Una ciudad que languidece

Por Fredy León

Dicen que el actual Alcalde prometió bañarse en el rió Huatanay si al final de su mandato no lograba sanear el rió, limitar las fuentes contaminantes, devolver la limpieza y recuperar el ecosistema y la vida acuática que alguna vez tuvo el Huatanay. No sé si Moscoso honrara su palabra, cosa por demás muy rara en muchos políticos, y se zambulla en las aguas sucias del Huatanay, pero lo cierto es que ese su voluntarismo de tiempos de campaña -y que acabó en una promesa incumplida- dice mucho de lo que ha sido su improvisada y fallida gestión al frente de la municipalidad del Cusco.

Tengo la impresión que la responsabilidad de ser Alcalde de una de las ciudades más emblemáticas del país, le quedó demasiado grande a Moscoso. Moscoso se preocupó en tratar de ser un buen candidato pero nunca entendió la trascendencia del mandato que solicitaba a sus conciudadanos. Creo que él pensó que llevar el Varayok era una suerte de recompensa a su terca actitud de ser un eterno candidato. Una vez llegado a la Alcaldía, Moscoso se dedicó únicamente a lidiar con asuntos burocráticos sin mayor importancia y hacer algunas obras empujadas por las urgencias de una ciudad en expansión.

Su visión de Alcalde de la ciudad nunca traspasó los límites de las pequeñas ilusiones de esos políticos provincianos que se contentan con librar intrascendentes batallas de papel. Supongo que por ese motivo la máxima cruzada de Moscoso fue esa parodia de litigio emprendida con todo empeño, y mucha solemnidad, contra la paisana Jacinta.

El Cusco, para sentirlo, hay que llevarlo en la sangre y vivirlo con pasión; pero para gobernar la ciudad hay que tener además ideas claras, liderazgo colectivo, personalidad, actitud de estadista, y sobre todo, saber soñar con los pies en la tierra, ser un visionario así como fue Daniel Estrada, el mejor Alcalde que tuvo la ciudad.

Ser Alcalde del Cusco no debería ser visto como una aspiración individual o un prestigio personal o un codiciado cargo público bien remunerado, sino como un compromiso y responsabilidad con el destino de la ciudad y su gente. Ser Alcalde del Cusco es un colosal reto a la inteligencia. Y el Cusco, necesita urgente un Alcalde que sepa gobernar la ciudad imaginando su futuro y proponiendo soluciones que trasciendan en el tiempo.

El Cusco es grande porque fue una ciudad pensada para el futuro y no merece tener autoridades que la conviertan en una nostalgia del pasado.

Modernizar la ciudad

La ciudad es un ente vivo, dinámico, en constante transformación, expansión, progreso o envejecimiento.

Hay ciudades que evolucionan con el tiempo, mantienen un desarrollo sostenido y se reinventan permanentemente para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes; y hay otras que envejecen, se deterioran, pierden su esencia, se convierten en moles grises de cemento, espantos del caos y pequeñas ratoneras donde sus moradores a duras penas encuentra un lugar para dormir.

El Cusco ha cambiado. El caos y la improvisación han sido las principales fuerzas que han empujado ese cambio. La expansión de la ciudad se ha producido bajo dos modalidades definidas: los que tienen medios económicos han construido como han querido y los que sobreviven oprimidos por las necesidades y han edificado sus precarias viviendas como han podido.

Resultado: el rostro de la ciudad ha cambiado para mal. La ciudad se está transformando en un horrible esperpento arquitectónico.

Empujados por el crecimiento poblacional se han multiplicado por doquier edificios feos y sin sentido que rompen con toda la armonía de la ciudad. Los servicios públicos se han deteriorado, el transporte se ha convertido en un pandemonio, la contaminación se hace insoportable, los ruidos son ensordecedores, los olores de las frituras invaden todo el ambiente, el enmarañado caótico de viejos cables eléctricos son una amenaza real, la suciedad es insoportable, las áreas verdes han desaparecido y los espacios públicos se han reducido ante el imparable auge del cemento.

Y lo peor, ese proceso de deterioro de la ciudad, parece indetenible.

Si no actuamos a tiempo, el Cusco será una ciudad fracturada, sin futuro, un remedo de lo que fue. Al pasado no se le venera únicamente desde una actitud de conservación cuasi teológica de su historia. El pasado sirve si es que tiene capacidad de renovarse, modernizarse y trasmutarse con el tiempo.

El Cusco no es solamente sus monumentos arquitectónicos, sino es su gente. Es esa simbiosis particular que se estableció entre el ser humano y la naturaleza lo que hace especial a la ciudad.

Esa visión de ciudad es la que tiene que renovarse, modernizarse y proyectarse hacia el futuro.

¿Qué necesitamos? Ordenar el caos y planificar la improvisación.

Se debería elaborar un plan integral de desarrollo de la ciudad para los próximos 25 años, convocar a lo mejor de la intelectualidad cusqueña, arquitectos, historiadores, sociólogos, antropólogos etc. para repensar la ciudad, planificar el crecimiento y ordenar su desarrollo como ciudad unitaria, comprometiendo a toda la población en ese titánico esfuerzo para emprender la modernización total de la ciudad.

El Cusco no puede perder su esencia ni renunciar a su dimensión histórica, pero tiene que ingresar a un periodo de modernización para renovarse como ciudad y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos.

El metro

Uno de los problemas urgentes que la ciudad tiene que solucionar es el transporte que en la práctica ha colapsado y frente al cual la municipalidad no ata ni desata.

Se ha introducido la idea que tener un vehículo es un derecho y que el servicio público debe prestarse con unidades no adecuadas para el transporte masivo. Esta situación de precariedad ha llevado a que el uso del espacio público se haya sobresaturado, generándose un caos total en gran parte de las calles de la ciudad. De continuar esta tendencia, la ciudad dentro de poco será un inmenso laberinto vehicular.

La idea de ordenar el transito vehicular, restringir su circulación por determinadas zonas, combatir la polución y destinar el centro de la ciudad exclusivamente para el transito peatonal, no es mala en sí misma. Esa es la idea dominante en las grandes ciudades, donde ha quedado demostrada ser una medida atinada. La razón del éxito radica en que existen otras alternativas para el transporte masivo de las personas, un sistema donde peatón y autos pueden convivir bajo determinadas pautas pero donde la primacía del peatón es la idea dominante.

Esa alternativa se llama metro. Está demostrado que la mejor solución para terminar con el caos vehicular, reducir la emisión de monóxido de carbono y movilizar de manera eficaz, cómoda y rápida a los miles de pasajeros que a diario se ven obligados a desplazarse a diferentes puntos de la ciudad, es utilizando el espacio subterráneo.

Una propuesta de modernizar la ciudad comienza por atacar de raíz el problema del transporte. No se trata de buscar medidas transitorias ni improvisar soluciones que luego no arreglan nada. En los últimos 20 años la cantidad de vehículos se ha duplicado pero el transporte público ha empeorado y el tiempo que se requiere para movilizarse en la ciudad se ha incrementado.

Esto puede ser solucionado si se tiene la visión y coraje suficiente para tomar la decisión de dotar de un metro a la ciudad. Su construcción ciertamente será una obra titánica y demandará una inversión millonaria.

¿Pero el Cusco acaso no se merece un destino acorde a su importancia histórica?

 

 

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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