Y sin embargo algo se mueve

Por Fredy León

Cuando Martín Vizcarra asumió la presidencia de la república afirmamos, en ese entonces, que Vizcarra estaba frente a un momento histórico y “que su paso providencial por la presidencia, solo tiene sentido sentido real si se atreve a enderezar el sinuoso curso de la historia de esa república de esperpento, maltratada y despojada de todo sentido de nobleza por acción de una clase política mediocre y corrupta.”

Luego de juramentar al cargo, y a pesar de reconocer la gravedad de la situación política que vivía el país, Vizcarra no asumió ninguna iniciativa de importancia para “enderezar el sinuoso curso de la historia”; su deslucido discurso mostraba a un presidente cuya máxima ambición se reducía a culminar, sin mayores sobresaltos, su mandato presidencial; y su desfigurado gabinete era más de lo mismo, un grupo de burócratas grises sin mas aspiraciones que llegar a fin de mes sentados en su sillón ministerial.

Hasta hace poco, la gestión de Vizcarra se caracterizó por intentar eludir enfrentarse directamente con la mafia corrupta que controla importantes mecanismos del poder en el país. Para muchos, la pobre imagen que proyectaba Vizcarra era la de un presidente dubitativo, con una mentalidad corto placista que contemplaba impasible la descomposición del país y que pensaba que, en esas circunstancias, gobernar era el arte de no hacer nada.

Pero como dice el dicho, “Dios perdona el pecado pero no el escándalo.”

Tuvo que suceder el escándalo de las conversaciones de magistrados, jueces y empresarios corruptos para que Vizcarra recien se diera por enterado de la podredumbre mafiosa instalada en las altas esferas del Poder Judicial. La difusión de esos audios produjo una ola de indignación popular que obligaron al gobierno a actuar.

Las circunstancias especiales y el clamor de la calle hicieron que Vizcarra abandonara su inacción y propusiera algunas medidas para combatir los nuevos actos de corrupción que estallaron ante sus ojos. Aquí el presidente Vizcarra enfrentó un gran dilema: pudo elegir entre ser el estadista que diseñe la nueva estructura institucional o ser un simple político abocado a reparar los daños irreversibles del viejo edificio estatal.

Vizcarra eligió lo segundo.

Vizcarra parte del supuesto que la corrupción en el país es un problema aislado de la sociedad y que se produce por la conducta venal de algunos magistrados y funcionarios públicos que se corrompen y se venden al mejor postor. A lo mucho, la corrupción es visto como un problema de conciencia individual y conducta personal y no como el mecanismo que se ha impuesto en la sociedad y que es la vía para alcanzar una determinada jerarquía social y formar parte de una estructura de poder que valora el éxito individual en función de la habilidad que tienen para acumular dinero.

Las medidas propuestas por Vizcarra apuntalan únicamente a querer podar las ramas de la corrupción sin tocar las raíces que alimentan el frondoso árbol de la corrupción que cubre toda la sociedad. Y es que cuando hablamos de la corrupción, los nombres de Hinostroza, Camayo, Oviedo, Ríos, Ramírez, Becerril, no pueden estar separados de los de Keiko, Alan, Toledo, PPK, Castañeda, Kuori etc.

“Lava juez” no puede ser explicado sin “lava jato.”

No es que sean malas las propuestas hechas por el presidente Vizcarra, sino que son insuficientes. No se puede desligar dinero, poder y corrupción si es que realmente se quiere combatir la corrupción.

Combatir la corrupción en el Poder Judicial tiene que ser visto de manera integral y debería partir preguntándonos desde la clase de abogados que las universidades producen, pues de ahí provienen los jueces peseteros que luego corrompen la administración de justicia; el rol del colegio de abogados; la función que deberían cumplir los órganos de control interno y la falta de mecanismos reales para que la sociedad controle el funcionamiento de la administración de justicia en el país.

En el ámbito político proponer la no reelección de los congresistas es una medida controversial que no garantiza que el remedio sea mejor que la enfermedad. Es cierto, el congreso bajo el control del fujimontesinismo ha perdido todo signo de respeto y viene siendo utilizado como un botín político en beneficio de una familia. Creo que en vez de prohibir la reelección de los congresistas hay que apuntar hacia las fuentes de financiamiento de las costosas campañas electorales y permitir a los electores la posibilidad de poder revocar el mandato popular a mitad del periodo de los congresistas que no hayan cumplido con su compromiso electoral.

De igual manera, la propuesta de creación del Senado me parece un tremendo error, una medida burocrática que privilegia una salida por las alturas bajo el prurito que las leyes aprobadas por el congreso son malas por un tema semántico y no por que responden a una determinada correlación de fuerzas políticas.

Y una duda adicional ¿Cómo conjugar no reelección con creación del Senado? Somos el país de las improvisaciones y los caminos a medio andar. En vez de crear otro elefante blanco que va recentralizar las decisiones políticas, se debería culminar el proceso de regionalización y fortalecer la democracia local.

La reforma política tiene sentido cuando junto a depurar las instituciones promueve a formar ciudadanos concientes del valor que tiene vivr en demoracia y la importancia del voto popular. Al fnal somos nosotros mismos parte del problema pues con nuestros votos elegimos a los políticos que nos representan.

Pero como dicen, la pelea se gana peleando.

Vizcarra con la convocatoria al referendum ha abierto una grieta en la lucha contra la corrupción y ha colocado, por primera vez, a la defensiva a la mafia aprofujimontesinista. Ahora toca al movimiento popular ensanchar esa grieta y luchar por que en el referendum se incluya la madre de todos los problemas ¿Está de acuerdo con que se convoque a una Asamblea Constituyente?

Ese creo debería ser el sentido principal de la lucha de aquí hasta lograr que se concretice la propuesta realizada por Vizcarra. El referendum, para que tenga importancia, tiene que dejar en manos de la población la decisión sobre los principales asuntos políticos del país.

Y el principal problema del país es la constitución que nos ha heredado el regimen corrupto y mafiosos del fujimontesinismo.

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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