Diente por diente

Por Fredy León

El cowboy cavernícola que habita en la Casa Blanca ha hecho retroceder el mundo a los tiempos donde regía la ley del Talión y amparado en el poder de las armas, como si estuviera en el viejo oeste, se ha arrogado el derecho de decidir quién debe vivir y quién debe morir.

La decisión tomada por Donald Trump, de aniquilar al general iraní Qasem Soleimani, ha sido un acto de terrorismo de estado puro y brutal. Con esa acción el díscolo mandatario yanqui ha enviado un escalofriante mensaje al mundo. Trump, si así lo desea, puede ordenar asesinar con total impunidad a quien le plazca. ¿Quién será la próxima víctima? ¿El ayatola Alí Jamenei, Maduro, Díaz-Canel, Ortega o Evo? Los únicos que, por ahora, parecen salvarse de la ira de Trump son Putin, Xi y Kim. Supongo que algo tendrá que ver el hecho que esos países poseen armas atómicas

Con Trump las últimas reglas de la guerra han desaparecido y las Naciones Unidas han quedado convertidas en un foro irrelevante conducido por líderes timoratos que han optado por guardar un silencio complice. La cobardía, en momentos dramáticos, nunca puede ser interpretada como sinónimo de sensatez.

Con este método mafioso de asesinatos selectivos el imperio ha dinamitado toda la legalidad política construida luego de la segunda guerra mundial; los Estados Unidos se ha colocado fuera del derecho internacional y, en la práctica, ha anunciado que a partir de ahora el lenguaje de las armas es el único lenguaje que entiende. Trump cree ciegamente que con el poder de las armas puede reescribir las reglas internacionales a su libre albedrío, que puede asesinar impunemente a un reconocido hombre de estado iraní y luego darse el lujo de amenazar públicamente con convertir en polvo la memoria y los monumentos culturales de la nación persa.

Ni Hitler, en el extremo de su paranoia guerrerista, se atrevió a asesinar a dirigentes de otros países y hasta se abstuvo de bombardear París. Y eso que Hitler tenía toda una estrategia de dominio mundial y contaba con una poderosa maquinaria de guerra de la alemania fascista para poner el mundo bajo sus botas mientras que Trump quiere destruir toda una milenaria civilización para salvar su pellejo y ganar unas elecciones.

A pesar de la propaganda desplegada por Trump, no queda del todo claro el tipo de amenaza que significaba el general Soleimani para la seguridad de los Estados Unidos; pero lo que si queda claro es que Trump dio la orden de asesinarlo en un año electoral, a pocos días después que el Partido Demócrata decidiera impulsar el juicio político que busca destituirlo y sabiendo que esa acción iba ser visto como una virtual declaración de guerra al estado iraní.

La ejecución de lider iraní parece haber sido pensado más en clave doméstica y dirigida a los votantes de Trump. Pero lo que Trump parece no haber valorado en su real dimensión son las consecuencias geopolíticas que este asesinato va provocar en una región altamente inestable y donde la menor equivocación puede desatar un conflicto desvastador que va arrastrar a varios países de la región.

Dificilmente se puede desconocer que Israel y Arabia Saudita, enemigos estratégico y religioso de Irán, van a permanecer neutrales en un conflicto armado entre Estados Unidos e Irán. Ellos ven con buenos ojos una intervención militar norteamericana contra Irán.

Pero por lo pronto el tablero se ha ido moviendo contra los intereses yanquis pues el sentimiento antiestadounidense ha unificado masivamente a los iranies y sus aliados chiitas en la región; el parlamento irakí ha decidido expulsar a las tropas norteamericanas estacionadas en Irak; Irán ha decidido retomar su programa nuclear y la cúpula dirigencial iraní ha anunciado, en diversos tonos, que vengarán el asesinato de Soleimani.

¿Significa que Estados Unidos está ad portas de desatar una nueva guerra? Es lo más probable si es que en los Estados Unidos no surge un fuerte movimiento de masas contra la guerra de Trump. Las declaraciones de Trump, luego del atentado criminal cometido contra el general iraní, parecen más una reafirmación de la declaratoria de guerra hecha con el atentado.

Trump cree que tiene mucho más para ganar en una guerra lejos de sus fronteras contra un enemigo que no tiene el poder de fuego para responder al imperio, además sería impensado, si se desata el conflicto bélico, que los demócratas se atrevan a seguir impulsando el juicio político contra Trump, que en promover el diálogo con Irán.

Luego del asesinato de Soleimani, Irán no tiene muchas alternativas, ha sido conducido a un callejón sin salida donde el diálogo con los Estados Unidos se ve como un síntoma de debilidad y la respuesta militar aparece como la única opción que le queda luego que Donald Trump decidiera cruzar de manera irresponsable el Rubicón que separa la paz de la guerra y volver a los tiempos donde impera la ley salvaje de “diente por diente y ojo por ojo.”

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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