La inocencia de Kenji

Por Fredy León

 

No se sabe a ciencia cierta de que le acusan a Kenji sus correligionarios de su “bankada”, que por obra del espíritu santo, han quedado convertidos en un implacable tribunal inquisitorio donde gustan cortar las cabezas de los díscolos parlamentarios fujimontesinistas caídos en desgracia. ¿Infraternidad, delación, deslealtad, desviación ideológica de derecha, de izquierda, de centro, del medio, oportunismo, corrupción, nepotismo, colaboracionismo con el gobierno o simple figuración personal?

 

Vaya uno a saber cuáles son los cargos que le imputan sus pares al menor del clan Fujimori.

 

Pero una cosa es cierta, los líos de Kenji con su “bankada” no son problemas que tengan que ver con la esencia de la política. Fuerza Popular no se caracteriza precisamente por ser una organización donde el debate de ideas es lo que separan las aguas y definen las conductas de sus militantes. El punto fundamental de atracción en FP fue –y sigue siendo- la actitud frente a la figura del fundador de ese movimiento.

 

Fuerza Popular es la típica organización vertical, caudillista que surgió inspirado en la obra de Alberto Fujimori, y que previsiblemente desaparecerá con la muerte del jefe del clan familiar; tan igual como otrora sucedió con el leguiísmo, el pradísmo o el odriísmo, movimientos que hoy nadie se acuerda que alguna vez existieron y dominaron la vida política nacional.

 

En el fujimorismo el único debate político que hubo fue en 1990, cuando sorpresivamente Alberto Fujimori le ganó la presidencia a Vargas Llosa. En esa ocasión, fue el economista Jorge Chávez quien se preocupó por darle un sustento teórico al novato movimiento Cambio 90, nombre de la primigenia organización que catapultó a Fujimori a la Presidencia de la República.

 

Luego de ese intento fallido, el fujimorismo se convirtió en un cementerio de ideas políticas y, bajo la siniestra sombra de Montesinos, se transformó en una organización mafiosa que actuó con un pragmatismo ramplón y utilitario. Esa fue la escuela política donde Keiko se formó.

 

El país nunca ha sido la preocupación central de la actividad política de Keiko. En Fuerza Popular todo gira en torno de Alberto Fujimori. Hasta el mismo liderazgo de Keiko tiene su sustento en la figura paternal.

 

El control que ostentan en el Congreso ha sido improductivo y, en muchos casos, deplorable. El nivel político demostrado por sus más conspicuos representantes ha sido de una mediocridad absoluta que provoca vergüenza ajena.

 

¿Se imaginan uds. un debate ideológico entre Becerril y Tubino o entre Bienvenido Ramírez y Cecilia Chacón? Sería como presenciar una discusión sobre “la ley de la relatividad restringida”entre Melcochita y Tongo.

 

En esta legislatura que llega a su fin no hubo una sola propuesta o iniciativa legislativa, promovido por el fujimontesinismo, que valga la pena recordar y tampoco tuvieron la inteligencia ni habilidad para colocar el tema de la libertad de Fujimori en el centro del debate. La improvisación y la política menuda ha sido el elemento dominante, y el Congreso, controlado por el fujimontesinismo, quedó convertido en un circo donde diferentes payasos se erigieron en los principales personajes que llevaron la voz cantante en ese devaluado hemiciclo.

 

La unidad de Fuerza Popular –y sus pequeñas divergencias- se generan alrededor del desesperado intento de lograr la libertad del reo mayor. La libertad de Alberto Fujimori es el catalizador de todas las lealtades al interior de Fuerza Popular.

 

Es aquí donde hay que buscar el origen del drama familiar que enfrentan a Kenji con Keiko.

 

En apariencia no debería haber mayor discrepancia en este tema entre ambos hermanos, pues ambos dicen querer la libertad de su progenitor. Pero en política muchas veces las cosas no son como aparentan.

 

Desentrañar el trasfondo de ese drama familiar nos lleva a ver un poco más allá de la política y preguntarnos ¿para qué quieren la libertad de Fujimori?

 

Kenji se ha decantado por querer sacar, a como de lugar, a su padre de la cárcel y por eso que últimamente se ha mostrado favorable a la idea de un indulto humanitario; mientras que Keiko quiere la libertad absoluta de su padre.

 

Ciertamente, no es lo mismo cambiar la prisión por arresto domiciliario que lograr la libertad plena. La diferencia, para un condenado a 25 años de prisión, pueda que no sea sutil, pero en el caso de Fujimori, el trasfondo nos puede deparar más de una sorpresa.

 

Yo no creo que si Alberto Fujimori logra su ansiada libertad sea con la intención de regresar a la vida política y volver a postular a la presidencia en el 2021. Alberto Fujimori quiere abandonar la prisión y tener la libertad para poder salir del país.

 

Lo que Kenji le ofrece –prisión domiciliaria- no satisface las expectativas reales de Fujimori; mientras que Keiko no tiene el poder para cumplir con el deseo de verlo salir por la puerta grande y embarcarlo en el primer avión con rumbo desconocido.

 

Ese es el trasfondo de las divergencias familiares entre Kenji y Keiko, el tipo de libertad que buscan para Alberto Fujimori, y que tiene motivaciones más tangibles y menos honorables.

 

Yo, en este caso, me atrevo a desempolvar esa vieja hipótesis que señala a Alberto Fujimori como propietario de una cuenta secreta depositado en algún banco del mundo y que está a la espera que el propietario la reclame. Durante el régimen fujimontesinista hubo mucho dinero de por medio que no puede haberse hecho humo con tanta facilidad.

 

Por esa razón Keiko quiere ver libre a Alberto Fujimori para que se mueva con libertad por el mundo; mientras que Kenji, quizás debido al paso del tiempo y movido más por un sentimiento de amor filial, parece haber sido ganado por el pesimismo y renunciado a esa posibilidad.

 

¿Una hipótesis descabellada? Pueda ser, pero no olvidemos que el diablo está en los detalles. Y para el fujimontesinismo, el dinero siempre fue un detalle de primera importancia.

 

 

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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