Holanda le toma el pulso a Europa

Por Fredy León

 

Las elecciones en Holanda servirán para saber hacia dónde se dirige la vieja Europa en tiempos de Donald Trump, tiempos donde el gran caos que reina en Washington ha creado un descomunal desconcierto en toda Europa.

 

En las elecciones del miércoles en Holanda se juega algo más que la formación de un nuevo gobierno, se juega el destino de la nueva ultraderecha europea, de esos sectores abiertamente xenofóbicos que de haber estado por muchas décadas marginados del poder, hoy han pasado a la ofensiva y buscan coronar su gran marcha convirtiéndose en gobierno.

 

En Austria estuvieron a punto de lograr su objetivo; pero en ese momento Donald Trump era un simple payaso que bramaba por la televisión. Hoy el panorama político ha cambiado, el triunfo de Trump puede ser el punto de apoyo que necesitaba la derecha xenófoba para dar el gran salto, por eso que las elecciones holandesa no hay que verlo solo en clave nacional, creo que servirá mas que todo para calibrar si el efecto dominó del mensaje de Donald Trump ha logrado trascender las fronteras.

 

No olvidemos que luego de Holanda, el turno será de Francia, donde Marine Le Pen -esa clonación perfecta de Trump- tiene grandes posibilidades de ganar, y después, a temblar: el nuevo mapa político europeo se configurará en suelo alemán, donde los neo nazis sueñan con regresar con fuerza al “Bundestag.”

 

Como bien graficaba un político holandés “En Holanda se juegan los cuartos de final de la lucha europea contra el populismo. Las semifinales serán en Francia, en mayo, y la final en Alemania, en septiembre”.

 

En Holanda todas las encuestas coinciden en otorgar el favoritismo al líder de la extrema derecha holandesa Geert Wilders. Lo que falta por ver es si el apoyo que conseguirá será suficiente como para poder formar gobierno. El gran problema de Wilders es que vive en medio de la soledad, ninguna de las otras fuerzas políticas desean ser parte de un gobierno dirigido por la extrema derecha. Sus políticas generan miedo, y a diferencia de lo que acontece en Francia, en Holanda no hay muchos políticos e intelectuales dispuestos a embarcarse en esa aventura.

 

Dos temas preocupan a los holandeses: el bolsillo y el miedo a los musulmanes.

 

En ambos temas el discurso de Wilders repite las ideas de Trump. Su receta es una explosiva mezcla de nacionalismo económico con xenofobia a ultranza. Wilders, al igual que Trump, vive de los miedos imaginarios o sobredimensionados hacia los musulmanes. Y en esta campaña ha contado con un inesperado aliado: Recep Erdogan, el astuto presidente turco que imprevistamente se ha convertido en un actor principal de la campaña final. Como ha sucedido muchas veces, los extremos tienden a apoyarse mutuamente.

 

En el tema de la migración atrás han quedado los tiempos donde el debate era entre integración o asimilación. Ahora la idea fuerza es cerrar las fronteras y expulsar a los imigrantes, principalmente musulmanes. Una idea demasiado simple como para pretender solucionar un asunto complejo que tiene que ver con la historia de Europa, y que constituye uno de los signos de los nuevos tiempos que vivimos: sociedades multietnicas y pluriculturales en un mundo globalizado y con una creciente tendencia a masivas migraciones humanas.

 

Las ideas xenofobas de Wilders no son nuevas para la sociedad holandesa. Son la reminiscencia de un pasado nada heroico y que se pierde en la oscuridad de los tiempo del colonialismo holandés. Por lo tanto, resulta dificil no asociar a Wilders con la vieja mentalidad colonialista de los “bóeres holandeses” que conquistaron África y Asia e impusieron a sangre y fuego su modo de vida en esas lejanas tierras.

 

Ahora son los extremistas holandeses quienes sienten miedo y creen que la historia ha venido para cobrar su revancha y piensan que los musulmanes se han convertido en una amenaza inminente para la forma de vida holandesa. Wilders agita el fantasma musulmán “Hay que cerrar las fronteras porque el islam no encaja en Holanda.”

 

Por ese motivo Wilders ha presentado las elecciones holandesas como parte de ese “choque de civilizaciones” que dice se cierne sobre la sociedad occidental, idea basada en una absurda teoría expuesta por Samuel Huntington y que sostiene que la expansión de los musulmanes en la vieja europa es una amenaza real para la cultura europea.

 

Veremos si el mensaje de Wilders logra su objetivo, y bajo la sombra de Donald Trump, Holanda sucumbe a los encantos del populismo xenofobico y se convierte en el punto de apoyo para impulsar la expansión de la extrema derecha en la vieja europea.

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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