Los límites del voluntarismo

Por Fredy León

 

Qué poco dura la felicidad en la casa del pobre y qué vacío resulta esa política de gestos que se contenta con cambiar rostros para luego mantener inalterable el rumbo ha seguir transitando.

 

No se cambia el estado mayor para persistir en el error y aplicar la misma estrategia de derrota.

 

Para algunos comunistas la política sin contenido revolucionario es una acción infecunda y el liderazgo político sin proyecto estratégico es una invitación al fracaso. Pero parece que a muchos de nuestros dilectos camaradas les cuesta aprender las lecciones de la historia y no se dan cuenta que el camino andado en las dos últimas décadas solo ha conducido a la derrota.

 

No se trata de hacer borrón y cuenta nueva ni pensar que la historia comienza con nosotros. Se trata de tener una visión crítica de lo que somos; hacer un balance objetivo de lo que nos propusimos hacer; saber donde acertamos y donde nos equivocamos; tener la suficiente audacia para cambiar todo lo que debe ser cambiado en el momento indicado; y sobre todo, aprender que el verdadero liderazgo político se construye mostrando con toda claridad el nuevo rumbo a seguir.

 

Salvo que se piense que todo lo actuado en los últimos años ha estado bien y que la culpa de nuestros fracasos radica en esa terca y tozuda realidad que no se dejó dominar por las viejas ideas.

 

Luego de la desaparición de la Izquierda Unida en el Partido no hubo una propuesta clara para reagrupar a las izquierdas ni hubo ánimos para trabajar en función de un proyecto estratégico colectivo de acumulación de fuerzas y construcción de los factores del nuevo poder popular.

 

Las pocas iniciativas unitarias terminaron en rotundos fracasos; algunas por la improvisación con que se manejaron y otras abortaron estrepitosamente por las premuras de los plazos electorales que calentaron las cabezas y congelaron los corazones.

 

En medio de esas derrotas consecutivas la identidad partidaria se fue desvaneciendo, el proyecto revolucionario quedó reducido a los vaivenes de la coyuntura electoral, y la otrora vanguardia del proletariado, acabó convirtiéndose en una insignificante fuerza que se contentó con actuar como retaguardia de proyectos políticos ajenos.

 

No hubo inteligencia ni capacidad para levantar un proyecto propio ni decisión para proponer una estrategia común al conjunto de las fuerzas de izquierdas. La dirección del Partido se acostumbró a actuar al remolque de otras iniciativas, se volvió extremadamente dependiente de otras ideas.

 

En este oscuro periodo el Partido perdió espacio, presencia, autoridad, capacidad y credibilidad para encabezar un proyecto revolucionario, que desde una definida opción de izquierda, sume fuerzas, gane aliados y construya el nuevo bloque nacional y popular.

 

La política de frente único se redujo a improvisar alianzas electorales de último momento.

 

A la undécima hora nos subimos al barco de Ollanta y fuimos los últimos en abandonar ese bote que, sin haber aún izado velas, naufragó en el muelle por culpa de la impericia de su capitán.

 

Ad portas de las elecciones inventamos nombres con una prolijidad increíble: Liberación Popular, Fuerza Ciudadana, Lima para Todos, Fuerza Vecinal, Frente Amplio, Únete, y ahora con el horizonte revolucionario cada vez más lejano, anuncian que han decido echar anclas en “Juntos por el Perú”, esa alianza electoral de “centro izquierda” que lo único resaltante que tiene es el registro electoral cedido por el Partido Humanista de Yehude Simón.

 

¿Qué representa Juntos por el Perú?

 

Como ellos mismos vienen repitiendo “Juntos por el Perú” es una alianza electoral que busca copar el espacio de “centro izquierda” y en palabras de su máximo representante, Gonzalo García, estarían dispuestos a formar una alianza con Julio Guzmán, que imagino lo ven como el prototipo del candidato presidencial para tentar éxitos electorales.

 

Están en su derecho. Todas las alianzas electorales se constituyen con la ilusión de ganar las elecciones. El problema radica cuando se trata de pasar del mundo de la ilusión a la realidad concreta. Aquí se tiene que definir para qué se quiere ganar el gobierno.

 

Si el objetivo es formar una alianza de “centro izquierda” esto significa poner los intereses de las clases medias en el centro del programa y convertir a este sector social en el sujeto activo de la campaña electoral.

 

En el tema económico, las clases medias han devenido en un sector conservador, son defensores a ultranzas del modelo económico neoliberal y se muestran temeroso de cualquier propuesta de cambio de las estructuras del poder estatal.

 

Por eso no me imagino ver a Julio Guzmán ni a Salomón Lerner levantando las banderas de los trabajadores ni enarbolando las reivindicaciones de los sectores populares, que se muestran mas dispuestos a confrontar con el modelo neoliberal y que buscan una voz que los represente con claridad, tal como lo hizo Verónika Mendoza.

 

No olvidemos que la importante votación obtenida por Verónika Mendoza fue justamente porque reivindicó, sin medias tintas ni actitudes genuflexas, políticas de izquierda. Verónika Mendoza levantó un discurso contra el sistema, apeló directamente al sector popular y buscó el voto de confrontación con el modelo neoliberal. Resultado de esa estrategia electoral fueron los más de 3 millones de votos obtenidos y que tuvo en la zona sur andina, históricamente identificado con posiciones de izquierda, su máximo apoyo.

 

Todo lo contrario lo que busca “Juntos por el Perú”.

 

Desde su aparición han renunciado a reivindicar una identidad de izquierda y decidieron, sin mayor explicación, abandonar este espacio político para escorarse hacia el centro. Algo que resulta inexplicable, pues mientras hasta la socialdemocracia –Jeremy Corbyn en Inglaterra, Pedro Sánchez en España, Bernie Sander en Estados Unidos, Antonio Costa en Portugal- luego de reconocer el fracaso que significó la llamada “Tercera vía” impulsada por Tony Blair, vienen intentando volver a sus raíces obreras y desligarse de sus compromisos asumidos con la derecha conservadora para garantizar la estabilidad del sistema capitalista, en el país la izquierda tradicional prefiere esconder sus propias banderas y busca mimetizarse en esa abstracción intelectual denominada “centro izquierda”.

 

Una cosa es que el Partido desde una propuesta de izquierda gane a las fuerzas del centro para construir un proyecto común que tenga como objetivo cambiar el modelo neoliberal; pero otra muy distinta es renunciar a la identidad política, abandonar el espacio natural para girar hacia el centro y sumarse como furgón de cola de un proyecto que busca administrar el modelo neoliberal.

 

En política los que no avanzan, retroceden; y los que se inclinan hacia el centro, terminan -casi siempre- defendiendo políticas de derecha.

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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