Nicaragua: entre la protesta y el vandalismo

Por Fredy León

Duele la muerte en Nicaragua. El gobierno del FSLN tiene la alta responsabilidad de evitar que la violencia y la muerte tiñan de sangre la patria de Sandino y, al mismo tiempo, reconocer autocriticamente que no se puede gobernar aplicando políticas neoliberales y desconociendo la importancia del diálogo antes de tomar medidas precipitadas.

La protesta contra la reforma de las pensiones fue justa e hizo bien el gobierno en retirar su controversial medida. Pero parece que esto no va calmar los ánimos beligerantes de un sector de la oposición nicaragüense, que ha visto en este traspiés del gobierno del FSLN, la ocasión propicia para saldar viejas cuentas con Daniel Ortega.

El grito de sangre aún resuena fuerte en la patria de Sandino.

En Nicaragua la actual protesta, que tuvo raíces justas, se entremezcla con el vandalismo de quienes buscan obtener ganancias políticas en medio del caos. Y ese vandalismo viene siendo alentado por la derecha nicaragüense a traves del Consejo Superior de la Empresa Privada, sectores del clero y los minúsculos partidos de la derecha nicaragüense que tienen el apoyo entusiasta de los medios de comunicación internacional, como El País o ABC, y cuyas acciones se desarrolla bajo la atenta mirada de los Estados Unidos, que muy presto dio la orden de evacuar a sus funcionarios de la Embajada yanqui de Managua.

Como hemos venido sosteniendo, América Latina es un continente en disputa entre dos proyectos estratégicos: el proyecto liberador de quienes buscan un camino de desarrollo independiente y el proyecto neoliberal sometido a los dictados de Washintong que promueve la re-neocolonización del continente.

Y Nicaragua no escapa a esta pugna. Lo que hoy acontece en ese país centroamericano es una rebelión del capital contra el trabajo.

En el conflicto nicaragüense hay actores políticos -principalmente externos- que están muy interesados en radicalizar el actual enfrentamiento. Por eso lo que empezó como una protesta frente a una medida de ajuste de las pensiones, pretende ser convertido en la chispa que incendie las montañas nicaragüense y han surgido voces -felizmente no mayoritarias- que bajo la consigna de tumbar al gobierno sandinista, vienen promoviendo una suerte de rebelión caótica, sin mayores objetivos políticos que generar miedo y provocar que el caos y la violencia tumben al gobierno de Daniel Ortega.

Los sectores que promueven la rebelión contra el gobierno de Ortega buscan restaurar el neoliberalismo y desandar todo el camino transitado por el pueblo nicaragüense en su lucha por construir una sociedad independiente y soberana.

Si el gobierno de Daniel Ortega no logra controlar la situación y sentar en la mesa de diálogo a todos los actores sociales, no es descartable que esta espiral de violencia puede poner en peligro la estabilidad política de Nicaragua.

En esa dificil coyuntura política, el FSLN tiene la enorme responsabilidad de ser fiel a su historia y actuar, a la vez, con mucha flexibilidad para impedir que los gritos de guerra ahoguen en sangre la patria de Sandino y firmeza para defender los genuinos intereses del pueblo nicaragüense.

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