes que las posibilidades de encontrar una solución democrática.

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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