La triste agonía política de Alan

Por Fredy León

¿Cómo valorar la conducta política de Alan García? ¿Por lo que dice o por lo que hace?

Si fuera por lo primero estaríamos ante la presencia de un brillante estadista de talla mundial, un político impoluto que ha regenerado la nación peruana, un personaje público respetado por tirios y troyanos por su alto nivel intelectual y su conducta intachable, un presidente ejemplo de grandes virtudes, un magnifico gobernante que ha dejado una invalorable herencia a ser preservada en el tiempo por las nuevas generaciones, un lider político que en su fulgurante paso por la historia ha logrado sintetizar una increible simbiosis criolla de las mejores virtudes de esas grandes figuras de la política mundial como fueron Wiston Churchil, Mahatma Gandhi y Nelson Mandela.

Todo eso y mucho más sería “el doctor” Alan Garcia si por un momento creyeramos en su palabra. Pero la realidad suele ser más brutal de lo que uno imagina. Alan puede afirmar de todo, pero vamos, seamos honestos, estamos frente a un hábil e inescrupuloso charlatán que hasta el título de “doctor”, que gustaba utilizar, era falso.

La habilidad de Alan con la palabra va en sentido inverso con la responsabilidad de sus actos.

Alan García ya no es el imberbe mozallón de 25 años que todo irreverente irrumpió en la política peruana prometiendo un “futuro diferente”, ya no posee el privilegio de la duda; ahora carga un bagaje muy pesado y en su conciencia tiene acumulada la enorme responsabilidad de todo lo que ha destruido a su paso. Incluido su propio partido.

Alan ha ido envejeciendo con total deshonor y con el transcurso de los años su vida ha ido perdiendo completamente el sentido de dignidad, al extremo que su palabra carece de toda credibilidad y sus actos han llevado a que un 93% de la población lo rechace. Ningún otro político ha descendido hasta ese nivel.

No es odio como él afirma, creo que es lastima y pena lo que produce la enmohecida figura de Alan García.

“Nada. Nada hay de lo que deba reprocharme” les dice a los desconcertados militantes de su partido -si es que aún podemos considerar a los restos del Apra como un partido político- el personaje que no hace mucho estuvo mendigando “asilo político” por las embajadas, denunciando un imaginario “golpe de estado” o presentándose como “perseguido político.” Nada que reprocharse y ni un ápice de autocrítica; el ego es demasiado grande para quién vive con la obsesión de buscar una rendija que le permita seguir huyendo de la justicia.

Alan destruyó el componente moral de la política y vacio de contenido ético la responsabilidad de gobernar un país. Su primer gobierno fue un desastre en todo el sentido de la expresión; una espantosa mezcla de inflación, recesión, corrupción y guerra sucia. Entre su incontrolable voluntarismo, falta de coherencia en sus decisiones y excesiva ambición de poder, Alan desvastó el país, arruinó la economía de millones de familias peruanas y alentó la impunidad de los corruptos que hicieron grandes negociados con el dólar MUC, la compra de mirages, la licitación del tren eléctrico o con los préstamos del banco agrario a una tasa de interés cero. Y si no fue juzgado en su oportunidad fue gracias a que sus compañeros de partido, que controlaban el poder judicial, dejaron prescribir los delitos por los que se investigaba a Alan.

No una sino dos veces la corrupción tocó las puertas de palacio de gobierno. Pocas veces la historia fue tan indulgente con un personaje político y pocas veces ese personaje se empecinó en mostrar sus miserias morales.

Son sus actos como gobernante y el reguero de corrupción que dejó en su paso por el gobierno lo que se busca juzgar. No son sus ideas, son sus hechos los que están bajo la mira del Fiscal.

¿Qué catadura moral puede mostrar Alan, que sin inmutarse afirma que “nada hay que reprocharme”, luego de ese esperpento de espectáculo que armó en la embajada del Uruguay?

Solo el pánico a ser investigado por sus actos explica el motivo que llevó a Alan a tratar de huir del país. Y ese temor es lo que lo está llevando a soltar sus mastines para, en una acción concertada con los fujimontesinistas, intentar desprestigiar la labor del Fiscal Domingo Pérez.

Alan y Tubino emparentados en la misma campaña macabra y unidos por fuertes lazos emotivos e intereses menudos, ¿Habrá algo más expresivo de lo grotesco que representa la alianza aprofujimontesinista?

Alan García en lo único que ha demostrado coherencia ha sido en su permanente esfuerzo de evadir a la justicia. Pero hasta eso debe ser terrible para quien en su juventud tenía ambiciones de pasar a la historia como el salvador de la patria y llegó a su vejez escapando de los tribunales por los estropicios cometidos por un puñado de dólares.

Alan apareció en la política ofreciendonos un “futuro diferente” pero lo que vivimos durante sus dos gobiernos fue una pesadilla permanente. Serán los historiadores quienes juzguen la obra política de Alan, pero una cosa ya es cierta, a la historia ha entrado Alan con mal pie: quiso ser el hacedor del nuevo destino de la patria y terminó siendo un vulgar huaquero de la protohistoria.

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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