Una clase para la revolución

Por Fredy León

Soy de los que sostienen que la clase obrera o es revolucionaria o no es nada. Su importancia no radica en lo poco que ha logrado conquistar en el pasado o en las luchas que libra para defender esas conquistas, sino en lo que le falta hacer como sujeto histórico del cambio social.

La historia le ha reservado a la clase obrera un rol revolucionario que está determinado por el papel que cumple en el proceso productivo y porque esa clase solo puede emanciparse de la explotación del capital a condición de eliminar todo tipo de opresión y explotación en la sociedad.

Pero el carácter revolucionario de la clase obrera no es un hecho automático, no es algo que se produce “per se”, sino que es poducto de todo un complejo proceso de lucha, aprendizaje y formación de conciencia que se desarrolla en medio de la dura lucha de clases que sacude toda la sociedad.

Para que la clase obrera desempeñe su rol revolucionario en la historia tiene que conjugarse los siguientes factores:

– Primero, organizarse como clase. Construir sus propias organizaciones para luchar y defender sus intereses de clase vinculados al proceso productivo; es decir al trabajo, salario y pensiones;

– Segundo, forjar su unidad de clase. Entender que los trabajadores son parte de un todo y que su fuerza radica en el nivel de cohesión social que construyan y la capacidad de luchar juntos por sus intereses generales;

– Tercero, tener un amplio espiritu de solidaridad de clase con la lucha de todos los sectores y movimientos sociales que sienten que el sistema capitalista les asfixia e impide ejercer a plenitud sus derechos;

– Cuarto, tener conciencia de clase. Saber que su condición de explotación asalariada solo puede ser erradicada cuando se suprima por completo la subordinación en que se encuentra las fuerzas del trabajo a los intereses del gran capital y se construya una nueva forma de relaciones de producción basada en la colaboración y complementación de todos los factores económicos para lograr el desarrollo y bienestar común, y

– Quinto, promover sus propios dirigentes de clase que asuman el dificil rol de convertirse en el nuevo liderazgo político de toda la sociedad. Y cuando hablamos de nuevo lo hacemos en el sentido amplio del concepto y que es radicalmente diferente al viejo liderazgo político que promueve la burguesía. Nuevo significa dirigentes honestos, con una mentalidad amplia, con una sólida formación cultural y capacidad de liderazgo para unir a los sectores mayoritarios de la sociedad bajo un proyecto revolucionario.

Esto no significa refugiarse en el obrerismo sectario, sino reconocer que a partir del conflicto que se genera en el proceso de producción la clase obrera tiene las posibilidades objetivas de ser el sujeto revolucionario que construya un proyecto político para las grandes mayorías y donde converjan todos los sectores sociales que sienten objetivamente que sus necesidades no logran ser satisfechas en los marcos estrechos de un sistema económico construido para defender los intereses y privilegios de unas élites minoritarias.

La clase obrera ha surgido para hacer historia. Esa es su razón de ser como clase social. Pero la historia no se hace agazapados en las sombras de la acción política ni desde la mediocridad de sus actores que no son capaces de afirmar un ideal revolucionario.

Es lo que el Amauta José Carlos Mariátegui criticaba con toda claridad cuando hablaba de ese proletariado sin mas ideales que luchar para sobrevivir.

Federico Engels, cuando analiza el papel revolucionario que desempeñó la burguesía en la lucha contra el regimen feudal y por romper los “límites del viejo «orbis terrarum»”, no escatimó en reconocer el aporte de esos hombres que echaron los cimientos del actual dominio de la burguesía, de los cuales podría decirse lo que se quiera, pero, en ningún modo, que pecasen de limitación burguesa.

Lo que nos toca hacer a todos los que aspiramos transformar el sistema capitalista es buscar que la clase obrera no peque de limitaciones históricas. Para ello debemos promover la organización, unidad, lucha y conciencia de clase de los trabajadores. Recordar con Marx que la historia lo hacen las masas. Y que la verdadera historia, esa que nos llevará a “transitar del reino de la necesidad al reino de la libertad” solo puede realizarla una clase que se eleve sobre sus propias limitaciones y se convierta en un actor protagonista, no del pasado, sino del futuro de nuestra patria.

Anuncios

Acerca de Wirataka

"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
Minientrada | Esta entrada fue publicada en Política y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s