A un paso de la segunda vuelta

Por Fredy León

Sobre la base de los datos tan dispersos, diferentes y contradictorios que las empresas de opinión vienen difundiendo se puede especular mucho pero lo único seguro es que en medio de esa terrible fragmentación política que arrojan las intenciones de voto, la batalla por llegar a Palacio de gobierno se definirá en la segunda vuelta, el congreso que se viene se asemejará más a ese Perú informal donde nada es lo que parece ser, que gobernar el país del bicentenario va ser una tarea titánica y que la presidencia de la república, que tan arduamente se disputan 18 candidatos, se parece más a coger un clavo caliente que recibir un pétalo de rosas. El que resulte elegido no tendrá ni tiempo para respirar.

Y es que esta atípica campaña electoral nos muestra que el país está sumergido en una descomunal batalla de todos contra todos. La campaña se ha convertido en una suerte de simulacro de una soterrada guerra civil donde resulta imposible distinguir a los ejércitos que se enfrentan, una guerra donde nadie sabe donde está el frente de batalla ni dónde queda la retaguardia. Es como si Kafka hubiera escrito el guión del caótico escenario electoral.

En la derecha la disputa es a cara de perros. Keiko está viendo impasible cómo su hasta hace poco indiscutible liderazgo se viene desmoronando por sus dos flancos. Lo que sucede en la derecha es canibalesco, es como si a una gallina vieja de pronto dos tristes gallinazos comienza a ir desplumándole sus alas. Por la extrema derecha tiene a un estrafalario personaje sacado de una tira cómica que le ha arrebatado el discurso mendaz y rabioso, un candidato que apela a los instintos más primitivos del egoismo, individualismo a ultranza y fanatismo religioso. Y por su otra derecha Keiko tiene a un señorito con aires de viejo aristócrata y modales de palomilla de esquina que no sabe si candidatea para ser virrey o participa en uno de esos aburridos programas de concursos donde uno tiene que demostrar que ha leído el periódico de ayer.

En el centro todo sigue confuso, ahí están más preocupados en apagar las velas y dejar que el país siga en la oscuridad. Por un lado tenemos un candidato que cree que el Huascar es más importante que el tema del gas, que un programa de gobierno se puede resumir en tres inocuas frases y su máxima originalidad es presentarse como si fuera un clon del fundador de AP. Si Belaunde fue un presidente mediocre, miedoso para tomar decisiones y demasiado preocupado en mantener las apariencias, la copia que apareció es de tan pésima calidad que ni con un buen cañazo logra sacudir el alma acongojada de la nación. El problema del centro es que luego de José Luis Bustamante y Rivero (1945-48) los que buscan representar ese espacio carecen de convicción y se dedican a marcar el paso en el mismo lugar. Es cierto, cada tiempo aparecen algunos ilusos centristas que creen que gobernar el país es como jugar una pichanguita donde el partido debe terminar empatado y sin goles. Y es que desde ese centro miedoso de las definiciones, generalmente los que reivindican ese espacio no tienen el valor para decir las cosas por su nombre e inventan un discurso fofo y sin ideas, como eso de luchar contra la “mismocracia” para terminar afirmando que ellos si pueden cambiar la vieja batea sin derramar una gota del agua sucia y hedionda que asfixia al país real.

En la izquierda la lucha es contra la fatalidad de la historia que nos ata a un destino sin futuro, contra el miedo al cambio que nos inmoviliza, contra el inmenso poder del dinero que tritura conciencias y compra voluntades y, en algunas ocasiones, contra esa otra izquierda marginal que deambula en la protohistoria, que se niega a entender el momento que vivimos y no logra ver que en estas elecciones llegó la hora de pasar del simple voto de protesta al voto de conquista del gobierno. Para la izquierda nada ha sido facil, siempre ha avanzado sometidos a un fuego a granel que viene desde el poder real, pero también -como escribió nuestro poeta universal- ha tenido que aprender a cuidarse de aquellos personsjes sin sentido de historia que levantan la hoz sin el martillo y rinden pleitecia a las estrategias de derrotas. Son tiempos complicados pero cuando los tiempos se aceleran es síntoma de que la victoria toca las puertas, por eso este 11 de abril, la izquierda, con Verónika, puede hacer historia y empezar a escribir la otra historia, la nueva historia de los pueblos que con su lucha, unidad y decisión forjan la verdadera victoria.

Acerca de Wirataka

"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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