El último bolchevique

Por Fredy León

Valentín Pacho es -junto a Gustavo Espinoza- uno de los últimos dirigentes históricos vivos del viejo partido fundado por el Amauta; un sobreviviente de los tiempos heroicos del comunismo peruano donde la revolución socialista aparecía como una posibilidad real, la clase obrera era un protagonista principal en la escena política nacional y los comunistas disputaban a la historia su derecho de ser la vanguardia política de ese proceso de construcción del socialismo que, a decir de Lenin, asomaba por la ventana.

Valentín Pacho, dirigente obrero arequipeño, encarcelado y deportado por la dictadura de Morales Bermúdez, ex Secretario General de la CGTP, senador por Izquierda Unida y actual vicepresidente de la Federación Sindical Mundial, llegó a ser uno de los dirigentes comunistas más respetados y temidos por la derecha anticomunista en los tiempos donde el PC era un partido de clase, con una ideología definida y una praxis revolucionaria. Un líder obrero que expresaba con fidelidad y claridad los sentimientos de su clase.

De Valentín Pacho podemos afirmar que es una de las últimas voces lúcidas que quedan en el PC, un viejo bolchevique que batalla tercamente contra la resignación derrotista que dominan en los predios comunistas y que busca mantener encendida la llama de la revolución socialista; aunque claro, en estos tiempos de desconcierto resulta difícil saber si sus opiniones reflejan la posición oficial de su partido o simplemente son parte del titánico esfuerzo de esas voces aisladas de militantes comunistas que buscan algo de claridad en medio del silencio y la confusión que reina en el viejo partido fundado por el Amauta; un partido que en palabras de su Secretario General, Luis Villanueva, prefiere el lenguaje ecléctico de Mariátegui, el nieto díscolo, al verbo revolucionario del Amauta, y que hace poco sostenía que “el PCP no participará en las estructuras ni tareas de Juntos por el Perú, ni participará del proceso de afiliación, ni de organización de los comités provinciales de Juntos por el Perú” (Directiva nr. 0013-2020/RCN-FU-CC), para luego acusar a otros de antiunitarios.

El artículo de Valentín Pacho “Utopia de la unidad de la izquierda peruana” publicado por Oscar Alarcón en su blog “Chaskillakta”, y que inexplicablemente no aparece en la web oficial del PC, me parece que es un intento serio y honesto de buscar una explicación de por qué resulta casi imposible reconstruir la unidad de las izquierdas. Pacho hace una valoración histórica de la experiencia que significó la Izquierda Unida (1982-1992) y sostiene que la unidad de las izquierdas es necesario e imprescindible no solo para ganar las elecciones, sino, y sobre todo, para garantizar con las masas movilizadas la gobernabilidad y el éxito de un gobierno que busca transformar la económica, el estado y la sociedad.

Para construir la unidad de las izquierdas se necesita voluntad política, convicción, conciencia, organización y grandeza de espíritu colectivo para emprender una obra histórica en bien del país. Y para ser exactos, las izquierdas están lejos de ser organizaciones políticas sólidas y expresiones orgánicas del pueblo. Y hasta el propio concepto de qué significa ser de izquierdas está en debate. Ya no alcanza con hacer referencias a la historia y hablar de jacobinos y girondinos. El mundo exige respuestas actuales.

Podemos decir que en el Perú ser de izquierda no es más que un estado de ánimo que aglutina a pequeños grupos que sobreviven a duras penas, y es que como señala Martín Tanaka en su artículo ¿Qué pasó con la izquierda?, publicado el 12 de enero en El Comercio, la debacle de nuestras izquierdas se produjo porque se quedaron sin clase, sin conflicto y sin conciencia.

Si la unidad de las izquierdas es, por el momento, una utopía irrealizable, como acertadamente afirma Valentín Pacho, entonces ¿por qué no buscar otras vías? ¿Si no se puede unir al todo, porque no empezar uniendo a las partes? ¿O es que la unidad es un discurso solamente para tiempos de elecciones?

Creo que en el tema de la unidad de las izquierdas Valentín Pacho debería tener una mirada más crítica hacia el interior del PC y ver lo que sucede dentro de la vertiente comunista de las izquierdas, ese sector que hasta finales de la década de los 80 del siglo pasado fueron las organizaciones más fuertes e importantes de las izquierdas. A veces el pensamiento resulta siendo más audaz cuando se pasa del análisis abstracto a lo concreto.

Los comunistas tienen responsabilidades, y grandes, en la división y fragmentación de las izquierdas. Es difícil reconocer y aceptar, pues muchas veces la realidad es menos manejable que las palabras, pero hay que decirlo: el partido fundado por Mariátegui ha muerto. Ni el PC ni Patria Roja son herederos de esa obra histórica que Mariátegui imaginó para el Perú. Las siglas pueda que sobrevivan, pero el contenido está vacío. El comunismo ha perdido su fuerza de atracción, la clase ha dejado de ser un actor político, la intelectualidad lo mira con desdén y las organizaciones que se autodefinen como tal no pasan de ser pequeñas sectas inservibles para la acción política y sin sentido de historia. La extinción del viejo partido fundado por Haya de la Torre debería llevar a los comunistas a reflexionar sobre su incierto futuro. El final del Apra es el final del camino iniciado por esa generación histórica de líderes políticos gestados en los lejanos años de 1920.

En esa situación la mejor contribución que podrían hacer los camaradas del PC y Patria a la unidad de las izquierdas, y a las luchas de nuestro pueblo, es dar el ejemplo y empezar a transitar el camino de la unidad de los comunistas para reconstruir el sujeto social de la revolución, reposicionar a la clase obrera en el centro del conflicto político y convertirse en la fuerza impulsora de la unidad de las izquierdas para ser una alternativa real de gobierno y poder. Un Partido Comunista grande y fuerte podría ser el polo de atracción para aglutinar al resto de las izquierdas.

Pero como señala el histórico dirigente comunista italiano, Lucio Magri, en su libro-memorias “El sastre de ULM”, para hacer un partido, o mejor, para refundarlo se necesita organización, ideas claras, luchas duras, poca demagogia y sobre todo, un grupo de dirigente capaz de hacer pedagogía, rico en ideas y en prestigio, solidario y unido por la experiencia.

Si la unidad de las izquierdas sigue siendo una utopía, entonces la pregunta que Valentín Pacho debió haber planteado es ¿por qué no empezar con la unidad de los comunistas? Salvo que los dirigentes comunistas tengan, como sostenía irónicamente el famoso escritor argentino Ernesto Sabato, esa típica cobardía de los japoneses, que, temerosos de un mundo imperfecto y propicio a la deshonra, prefieren lanzarse a la muerte para asegurarse una confortable eternidad.

Acerca de Wirataka

"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
Esta entrada fue publicada en Política y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s