El poder local y las izquierdas

Por Fredy León

Como consuelo podemos decir que la crisis y bancarrota de los partidos políticos no solo es un problema que afecta a la izquierda sino a todo el espectro político nacional. Al respecto, creo que razón no le falta a Fernando Rospigliosi cuando afirma “Si Muñoz iba por Somos Perú probablemente también ganaba.”

Los partidos, entendidos como segmentos de la sociedad que se organizan para defender determinados intereses económicos comúnes, promover valores e identidades que respondan a una visión compartida de país y luchen por convertir en leyes, de obligación para todos, sus derechos de grupo, han dejado de ser el principal nexo entre los ciudadanos y el estado.

Los partidos ya no representan a la sociedad y los ciudadanos no se sienten representados por los políticos.

La bancarrota de los partidos empezó antes de la llegada del fujimontesinismo al gobierno. Alan allanó el camino y Fujimori fue resultado directo de esa debacle. Con su discurso antipolítico y reivindicación de las supuestas bondades de los tecnócratas como actores centrales del manejo del Estado y no sujetos a ningún tipo de control social, caso BCR, Fujimori contribuyó a que el viejo sistema de partidos explotara en pedazos.

Lo que vino después con Fujimori fue la mercantilización total de la política. Y de ahí, solo hubo un medio paso para la corrupción.

Con Fujimori el poder económico aprendió rápido que podía comprar siglas partidarias y conciencias políticas para defender sus intereses de clases. Ya no necesitaban construir discursos ni promover intermediarios. Y es que el neoliberalismo no tiene como finalidad crear ciudadanos preocupados por la calidad educativa o la eficiencia de la sanidad pública, ellos necesitan consumidores que sientan que la felicidad está en el ámbito privado, en su capacidad de poder comprar bienes materiales.

En la medida que la presencia de los partidos se diluian, crecía bajo la sombra la enorme influencia de los poderes fácticos construidos y forjados por la burguesía como verdaderos instrumentos hegemónicos para defender sus intereses económicos.

El rol de los medios de comunicación y la participación activa de grupos corporativos como la Confiep, Adex, SNI, etc. en el control del aparato estatal se hizo hegemónica. El discurso único se impuso en la sociedad y el Ministerio de Economía y Finanzas, el BCR, o las comisiones de presupuestos o minería del congreso son hoy una simple prolongación del poder económico. Y hasta la discusión del Presupuesto de la República, el principal instrumento de la politica económica, ha quedado reducido a una mera formalidad parlamentaria.

Este problema de destructuración política se ha hecho más intenso en los peldaños inferiores del poder del estado. Los gobiernos municipales y regionales han quedado como un espacio político abandonado por las débiles estructuras partidarias que aun sobreviven. Su lugar fue ocupado por una gama variopinta de movimientos regionales, que en su mayoria, han reproducido los viejos vicios de la política criolla y no han promovido nada nuevo… ni bueno.

Si este abandono es comprensible en la derecha que tiene una visión elitista del poder y se han concentrado en controlar los principales mecanismos del estado a nivel de Lima, resulta inexplicable en el caso de las autodenominadas fuerzas de izquierda.

La izquierda siempre ha tenido una tradición plebeya y provinciana, y desde Mariátegui, siempre apostaron firme por la descentralización y regionalización del país. Sostenía Mariátegui “Ningún regionalista inteligente pretenderá que las regiones están demarcadas por nuestra organización política, esto es que las “regiones” son los “departamentos”. El departamento es un término político que no designa una realidad y menos aún una unidad económica e histórica.”

Pueda ser que alguna cosas hayan cambiado en terminos de lo que hoy significan los departamentos y la identidad que se ha ido creando dentro de ese espacio geográfico, pero la esencia de la visión de Mariátegui sobre una descentralización que no altera el patrón de acumulación económica sigue vigente “A los departamentos no se les reconocía más independencia administrativa que la que se podría llamar la autonomía de su pobreza.”

Los movimientos regionales siempre fueron un bastión de las fuerzas de izquierda y en la década de los 70-80 cumplieron un papel fundamental en el desarrollo de Izquierda Unida. Es más, el principal logro de la IU fue haber sido una fuerza política con raíces en los movimientos regionales, y por eso, se logró ganar importantes espacios a nivel de los gobiernos municipales que dieron un fuerte impulso a ese proceso de acumulación de fuerzas que acabó abruptamente cuando Moreno y Diez Canseco decidieron disolver la IU.

Barrantes en Lima, Azcueta en Villa el Salvador, Medina en Comas, Bazán en La Victoria, Castro Celis en San Luis, Estrada en Cusco, Villalobos en Arequipa, Azparrent en Ayacucho, Muñoz en Huancayo, Constantines en Moquegua, Barra en Abancay etc, fueron parte de una generación de dirigentes que se formaron como líderes populares en los ámbitos de la gestión municipal.

Hoy la izquierda ha desaparecido de los espacios locales y regionales. Y esto puede ser explicado por varios motivos, pero creo que uno es el fundamental. Se debe a que esa izquierda no tiene una estrategia integral de gobierno y poder y carece de ideas sobre que hacer en el ámbito local y regional.

La construcción de los factores del nuevo poder es un proceso de acumulación de fuerzas políticas y sociales que tiene como finalidad construir una nueva mayoría política y social que permita ganar espacios a nivel de la vieja institucionalidad estatal con el objetivo de imponer una ruptura democrática con el viejo sistema capitalista y construir un nuevo Estado.

Y en ese proceso de lucha por el gobierno y el poder, la presencia de la izquierda como fuerza gobernante en los gobiernos locales y regionales resulta mucho más importante que celebrar la presencia simbólica de una congresista en el parlamento.

Los gobiernos locales y regionales, bajo una correcta conducción y dentro de una estategia de poder pueden desempeãn un papel altamente importante en la lucha por la construcción del nuevo poder.

Pero para avanzar en esa dirección se necesita una organización revolucionaria, un partido que sienta como Mariátegui cuando proclamaba que la “revolución más que una idea es una pasión”; que entienda que la lucha por la verdadera descentralización del Estado es parte indesligable de la lucha por el poder, pues como afirmaba Mariátegui ya en los tiempos lejanos de 1927 “Vivimos en una época en que la economía domina y absorbe a la política de un modo demasiado evidente. En todos los pueblos del mundo, no se discute y revisa ya simplemente el mecanismo de la administración sino, capitalmente, las bases económicas del Estado.”

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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