Sectarios & demagogos

Por Fredy León

La historia de las izquierdas es la historia de sus divisiones y subdivisiones.

En 1964 se divide el PC y surge Bandera Roja que se divide en 1969 y nace Patria Roja y en 1972 Sendero Luminoso se funda sobre los restos de Bandera Roja.

En 1978 PR se divide y nace Puka Llakta y a mediados del 80 se desgaja de PR el grupo denominado Bolchevique.

En 1979 el PC se vuelve a dividir y nace el PC Mayoría.

Por el lado de la denominada nueva izquierda la cosa no fue mejor.

Vanguardia Revolucionaria, que se funda a mediados de la década de 1960, se subdivide de manera consecuente en varios grupos: VR de Murrugarra y Diez Canseco; PVR de Ricardo Letts; VRPC de Mezich y Figari; PCR de Dammert y Cáceres y PCR TR de Agustín Haya de la Torre.

Y por el lado del MIR, fundado por Luis de la Puente y Lobatón, se dividieron en el MIR IV Etapa, MIR Yahuarina y el MIR Rebelde.

Y para no complicarnos más ya no seguimos las divisiones de los trotskistas que del POR y el FIR corremos el riesgo de perdemos en una enmarañada sucesión de siglas, pues parece que ahí confundieron o interpretaron mal las tesis de Trotski que hablaba de “la revolución permanente” y ellos se quedaron practicando la división permanente.

En fin, la izquierda criolla aplicó al pie de la letra esa desafortunada expresión de Lenin, expuesta en medio de la polémica contra los socialdemócratas, “el partido se fortalece depurándose.” Y se han depurado in extremo que ya casi no queda nada para dividir.

En defensa de los grupos denominados “nueva izquierda” podemos aducir que por lo menos intentaron reencontrarse, primero en la UDP y luego en el PUM, aunque fracasaron en su intento y terminaron nuevamente peleados entre “Zorros” (Pedraglio y Sinesio) y “Libios” (Diez Canseco y Werner).

Y es que para la izquierda peruana resulta más fácil y sencillo dividirse que unirse. Para unirse se necesitan razones, para dividirse basta y sobran los motivos. Como diría el viejo Marx “La razón siempre ha existido, pero no siempre en una forma razonable.”

Por el lado de los PCs el tema de la unidad era un tabú. Se peleaban entre ellos reclamando ser herederos de Mariátegui y la lucha por las siglas partidarias era su particular forma de destruir el pensamiento mariateguista, casualmente uno de los gandes teóricos del frente único y político convencido de la importancia vital de la unidad, “un propagandista fervoroso del frente unico” que nos aconsejaba hasta la saciedad “somos pocos para dividirnos” “no alejen a las masas de la revolución con el espectáculo de las querellas dogmáticas de sus predicadores”, que hasta daba la impresión que el Amauta suplicaba por la unidad de “las vanguardias.”

Hasta que las derrotas y la soledad política y quizás -aunque hoy me atrevo a dudar- el reconocimiento de que la división de los comunistas ya no tenía razón de ser, llegaron sus combativos dirigentes a un momento de extrema lucides política y empezaron hablar -en serio, no miento- de la unidad de los comunistas peruanos.

Dos partidos, hasta hace poco enfrentados en todos los escenarios, -que a decir verdad ya no eran muchos ni demasiados ni atractivos- de pronto empezaron a celebrar juntos el aniversario de la fundación del PC y descubrieron que la ilusión de sus escazos militantes volvía a renacer. Me cuentan que el primer acto unitario que realizaron hubo hasta camaradas militantes, simples y comunes como somos los comunistas, que derramaron una lágrima durante el evento.

Y en el 2010, de manera solenme y delante de su militancia, los secretarios generales -así con minúsculas porque la historia ya los olvidó- de ambos partidos firmaron un documento de unidad donde, entre otras cosas bellas, afirmaron “conscientes que no bastan las palabras ni las buenas intenciones decidimos conformar un Comité de Enlace compuesto por miembros de las direcciones centrales de ambos partidos, (…) hasta lograr la consecución de un solo, grande y poderoso Partido de los Comunistas Peruanos.”

Pero bueno, como dicen en mi tierra, el papel aguanta todo. Suscribieron el famoso documento y no hicieron nada para concretar la famosa unidad. Siguen divididos, más débiles y aislados de la masa que ahora ni sentido tiene que celebren juntos el aniversario de la fundación del partido.

En política la credibilidad en la palabra y la confianza en los dirigentes son importantes para que un proyecto político pueda concitar el apoyo de las masas y triunfar. Caso contrario, ese proyecto termina en un fracaso y sus dirigentes son vistos como lo que realmente son: sectarios y demagogos.

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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