La crisis política toca las puertas

Por Fredy León

 

Por las noticias y comentarios que circulan por las redes sociales da la impresión que el país está entrando en un tiempo político de incertidumbre total justo en momentos donde las cifras de contagiados y muertos por el covid19 va adquiriendo un carácter espeluznante: 100 000 contagiados; 3 000 muertos; personal médico expuesto a laborar en condiciones de alto riesgo y un sistema de sanidad pública a punto de colapsar. Todos los ingredientes necesarios para pintar un cuadro nada esperanzador.

Y en medio de eso aparece la torpeza y miopía de las elites que a paso acelerado están volviendo a reabrir la vieja crisis política irresuelta y que tiene algunos elementos nuevos que deben preocuparnos:

  • El gobierno carece de una estrategia definida para hacer frente a la pandemia y a medida que pasa el tiempo va perdiendo el control en la lucha contra el virus,
  • El parlamento absurdamente ha decidido priorizar la confrontación estéril por el poder al tiempo que se ha mostrado incapaz de buscar consensos mínimos para enfrentar a la pandemia,
  • La gente está perdiendo la paciencia; la desesperación, el hambre y el miedo se van apoderando de amplios sectores sociales,
  • La sociedad se está fragmentando cada vez más, los intereses de pequeños grupos van prevaleciendo sobre los intereses de la sociedad en su conjunto, y la idea del sálvese quien pueda aparece como el último recurso desesperado de los más fuertes, y
  • Los grupos económicos de poder están más preocupados en salvar al mercado que en contribuir a salvar vidas.

Los éxitos iniciales logrados en la lucha contra el virus corren el riesgo de convertirse en un fracaso estrepitoso que pondría en peligro la vida de miles de personas. El caos que vive Brasil, que en un abrir y cerrar del ojos ha pasado del negacionismo al pánico convirtiéndose en el centro del epicentro de la epidemia en América Latina, es lo que nos espera a la vuelta de la esquina.

La cuarentena ha sido una medida extraordinaria y necesaria para evitar el contagio del virus; pero es una medida preventiva y temporal que para garantizar su éxito debió estar acompañada de otras medidas económicas y sociales. No es lo mismo quedarse en casa en un país como Suiza o Noruega que en el Perú, y esto por una sencilla razón: el Perú es un país donde cerca del 70% de su población económicamente activa está desempleada o subempleada (nuestros famosos informales y emprendedores que viven en un mundo de ilusiones) con un deficiente sistema de protección social, con altos índices de pobreza y precariedad social donde miles de familias, compuestas por 5 o 6 miembros, se han visto obligadas a permanecer juntos en ambientes menores de 50 metros cuadrados, con pésimas condiciones de salubridad, sin acceso al agua potable y desagüe y sin que el gobierno les garantice el acceso a la alimentación.

¿Cómo hace una familia que ha perdido sus fuentes de ingresos económicos para quedarse en casa durante dos meses cuando no tienen cómo alimentarse?

Y es aquí donde el gobierno ha fallado. El desborde de la cuarentena no es únicamente responsabilidad de la gente.

El neoliberalismo destruyó todo el sistema de sanidad pública, nos convirtió en una sociedad que vivía al día y el gobierno no quiso –o no pudo- entender que en esas condiciones hacían falta tomar medidas extraordinarias para proteger a la gente.

Una crisis de esta naturaleza, que ha rebasado los marcos sanitarios y adquirido una dimensión de crisis total, no se puede enfrentar únicamente con llamados a la responsabilidad individual invocando a mantener una distancia social, más artificial que real, y aplicando medidas asistencialistas que no llegaron a los sectores más necesitados; hacía falta más conocimiento e imaginación y elaborar una estrategia integral, con medidas económicas, sociales, sanitarias y de solidaridad colectiva para proteger la vida humana amenazada por la pandemia y prepararse para luchar contra su secuela inmediata: el hambre.

Es el hambre el que está empujando a salir a las calles a miles de personas de manera desordenada y elevando los riesgos de contagio del virus. Y si el gobierno no reconoce la gravedad de este problema y no toma las medidas necesarias para garantizar el derecho a la alimentación, no va ser nada extraño que la pandemia adquiera condiciones apocalípticas.

El Covid19 no es un invento maligno ni un juego de niños. Es una peligrosa amenaza a la vida humana, como dice Ignacio Ramonet, “que nos convierte en criminales silenciosos para nuestra propia especie.”

 

 

Acerca de Wirataka

"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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