Rearmar la utopía comunista

Rearmar la utopía comunista
(Primera parte)

Tengo una declarada y enérgica ambición: la de concurrir a la creación del socialismo peruano.
JCM

Por Fredy León

El 7 de octubre el partido de José Carlos Mariátegui conmemora el 90 aniversario de su fundación, una fecha que con el paso del tiempo ha ido perdiendo significado en la vida política nacional. Imagino que en Lima, y quizás en algún otro lugar del interior del país, los dirigentes de las dos vertientes comunistas, que aún subsisten, realizarán algún acto en familia para recordar esa fecha. Serán actos sin trascendencia real, hace tiempo que los comunistas peruanos han perdido el sentido de la crítica como elemento central de su identidad política.

90 años es mucho tiempo para un proyecto político que nació cuando “la historia marchaba a prisa.” Escribir hoy la historia de ese proyecto político es seguir las huellas de sus continuas divisiones y derrotas. El Partido Comunista nunca llegó a tener una gravitación fundamental en la política nacional y nunca llegó a ser visto como una alternativa real de gobierno y poder.

La izquierda, ese espacio político que llegó a representar en sus mejores momentos a un tercio de la población, nació con el Partido Comunista y durante mucho tiempo, los comunistas fueron la principal fuerza que identificaba a los izquierdistas.

Hoy eso ha cambiado radicalmente, los comunistas viven horas de confusión total; escasos de ideas, carentes de iniciativas que despierte la ilusión de las masas y con dos organizaciones débiles que más se asemejan a sectas políticas que organizaciones revolucionarias actúan como un lastre pesado que inmoviliza a las izquierdas.

Cuesta reconocer esa afirmación, pero es un dato de la realidad, y “en política hay que debatir sobre datos y hechos. Juzgar las intenciones es propio de inquisidores y pobres mentes que carecen de argumentos racionales.”

Los dos partidos comunistas que reivindican la herencia mariateguista han quedado convertidos en fuerzas marginales y sin ningún aliento histórico. Viven para honrar un pasado que toca las puertas del museo de las antigüedades políticas y por ende actúan a contraparte de lo que afirmaba Marx “La revolución social del siglo XIX no puede sacar su poesía del pasado, sino solamente del porvenir.”

Buscar dar una respuesta objetiva a esa realidad debería ser responsabilidad de quienes dirigen esas dos vertientes comunistas. El fracaso histórico del comunismo peruano no puede explicarse como producto de una fatalidad histórica cuando los protagonistas de ese fracaso han sido diferentes generaciones de militantes comunistas, que por razones que deberían ser motivo de un análisis crítico, no pudieron estar a las alturas que la historia exigía.

¿O es qué Mariátegui estuvo totalmente equivocado cuando expresó “No queremos ciertamente que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica.”?

Este aniversario debería ser un tiempo para reflexionar en voz alta sobre esas limitaciones históricas que han condenado a las calendas griegas la lucha por el socialismo; un aniversario para corregir errores, enmendar rumbos y rearmar la utopía comunista. Un tiempo para recordar al Amauta cuando decía “en la política como en la guerra, la popularidad no corteja a los generalísimos de las grandes retiradas, sino a los generalísimos de las grandes batallas.”

Pero los “sobrevivientes del pasado” se niegan a ser los “precursores del futuro.” Los comunistas peruanos han perdido su nexo con la historia y, en los últimos tiempos, su práctica política se ha ido adaptando a defender “las ideas más cómodas; no las ideas más justas.” Por eso no resulta extraño que, 90 años después de la creación heroica del Amauta, celebran el pasado sin ninguna idea sobre el futuro.

Cerrar un ciclo de derrotas exige demasiada audacia política. La revolución reclama esfuerzos heroicos, por eso hablar de la refundación del comunismo peruano tiene que ser para una nueva época que busca comenzar; no para prolongar una agonía de los que ya no tienen nada que ofrecer.

continuará…

 

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