Es la hora del pueblo

Por Fredy León

El país vive una situación inédita; bajo la tenebrosa sombra de las revelaciones del entramado mafioso montado por Odebrecht, el conflicto de poderes entre el legislativo y el ejecutivo ha entrado en una fase decisiva. El aprofujimontesinismo ha pasado a la ofensiva política, la aplanadora bruta y achorada que domina el congreso ha archivado, sin discusión alguna, el proyecto de ley de adelanto de elecciones y el lunes se aprestan a tomar el control del Tribunal Constitucional, institución que en esta lucha de poderes, originado por el tema de la corrupción, no es precisamente moco de pavos. Siguiendo esa lógica, el siguiente paso de la mafia va ser declarar la vacancia presidencial.

El gobierno, luego del anuncio hecho el 28 de julio, se ha mostrado falta de reflejos políticos y sin una estrategia clara y definida. Ha dejado pasar el tiempo sabiendo que el tiempo corría a favor de la mafia, de quienes quieren prolongar la decadencia del país para mantener intacto el régimen del 93 y garantizar la impunidad de los mafiosos. Ahora los márgenes de acción de Vizcarra son muy limitados: o sucumbe ante la mafia o se anima a dar la pelea real.

Pero no todo ha sido culpa de un gobierno débil y sujeto a múltiples presiones económicas; las masas, en este periodo, han brillado también por su ausencia. Y eso es responsabilidad de las izquierdas que no han podido ni querido trabajar de manera coherente para imponer una salida democrática a la crisis política que vive el país.

La crisis política ha tenido la virtud de ir delimitando con nitidez los campos de acción: por un lado está la mafia aprofujimontesinista con el apoyo militante de la Confiep; al medio el gobierno que vacila entre conciliar o luchar y en la otra orilla los que proponen ir a una asamblea constituyente y nuevas elecciones apoyado tímidamente por un movimiento popular aletargado que si se anima a cumplir un rol protagónico puede ser el factor fundamental para inclinar la balanza en esta crisis política que vivimos.

¿Qué hacer? A contraparte de lo que propone la Confiep que busca un acuerdo en las alturas, entre Vizcarra y el aprofujimontesisnimo, para no cambiar nada y dejar impune a los corruptos, la salida democrática es dejar que el pueblo, de manera libre y soberana, decida el destino del país.

Estamos en uno de esos momentos donde ni el congreso, que sin discutir ha archivado la ley de adelanto de elecciones, ni el presidente, que perdió la oportunidad de cerrar legalmente el congreso, tienen la necesaria legitimidad política para decidir unilateralmente el futuro del país. Vamos a un referéndum y que sea el pueblo el que resuelva si quiere adelanto de elecciones o vacancia presidencial.

Solo los que temen a la democracia y desean prolongar la agonía de un régimen mafioso que ha destruido la vida política del país, son los que verdaderamente tienen miedo a que en estos momentos de crisis se escuche la voz del pueblo.

O el país es de todos o es de nadie.

 

 

 

 

 

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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