Los retos del Movimiento Nuevo Perú

Por Fredy León

Medio en serio medio en broma esas mentes irreverentes que editan El Panfleto han elaborado un didáctico afiche donde explican el círculo vicioso transitado por las izquierdas y su eterno retorno a la nada; un afiche que para dolor de muchos, debería obligatoriamente estar colgado en las entradas de los locales izquierdistas.

Y es que nuestras izquierdas son una suerte de un Sísifo criollo, esa criatura condenada por los dioses a repetir -una y otra vez- esa odisea predestinada al fracaso. Las izquierdas, al igual que Sísifo, parecieran estar sentenciadas -por sus propios errores y pequeñas ambiciones- a fracasar eternamente en su intento de tocar la gloria.

Son muchos los vicios, errores y limitaciones que lastran las posibilidades de construir una izquierda que trascienda la mera coyuntura electoral y se proyecte, en el verdadero sentido mariateguista, como una fuerza política con vocación de hacer historia.

En el camino hubo algunos intentos interesantes y demasiados fracasos. Hubo grandes ideas y un pueblo generoso que nunca dejó de luchar, pero lamentablemente faltaron líderes visionarios que tuvieran grandeza de patria y asumieran la difícil tarea de conducirnos hacia la tierra prometida.

Las derrotas sufridas siempre tuvieron sus orígenes en las disputas generadas en las alturas.

Lo que sucede con el Frente Amplio no es una excepción, forma parte de esa vieja historia de crisis permanente de las izquierdas, de su incapacidad atávica para administrar sus diferencias y temor a sumar fuerzas en función de un proyecto común, amen de la conducta sectaria de algunos dirigentes de tercera categoría, que con desmedido ahínco se dedicaron a torpedear todas las posibilidades para que el Frente Amplio se transforme en el instrumento político unitario del movimiento popular, creyendo que con eso les llegaría su hora para salir del anonimato en que se encuentran.

Esta situación de crisis y virtual bancarrota del proyecto original del Frente Amplio coloca objetivamente a las izquierdas en un desventajoso punto de partida frente al fujimontesinismo y obliga a repensar con seriedad el futuro para saber tomar las decisiones en el momento oportuno.

Pero los periodos de crisis son también periodos donde se puede vislumbrar nuevas alternativas y dilucidar si en las nuevas condiciones se trata solamente de reconstruir el destartalado edificio partidario, o hay que atreverse a remover los escombros para sentar nuevos cimientos y comenzar a edificar una nueva institucionalidad política.

Tarea nada fácil, pero ¿quién ha dicho que el camino de las izquierdas es una alameda sembrada de flores?

Lo peor que le puede pasar al novísimo Movimiento Nuevo Perú (MNP) en este periodo es dejarse atrapar por la indefinición política o sumergirse en un inacabable debate alejado de las necesidades prácticas que la lucha política demanda.

En ese sentido, el principal reto que tiene el MNP es cómo resurgir de las cenizas dejadas por el Frente Amplio y cómo construir una nueva mayoría política y social para disputarle a la derecha neoliberal el gobierno en el 2021.

Es en este contexto -luchar por ser gobierno para transformar el país- donde hay que ubicar la discusión que se viene dando al interior del MNP. Si se pierde de vista ese objetivo político, se corre el riesgo de reducir el debate a un problema meramente organicista.

¿Partido o movimiento?

Creo que lo primero que tiene que hacer el movimiento Nuevo Perú es definir qué es lo que quiere ser.

En el documento “Movimiento Nuevo Perú: desafíos para dar un salto organizativo” publicado en Contra Punto, se habla de “partido-movimiento” como una nueva categoría organizativa y que pretender ser una suerte de simbiosis entre dos formas de estructuras políticas, que sin  ser totalmente diferentes, tienen especificidades propias y corresponden a distintas fases del desarrollo de la acción política, así como buscan objetivos diferentes.

En el esquema clásico un partido político es un tipo de organización basada en una unidad ideológica, política y orgánica, que está constituida por militantes que asumen una disciplina colectiva, forman parte de una estructura orgánica y tienen una sola dirección política.

Mientras que un movimiento es un tipo de organización formada por afiliados que comparten algunos objetivos comunes y mantienen una horizontalidad en su estructura interna.

Sin ser dos nociones antagónicas, partido y movimiento, tampoco son dos conceptos complementarios. En ese sentido, creo que es un error pretender hacer del Movimiento Nuevo Perú una suerte de organización a lo Jano: con un rostro de partido y el otro de movimiento.

No se trata de buscar un punto medio entre ambas nociones. Se trata de definir qué tipo de organización necesitamos para ganar el gobierno y llevar adelante el programa de transformaciones por el que luchamos.

Este es un problema tanto teórico como práctico y que solo puede ser respondido si tenemos metidos los pies en la realidad política peruana y la cabeza en el tipo de sociedad que pretendemos construir.

Si el MNP piensa que ser gobierno es administrar el modelo neoliberal y que el objetivo máximo es darle un rostro más humano al sistema, creo que ahí no existe necesidad de problematizar este tema. Es solo cuestión de priorizar la eficiencia en el activismo político, construir una maquinaria electoral y trabajar con pasión para ganar los votos que nos lleven a ser gobierno.

Pero si el objetivo es gobernar para transformar el país, entonces tenemos que tomar en cuenta otros factores importantes que van a condicionar toda la acción del nuevo gobierno. Me refiero al nivel de oposición y grado de resistencia que las clases dominantes realizaran para no perder sus privilegios económicos.

Sería una ingenuidad si creemos que en esa dinámica los votos van a ser la condición suficiente que permita gobernar al MNP y que las clases dominantes van a ser respetuosas del mandato electoral surgido de las urnas.

Para gobernar, en ese escenario de alta conflictividad política, vamos a necesitar organización y mas organización.

Y esto, desde mi punto de vista, solo puede ser resuelto afirmativamente si es que el MNP decide trabajar, desde ahora, para convertirse en un partido político.

Ciertamente, no se trata de forzar los procesos constitutivos sino saber encauzarlos de manera correcta para que la decisión final sea producto del mas amplio y democrático debate.

Creo firmemente que existen condiciones favorables para que el MNP pueda dar ese paso y convertirse en un partido político abierto al pueblo peruano, con paredes de cristal, funcionamiento democrático y donde ser militante sea el mejor compromiso moral para trabajar de manera colectiva por construir una patria de justicia, libertad, democracia y bienestar general.

 

 

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