La vieja derecha

Por Fredy León

 

Hasta hace poco, la derecha no necesitaba ganar las elecciones, tenían a los militares -el perro guardián de la oligarquía- dispuestos a ir en su auxilio en los momentos difíciles.

 

Si uno mira hacia atrás, veremos que el comportamiento antidemocrático de la derecha salía a flote cuando sentían que el piso se les movía y el vetusto edificio social crujia por el descontento de los marginados, que desde abajo, amenazaban con terminar con la fiesta sin fin de los poderosos.

 

Eran tiempos de las bayonetas, casi siempre bajo la supervisión de las embajadas norteamericanas, donde para someter la rebeldía de los pobres se sucedían los golpes de estado, con el único objetivo de reestablecer el viejo orden y mantener el status quo.

 

Hoy eso ha cambiado. Los militares se mantienen en los cuarteles y sin muchos deseos de inmiscuirse en la vida política, y en algunos países -como lo sucedido en Honduras, Paraguay y Brasil- ese rol lo cumplen, a marcha forzada, los medios de comunicación y el poder judicial.

 

La derecha se ha visto obligada a instrumentalizar políticamente el uso del derecho y se ha lanzado por el maquiavélico procedimiento de judicializar la acción política para impedir los cambios. Ellos creen que las leyes están escritos en piedra y que la sociedad es un ente perfecto donde cualquier propuesta de cambio debe ser penado legalmente.

 

Los procesos de democratización de la vida política y la ampliación de los espacios democráticos en la sociedad, gracias a las luchas de los sectores populares, han permitido que los procesos  electorales sean cada vez más democráticas y la derecha tenga mayores dificultades para ganar limpiamente, a pesar de su inmenso poder económico y el control casi absoluto que ejercen sobre los medios de comunicación.

 

Cuando la derecha gana, celebran; pero cuando pierden, gritan fraude. Como lo que viene sucediendo en Ecuador.

 

En Ecuador perdieron las elecciones, pero se niegan a reconocer los resultados. La derecha ecuatoriana quiere repetir la vía venezolana, donde sus pares ideológicos nunca reconocieron el triunfo electoral de Nicolás Maduro y se dedicaron a armar barricadas en las calles. En Perú, Keiko nunca tuvo la delicadeza de reconocer el triunfo de PPK, ¡y eso que comulgan del mismo credo neoliberal!

 

En Ecuador la derecha parece dispuesta a cruzar el Rubicón de la cordura política y se muestran dispuestos a hacer volar en pedazos la gobernabilidad y estabilidad politica.

 

A la vieja derecha latinoamericana no les importa el destino del país ni se muestran interesados en respetar las reglas de juego de la democracia y cuando sus privilegios peligran, están dispuestos a incendiar las praderas, si es que con eso logran defender sus intereses económicos.

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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