¿Hay salida por la izquierda?  

Por Fredy León

Sostiene Juan de la Puente*, con mucho sentido de la razón, que “el Perú vive un momento plebiscitario y no un momento constituyente.” Y esto es así, por la sencilla razón que las voces que piden nueva constitución siguen siendo minoría, no tienen la fuerza real para imponer la agenda política del país y no saben como actuar en un escenario donde la correlación de fuerzas es totalmente desfavorable.

Luego de la derrota de la alianza aprofujimontesinista en el congreso, Vizcarra se ha consolidado y habrá referéndum sobre los temas planteados por el gobierno, pero lo sustancial de la crisis del régimen quedará otra vez relegada. Se votará por la bicameralidad sin cambiar la vieja estructura del estado neoliberal heradado de la dictadura.

Sucedió lo mismo durante el gobierno de transición de Valentín Paniagua. Las izquierdas se entretuvieron en peleas menudas y no tuvieron una visión de conjunto del nuevo periodo que se iniciaba. Ese proceso de transición fracasó porque la arquitectura política montada por el fujimontesinismo -la constitución del 93- quedó casi intacta y no hubo una fuerza política que impulse la ruptura democrática con el regimen impuesto por Fujimori.

Pasó lo mismo cuando se produjo el quiebre del gobierno de PPK. Las izquierdas fueron ganadas por posiciones infantiles y, con sus consignas maximalistas -que se vayan todos y elecciones generales-, se aislaron del proceso político. Prefirieron pelear sus batallas de consignas y perdieron un interesante momento político para promover un pacto con Vizcarra con el objetivo de convocar a la Asamblea Constituyente. Ir a un momento constituyente significa crear un consenso mayoritario en la sociedad, pero parece que en las izquierdas creen que solo ellos son los únicos llamados a redactar la nueva constitución.

Y vuelve a repetirse ahora donde las izquierdas aparecen como fuerzas marginales que van al remolque de un gobierno que nació débil, sometido al fuego del fujimontesinismo y que en el camino ha ido construyendo su propia agenda política, obligada más por las circunstancias delicadas que le ha tocado enfrentar que por convcciones propias.

Mérito de Vizcarra que sin tener un horizonte político definido, un programa de gobierno claro y una base política y social sólida ha logrado frenar las ansias de poder del fujimontesinismo, que luego de la estrepitosa caída de PPK, se sentían, otra vez más, dueñas del país. Vizcarra está encaminando este país maltrecho bajo su óptica política, que si bien es cierto no va más allá de la actual coyuntura, por lo menos le garantiza la estabilidad política y social para llegar sin contratiempos hasta el 2021. Lo que queda en el interegno es saber si eso le será también suficiente como para poder construir su propia fuerza política pensando en la sucesión del 2021.

Lo más probable es que luego del éxito logrado por el gobierno en su disputa con el congreso, la pelea por la nueva constitución se traslade al 2021. Será en este periodo electoral donde la disputa política puede sincerarse y el debate sobre el futuro del país se plantee entre los defensores del modelo neoliberal y los que proponen su cambio. Lo nuevo de lo que puede venir, luego del referéndum, es que la política va quedar liberada de la sombra fujimontesinista.

Keiko ha perdido la iniciativa política, la cohesión interna de su bankada se ha resquebrajado y su actual beligerancia responde más al desesperado intento de intentar sobrevivir en medio de la confusión que vive. Sus opciones presidenciales han disminuido considerablemente por errores propios, y de no suceder algo extraordinario, podemos afirmar que es una candidatura que llega muerta al 2021. Gracias Keiko.

Los problemas a resolver se trasladan ahora al campo antifujimorista, que siendo un espectro amplio, no tiene una expresión política definida y tampoco comparten una visión sobre el futuro del país. Luego del reacomodo de fuerzas producido por la convocatoria al referéndum se va abrir un periodo de disputa por saber quién capitalizará las derrotas de Keiko.

Y aquí las izquierdas no la tienen nada fácil. En política las cosas no suceden automáticamente, sino son el resultado de la conjunción de diversos factores, y donde la actitud de los actores políticos, resulta decisivo.

Para comenzar, Nuevo Perú no ha logrado juntar las firmas para inscribirse en el registro electoral. Esto es un punto débil en las espectativas electorales de Verónika Mendoza, la mejor opción electoral que tienen las izquierdas para el 2021. Y los que poseen registro electoral, no generan mayores ilusiones electorales. Ni Santos, Arana o Simons tienen talante como para ser opciones presidenciables de triunfo.

La dispersión, enfrentamientos y desencuentros dentro de las izquierdas continuarán, tal como se vio en el congreso donde las bancadas del Frente Amplio y Nuevo Perú asumieron posturas opuestas frente al pedido de confianza hecho por el gobierno. En las izquierdas hay muchos que se sienten más cómodos en el rol de seguir siendo una minoría belicosa pero se muestran temerosos de sentarse juntos en la mesa de diálogo para discutir cómo empezar a construir una mayoría que pueda disputar a la derecha neoliberal el gobierno. Y sobre todo, cómo gobernar, tarea que será mil veces más complicada que el solo hecho de ganar las elecciones.

El caótico escenario electoral regional y municipal es ejemplo de lo que puede venir, un espacio que ha sido abandonado por las izquierdas al extremo que si se confirma lo que las encuestas en Lima indican, donde la disputa del sillón municipal se presenta entre un neofujimorista –Reggiardo- con un prefujimorista –Beltmon- entonces, creo, el camino para las izquierdas hacia el 2021 se va poner cuesta arriba, muy arriba.

En un escenario de esa naturaleza, las perspectivas electorales de las izquierdas generan más dudas que certezas.

* http://www.noticiasser.pe/entrevista/juan-de-la-puente-el-peru-vive-un-momento-plebiscitario-y-no-un-momento-constituyente

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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