Las derrotas del PC

Por Fredy León

No me anima ningún acto de animadversión contra el PC ni deseo que la profunda crisis que arrastra, desde hace un buen tiempo, lleve a la desaparición al viejo partido fundado por el Amauta José Carlos Mariátegui, el más grande e importante pensador político del Perú contemporáneo; además, tengo grandes amigos que militan en ese partido y creo que los trabajadores y el país necesitan un PC fuerte y con ideas claras.

Digo esto porque las críticas que suelo hacer a sus erráticas posiciones son respondidas, las más de las veces, con el hígado y el corazón caliente, ahí donde lo que deberían primar son las neuronas y el cerebro frio.

Soy de los que creen que el debate político es el oxígeno que mantiene vivo a una organización comunista. Solo a través del intercambio dialéctico de ideas y argumentos se puede elaborar una correcta línea política y fortalecer la conciencia de los trabajadores para avanzar en la dura y complicada lucha por el socialismo.

Desde las remotas épocas en que surgieron las primeras organizaciones de comunistas, el debate político fue nuestra principal señal de identidad, y por medio de la confrontación de ideas, los nobles ideales comunistas fueron ganando presencia en la conciencia de los trabajadores. Por eso muchos historiadores afirman que la imprenta constituyó la principal arma de lucha de los comunistas.

Marx, Engels, Lenin, Rosa Luxemburgo, Gramsci, Mariátegui y Fidel fueron grandes teóricos, excelentes polemistas y extraordinarios políticos con una amplia cultura y una sólida formación intelectual que nunca tuvieron miedo al debate ni a la crítica. Todo lo contrario.

Mariátegui en la presentación de Amauta, una de las mejores revistas de todos los tiempos, sostuvo con toda claridad “Nos sentimos una fuerza beligerante, polémica. No le hacemos ninguna concesión al criterio generalmente falaz de la tolerancia de las ideas. Para nosotros hay ideas buenas e ideas malas.”

¿Cómo diferenciar una idea buena de una idea mala? Por medio de la práctica. Para los que nos definimos como marxistas, la práctica constituye el único criterio de la verdad.

Uno puede creer con toda seriedad, por ejemplo, que el ser humano puede volar. Esa es, seguramente, una idea que muchos compartirían con buena voluntad. Y para demostrar, si esa idea es correcta o equivocada, basta con subirse al segundo piso de una casa y saltar al vacio. Luego de darse contra el suelo, no creo que queden argumentos -y huesos- íntegros para seguir pensando que era una buena idea afirmar que el hombre podía volar. La práxis es la que marca con fuego la diferencia entre lo correcto y lo falso de toda hipótesis.

Lo mismo sucede en política. Es la práctica concreta de un partido lo que divide las aguas entre lo que significa tener una táctica correcta o sostener una posición equivocada.

En el caso concreto del PC tres son los elementos a tomar en cuenta para definir si su táctica es correcta: uno, que exprese una definida posición de clase; dos, que su línea política ayude a fortalecer la conciencia, organización, unidad y vocación de lucha de los trabajadores y; tres, que su accionar concreto permita acumular fuerzas para derrotar al adversario de clase.

Hemos venido sosteniendo desde hace tiempo -y por ese motivo fuímos expulsado- que el PC no tiene un proyecto estratégico revolucionario y su táctica política divaga al remolque de la coyuntura. El PC es un partido que ha perdido el ritmo de los tiempos nuevos y sus escazos militantes sobreviven de la nostalgia pasada.

Esto no es culpa de la actual dirección; es un problema que surgió en la etapa final de del Prado, se incubó en los tiempos de Raffo e hizo crisis total cuando un improvisado y anodino personaje asumió la secretaria general del PC llevando al partido a una de las etapas más nefastas de su historia, solo comparable a ese vergonzoso periodo vivido luego de la muerte de Mariátegui, cuando su sucesor, Eudocio Rabinez, impuso una línea capitulacionista de derecha. Aunque claro, en esos tiempos el PC era una fuerza política de masas beligerante, hoy no llegan a ser algo más que un club de amigos.

Como el PC carece de una estrategia revolucionaria, entonces pasan con una facilidad increible de defender una línea oportunista de derecha a una posición infantilista de izquierda.

Es lo que ha sucedido con la increible posición asumida por la dirección del PC frente al referéndum, donde optaron por defender una posición en base a fundamentos seudo legalista dejando de lado olímpicamente el análisis político de lo que implicaba ese enfrentamiento entre el poder ejecutivo y el legislativo y que finalmente logró arrinconar y derrotar masivamente a la corrupta alianza aprofujimontesinista.

Lo realmente importante del referéndum, es que gracias a la campaña por el “sí, sí, sí, no” se ha ido configurando un nuevo estado de ánimo en la ciudadanía que tiene como su mejor expresión el amplio rechazo popular a las figuras de Keiko y Alan. Ahora la gran tarea política es transformar ese nuevo estado de ánimo en conciencia política organizada para desplegar nuevas batallas contra las políticas neoliberales del gobierno de Vizcarra y por una nueva constitucion.

No haber entendido el contenido político de esa lucha librada alrededor del referéndum ni distinguir cuál es la contradicción principal de la actual coyuntura, ha llevado al PC a aparecer como un partido inmovilista que actuó como furgón de cola del aprofujimontesinismo.

Lenin definía el infantilismo de izquierda como esa corriente política que elabora su táctica confundiendo los deseos con el análisi concreto de la realidad. Una de las principales características del infantilismo es plantearse tareas que están lejos de sus posibilidades y que no responden a la situación concreta del movimiento popular.

Es lo que sucede con el PC y sus famosas batallas de consignas, desde el hartamente manipulado “que se vayan todos”; “elecciones generales, ya”; “formar comités de salvación de la patria”; “impulsar asambleas populares”; “cierre del congreso” etc. consignas de apariencia radical pero en esencia conservadoras por que no responden al momento político, no llegan a movilizar a las masas y menos el PC tiene la fuerza como para hacerlo realidad. Y como sabemos, quien vive de ilusiones muere de decepciones.

Yo espero sinceramente que la derrota sufrida por los 7 de Castilla en el referéndum sirva para que los militantes del PC evaluen seriamente el momento que viven y enmienden rumbos. No hay manera de justificar tremenda insensates de haber llamado a votar por opciones defendidas únicamente por la mafia y haber desgastado las pocas fuerzas y credibilidad que aún le quedan al viejo PC priorizando las supuestas diferencias y poniendo excesivo énfasis en lo que les separa de las demás fuerzas de izquierda, cuando el tema de la unidad de las izquierdas sigue siendo una tarea pendiente.

Si el PC no se atrave a procesar una profunda, serena y radical autocrítica, me temo que sus días como partido revolucionario están contados. Y es que como diría el gran Gabo, las especies condenadas a cien años de soledad no merecen una segunda oportunidad.

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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