Con mi ignorancia no te metas

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Por Fredy León

Cuando uno había creído haber escuchado todas las sandeces que repiten los promotores de esa ingeniosa campaña #ConMisHijosNoTeMetas uno no se imagina que siempre habrá un Phillip Butters dispuesto a ir más allá de lo que la razón puede concebir y el sentido común aconsejar.

 

“Yo no quiero que la ministra Martens le hable de sexo a mi niña de 6 años, a mi niña de 9 años, yo no quiero que le digan a los niños libremente que los niños LGTBI están en los colegios.”

 

Phillip Butters se tendrá que ir a vivir a Marte para lograr su cometido, porque ni enviando a sus pequeñas hijas a un convento va impedir que, en alguna etapa de su desarrollo fisiológico, sus hijas descubran su sexualidad.

 

Si para los fervientes defensores de la “ideología de la cigueña” la escuela no es el lugar indicado para hablar y aprender sobre educación sexual ¿cuál es el lugar? ¿la televisión? ¿el pulpito? ¿el programa radial de Phillip Butters? ¿o hay que mantener el tema sexual en la mas profunda ignorancia?

 

¿Y qué es eso de “los niños LGTBI”? Solo una mente retrógrada y llena de prejuicios puede inventar tremenda aberración, muy de la mano de ese galimatías denominado pomposamente como “ideología de género” que ni ellos mismos saben lo que es. En el nombre de una falsa moralidad Butters llama a desarrollar una cruzada contra los homosexuales, lesbianas y transexuales; al mismo tiempo que no tiene reparos en defender a una sarta de degenerados pedófilos de carne, hueso y sotana.

 

En el mundo de Butters los homosexuales, lesbianas y transexuales no deberían existir, porque según él, son una degeneración del género humano formado por el binomio hombre-mujer . Esa idea es muy semejante a “la solución final” que defendía Adolfo Hitler y donde los judíos debían ser exterminados porque eran una aberración de la raza humana.

 

¿Hay que encerrarlos en un manicomio o enviarlos directamente al paredón a los homosexuales, lesbianas y transexuales?

 

Lo que Butters no llega a entender es que la conducta y el comportamiento del ser humano, en el ámbito sexual, es cada vez más complejo y complicado. Por eso que en las sociedades con mayores niveles de desarrollo democrático la tendencia es a garantizar los derechos de esas personas, tanto a nivel individual como colectivo; mientras que en las sociedades con gobiernos autoritarios o dictaduras teocráticas no es extraño ver que la intolerancia religiosa y sexual van de la mano.

 

La intolerancia religiosa y sexual siempre surge de los prejuicios y se alimenta de la ignorancia, supersticiones y el odio hacia los otros, hacía esas personas que tienen un comportamiento sexual que no caben en los estrechos moldes de las mentes que viven atrapadas en los oscuros tiempos de los tribunales de la Santa Inquisición, donde en el fuego sagrado de las hogueras se buscaba purificar a las almas pecadoras.

 

Las palabras de Butters son una muestra de ello, es el intento por volver al oscurantismo medieval, a los tiempos donde el sexo era visto como el peor de los pecados, que se combatía con el uso de los cinturones de castidad y los frailes se convertían en una suerte de fisgonez moralistas cuya mayor preocupación era meter sus narices debajo de las sábanas de sus creyentes.

 

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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