La agonía final del escribidor

LA AGONÍA FINAL DEL ESCRIBIDOR

Por Fredy León


Debe ser terriblemente decepcionante que en el ocaso final de tu existencia la última batalla a librar sea en medio del estiercol, alentado por bribones, oportunistas y mercenarios de la política, levantando la mentira como estandarte y enarbolando las banderas negras del fascismo y la supremacia racial.

Triste final, la de nuestro escribidor, que desde España ha elegido librar una singular batalla, sin gloria ni dignidad, para cerrar con deshonor el último capítulo de su existencia. Después de esta tragicomedia montada en los viejos salones de la monarquía española ¿qué queda del sartrecillo valiente? Solo mierda.

Vargas Llosa se ha atrincherado en la cloaca de la ignominia intelectual para desde ahí azuzar con un oscuro discurso violentista, irracional y abiertamente golpista, esbozado desde ese su arcaico complejo de superioridad racial y desprecio total por el mundo andino, donde el autor de “la guerra del fin del mundo” se coge de un clavo candente para exteriorizar su rancio clasismo decimonónico y arremeter contra nuestro presidente electo llamándole despectivamente “maestro de segunda.” El viejo gamonalismo, el país de la horca y el cuchillo, resurge con las ideas del premio nobel.

Vargas Llosa ha elegido ser el rostro visible y la rabona repetidora de las afiebradas acusaciones de fraude urdida por la eterna candidata perdedora y en su desesperado alegato apela a los militares para impedir que la voluntad popular se materialice.

La guerra declarada por Vargas Llosa ya no es únicamente contra el profesor Castillo, es contra la dignidad de todo un país que utilizó el valor más preciado que tiene toda democracia: el voto ciudadano.

Si Vargas Llosa lograra que el poder de las bayonetas se impongan sobre el poder del voto ciudadano, estará abriendo las puertas de la violencia total y teñirá de sangre su cortejo final. Pero como dijo esa gra escritora mexicana, Elena Garro, “No todos los hombres alcanzan la perfeccion de morir, hay muertos y hay cadáveres.”

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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