¿Un Castillo Bonapartista?

Por Fredy León

No me gustó que el primer anuncio casi oficial del Presidente Castillo haya sido ratificar a Julio Velarde en su cargo de presidente del Banco Central de Reservas, en las izquierdas tenemos profesionales altamente cualificados y con una trayectoria honesta y coherente para asumir esa responsabilidad; no me gusta que el político Castillo repentinamente repita en sus mítines “que no es chavista, que no es comunista, si no que es demócrata”, por que entre sus votantes hay muchos que somos comunistas, chavistas y demócratas de convicción que no renegamos de nuestra identidad política y no creo que las amenazas, miserias, torpezas y actitudes mafiosas de Keiko libren automaticamente de toda critica a Castillo.

Castillo fue elegido presidente por lo que representa social y politicamente; por su extracción de clase y por su discurso de cambio. Separar esa unidad dialéctica construída alrededor de su candidatura presidencial, en un momento especial donde la crisis del régimen del 93 ha hecho metastasis, sería una derrota demasiada traumática para todas las fuerzas que luchan por construir una patria nueva.

Si Castillo reniega de sus orígenes sociales quedará convertido en un Toledo II; si Castillo olvida su mensaje político de cambio pasará a la historia como un Ollanta II.

La única opción que tiene el presidente Castillo es ser coherente con el dirigente sindical y con el discurso político del candidato que llegó a palacio gracias a los votos de los desheredados y marginados del sistema; tiene que ser consecuente, aunque el frío hiele, el fuego queme y el alma se debilite, con el compromiso de honor de culminar el inconcluso proceso de transición -iniciado por el gobierno transitorio de Valentín Paniagua- a un sistema político y económico radicalmente diferente al impuesto por la dictadura fujimontesinista.

Pretender colocarse encima de esa dramática contradicción es moverse en la dirección opuesta al sentido de las luchas que hoy viene librando nuestro pueblo por hacer respetar la voluntad soberana de una mayoría -es cierto precaria pero mayoría al fin de cuentas- que decidió otorgar su confianza al profesor Pedro Castillo, por su compromiso de refundar la patria, y no a Keiko Fujimori, que prometió mantener todo igual.

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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