A los maestros sin misericordia

Por Fredy León

Las escenas mostradas del centro de Lima son brutales, indignantes, propias de una dictadura militar de la década de los 70.

Como en los viejos tiempos vemos como los maestros son golpeados en plena vías públicas, reprimidos violentamente por la policia, tratados peor que delincuentes, denigrados en su condición de seres humanos, estigmatizados por un gobierno que se muestra sin rumbo ni imaginación, menospreciados por un presidente que cree que desarrollando una estúpida campaña de desprestigio y calumnias contra la huelga magisterial, va doblegar la voluntad de lucha demostrada por los maestros.

Si en la calle la policia tiene la orden de reprimir violentamente, en los principales medios de comunicación y las esferas gubernamentales el poder los desprecia vilmente. El mensaje presidencial de PPK fue vacío, carente de propuestas y sin una clara intención de promover el diálogo para buscar solucionar la huelga magisterial.

Inexplicablemente, el gobierno ha dejado que el conflicto magisterial se prolongue, se extienda a nivel nacional y hoy se corre el grave riesgo de perder el año escolar. Como todo gobierno neoliberal, la educación pública no merece la atención debida; si por ellos fuera, hace tiempo que hubieran privatizado todos los niveles de la educación. El gobierno juega con las necesidades del pueblo, con las angustias de los padres de familia, con la incertidumbre de los estudiantes y espera que el cansancio o la frustración se apodere de los maestros para que derrotados vuelvan a las aulas.

La demanda básica de los maestros -aumento de sueldos- es justa y merece el apoyo del pueblo. Cualquier intento de mejorar la calidad de la educación pública pasa necesariamente por comprender el rol vital que desempeñan los maestros. El gobierno tiene que entender que la mejor política educativa comienza por dignificar y reconocer la sacrificada labor que los maestros desempeñan. No se hace patria insultando, vejando y reprimiendo a quienes tienen la delicada misión de educar a las nuevas generaciones.

El Perú tiene una escala de sueldos injusta e irracional. Mientras por un lado tenemos burócratas, funcionarios de Estado, Ministros y Congresistas que ganan sueldos jugozos y gozan de grandes privilegios, por otro lado los sueldos de los maestros -y el salario mínimo vital en general- no alcanza para cubrir las necesidades fundamentales.

Los actuales salarios de los maestros son sueldos de hambre que precarizan sus condiciones de vida, limitan las posibilidades de actualizar permanentemente sus conocimientos y actua como un factor negativo que desmotiva la esforzada labor pedagógia que en las vetustas aulas realizan los maestros.

La huelga del magisterio es justa y merece nuestro apoyo total. La CGTP debería tener mayor capacidad de reflejo y desplegar con mas audacia la solidaridad de clase con los maestros en lucha. Una derrota de la huelga magisterial, sería una derrota de todos los sindicatos que luchan por mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y una consolidación de la correlación de fuerzas sociales impuestas por el neoliberalismo.

Los problemas internos que vive el Sutep, la disputa por el control del sindicato, la debacle de Patria Roja en la conducción del magisterio luego de casí 5 décadas de haber hegemonizado la dirigencia sutepista, la dispersión de las bases sindicales que no responden a una orientación nacional, la presencia marginal del movadef etc. son problemas internos que los propios maestros deberán solucionar en su momento indicado.

Quienes conocemos algo de la historia del sindicalismo sabemos que en determinadas circunstancias los discursos radicales pueden tener algún tipo de apoyo, pero en la carrera larga siempre terminan derrotados. El radicalismo economicista es un discurso efímero que se alimenta de las torpezas gubernamentales y se esfuma cuando la democracia sindical, el debate de propuestas y la conciencia de clase se empodera de los sindicalistas.

Pero hoy la lucha del magisterio es una lucha contra la política neoliberal,contra los salarios de hambre. Unir todas las fuerzas en esa dirección es la mejor contribución que podemos hacer para que los trabajadores peruanos recuperen, mediante la lucha, su sentido de dignidad y sientan que tienen un país por ganar para construir una patria de justicia y libertad.

Como sabiamente expresara el gran Amauta José Carlos Mariátegui, “Un proletariado sin más ideal que la reducción de las horas de trabajo y el aumento de los centavos del salario, no será nunca capaz de una gran empresa histórica.”

 

 

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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