Annus horribilis

Por Fredy León

2020 fue un año brutal, un año horrible que trajo muerte y profundo dolor humano para la gran mayoría de peruanos que vieron como la propagación de un virus mortal les arrebataba la vida de sus seres queridos y deterioraba de manera dramática sus ya precarias condiciones de existencia.

La pandemia nos cogió desprotegidos, con un pésimo sistema de salud pública, un estado corrupto y desmantelado sin capacidad ni medios para proteger a los más vulnerables e indefensos y con un gobierno que actuo con desidia e incompetencia propia de esa mediocre clase gobernante que en los momentos difíciles priorizó sus pequeñas disputas por el poder y en medio de la pandemia llevaron de manera irresponsable al país a una absurda crisis política.

La pandemia complicó nuestra existencia y desencadenó una profunda crisis económica; cientos de empresas quebraron, miles de puestos de trabajo desaparecieron, los salarios y las pensiones se redujeron, la vida se puso cuesta arriba generando angustia y descontento en la población frente a un gobierno carente de imaginación y que decidio hacer más de lo mismo: reprimir los reclamos de la gente a punta de balas y bombas y exigir mayores sacrificios a los trabajadores para intentar salir de la crisis económica.

En ese escenario complicado llegamos a fin de año con un país ensangrentado, desconcertado, fragmentado, polarizado y sin un horizonte común; un país donde los trabajadores se han visto obligados a luchar en las calles por un poco de justicia mientras en el congreso los defensores del neoliberalismo exigen meter más bala; un país donde la gente está luchando por tratar de sobrevivir con salarios miserables mientras al otro lado vemos a unos pocos burgueses preocupados en conservar sus privilegios y aumentar sus fabulosas cuentas bancarias; un país donde los desdichados familiares de Inti y Bryan vienen luchando contra el olvido y la injusticia mientras los verdugos que propiciaron esos crímenes -como Manuel Merino y Antero Flóres- son protegidos por el estado y gozan de total impunidad; un país donde el presidente que pidió perdón por los asesinatos de Inti Sotelo y Bryan Pintado, aplica la misma política represiva que en dos meses de su gobierno ha cobrado la vida de otros jóvenes: Jorge Yener Muñoz, Kanumer Rodríguez (16 años) y Reynaldo Reyes Ulloa.

Si el 2020 fue un año horrible el 2021, el año del bicentenario, no parece que pueda ser mejor. El país llega al bicentenario destrozado por la corrupción, naufragando en medio de una profunda crisis económica, sin posibilidad de garantizar la vacuna contra el virus y sumido en la apatía por la mediocridad de nuestra clase política. Al igual que en 1821 el país sigue siendo una vaga promesa a construir. Levantar el país de sus escombros va exigir mucho esfuerzo, claridad de ideas y voluntad de romper las cadenas del atraso y miseria que nos condenan a ser un país subdesarrollado y de profundas injusticias.

Recuperar la patria es una obra colectiva, despertar la conciencia y forjar una nueva voluntad política es tarea de los líderes. Y en esa perspectiva la esperanza del nuevo país lleva nombre de mujer: Verónika Mendoza, una mujer valiente, clara en sus ideas, inteligente en su accionar, con una genuina identificación con la gente que con su trabajo, sudor y sangre sostiene la patria y que ha demostrado tener la capacidad para unir al pais en la forja de un nuevo destino.

2020 fue un año horrible, 2021 puede ser el año que los peruanos decidimos refundar nuestra patria.

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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