Con mi congreso no te metas

Por Fredy León

Hay pánico, desesperación y desconcierto total en las huestes aprofujimontesinistas. El anuncio de adelanto de las elecciones presidenciales y parlamentarias, hecho por el presidente Martín Vizcarra, los ha dejado todo turulatos. La bankada ha quedado congelada en modus Beteta, Mulder alucina ser el Rambo criollo defensor del congreso y Heresi sueña con ser el fiel escudero de las tropas aprofujimontesinistas.

Y es que a veces, como las letras de esa vieja melodía, cuando crees que estas vivendo tus mejores momentos la vida te da sorpresas. Los fujimontesinistas aún no habían terminado de beber las últimas copas de champaña celebrando lo que hasta ese momento creían era su gran victoria y en las mentes afiebradas de sus ideólogos -Vásquez Kunze dixit- era visto ya como la antesala perfecta para ir por mas y lanzarse al asalto final del sillón presidencial, cuando atónitos vieron cómo Vizcarra les abría las puertas del abismo político. En cuestión de minutos pasaron de la euforia a la depresión total, de jugar con las ilusiones y soñar con su “presidente Olaechea” a terminar como energúmenos gritando “cárcel” para Vizcarra.

Con su anuncio Vizcarra ha tomado la iniciativa política y colocado contra las cuerdas a un congreso desprestigiado, lo peor que ha producido nuestra clase política en toda la historia republicana, y por el cual dudo que alguien se anime a derramar una lágrima si es que Vizcarra, mas por un acto de sobrevivencia política que por convicción, cumple con su promesa de convocar  elecciones adelantadas.

¿Qué ha llevado a Vizcarra a tomar esa medida radical?

El choque de poderes que vivimos es reflejo de una crisis en las alturas producto de las pequeñas ambiciones de poder, la fragmentación política y la incapacidad de la derecha neoliberal para garantizar la gobernabilidad del país. Cierto, en el país hay descontento y protesta, pero no es masiva ni generalizada ni pone en peligro la estabilidad del régimen neoliberal.

Para desdicha de algunos maximalistas virtuales que siguen esperando que el sistema colapse de manera espontánea, en el país no hay indicios reales de que vamos a una sublevación popular que terminará con el régimen del 93. Los tiempos son otros y la historia transcurre lentamente por el camino más tortuoso debido –entre otros factores- a que los actores políticos y sociales que supuestamente representan el futuro están atrapados en el pasado y se sienten cómodos esperando plácidamente que otros les hagan sus deberes. Las masas no están listas para hacer bolillos porque los panaderos se fueron de vacaciones.

Vizcarra comparte con el fujimontesinismo lo sustancial de la agenda económica neoliberal y ambos defienden la constitución del 93; lo que los separa son las disputas por administrar las cuotas de poder y la forma de enfrentar los casos de corrupción. Los tímidos intentos de lograr una cohabitación entre el poder ejecutivo y el congreso fracasaron no tanto porque Vizcarra tuviera una visión más progresista de su gobierno sino por la actitud sectaria del fujimontesinismo que pensaba que al haber propiciado la vacancia de PPK y tener mayoría en el congreso podía manejar el país a su antojo.

El congreso, de la mano del aprofujimontesinismo, poco a poco se fue convirtiendo en un hediondo lupanar, una fortaleza protectora de intereses privados y defensora de los personajes más abyectos que estaban comprometido en actos delincuenciales. El increíble informe de la comisión Bartra, la defensa a ultranza de Hinostroza, Chávarri, Mamani, Becerril, la fuga del congresista Donayre acusado de hurtar gasolina del ejército, el dispendio de los dineros destinados al funcionamiento del congreso, el uso de las instalaciones del congreso y personal administrativo para actividades partidarias del fujimontesinismo, la mediocridad de los debates, ausencia de ideas y proyectos llevaron a que la gran mayoría de la población tenga una opinión negativa del funcionamiento del congreso.

Luego de la negativa del congreso a aprobar las reformas políticas propuestas por el ejecutivo y la elección de Pedro Olaechea como su presidente, Vizcarra tenía razones de sobra para dudar sobre el futuro de su gobierno. El fujimontesinismo, al haber logrado reconstituir su alianza con la cúpula empresarial que maneja la Confiep, iba a exigir la rendición total de Vizcarra y tener vía libre para imponer las reglas de juego de las elecciones del 2021. Creo que Vizcarra sabía que en esas nuevas condiciones, donde la Confiep ha asumido un papel político muy activo, iba camino a convertirse en un irrelevante actor político. Y es que en el juego de poder  “si no estás sentado en la mesa eres parte del menú.”

No olvidemos que el poder del fujimontesinismo está fuertemente entrelazado con la actividad delincuencial de los grupos mafiosos que controlan gran parte del aparato económico y judicial del país, y para quebrar esa simbiosis hay que atreverse a vaciar el agua del estanque de los tiburones. Tarea nada facil, pues en política rige la regla de oro “si tienes poder, puedes hacer de todo.”

El grave error cometido por Vizcarra es no haber sabido manejar bien los tiempos políticos. Cuando asumió la presidencia pudo haber cambiado la historia del país, pudo haber disuelto en ese momento el congreso y convocado a una Asamblea Constituyente para solucionar la crisis que hoy le ha obligado a tomar una decisión arriesgada, de pronóstico incierto. La mayoría aprofujimontesinista en el congreso va hacer todo lo imposible para impedir que el país vaya a elecciones anticipadas. No tendrán la razón ni el respaldo popular; pero controlan el congreso, tienen los votos y muchos privilegios que defender.

La clave de la batalla que se aproxima estará en el poder de la calle. Si las fuerzas democráticas logran configurar una mayoría activa que defienda el derecho democrático del pueblo a decidir libremente el futuro del país, la mafia aprofujimontesinista -que se va atrincherar en la defensa de un congreso rechazado por la población- puede ser derrotada. Pero para eso se necesita tener claridad en las ideas y convicción en la lucha. Las grandes obras de la historia comienzan con pequeñas escaramuzas, y hoy se nos presenta una posibilidad para abrir una pequeña rendija y lograr que el pueblo peruano se reencuentre con su historia.

 

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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