Diálogos no tan santos

dialogos

Por Fredy León

No es que el Cardenal Cipriani posea el preciado don de la ubicuidad o tenga un alto sentido de servicio desinteresado en bien del país, y que le ha llevado a ofrecer caritativamente su domicilio para el encuentro entre PPK y Keiko, justo luego de haber celebrado la actuación de la turba fujimontesinista en el Congreso que jaló de a poquitos la guillotina para decapitar al Ministro de Educación, quien fuera entregado sumisamente por PPK como la ofrenda para aplacar las iras del fujimontesinismo.

 

Cipriani, quien mantuvo un silencio impasible durante todo ese cambalache político vivido en el Congreso y nunca ocultó su animadversión contra el censurado Ministro de Educación, posee un olfato político bien desarrollado, sabe moverse con un oportunismo descarado para ganar protagonismo y siempre ha buscado la manera para someter la política nacional bajo la estricta e implacable vigilancia de la sotana.

 

Con este inusitado protagonismo el anhelado sueño de Cipriani, proclamado desde su púlpito, finalmente se ha hecho realidad. El Cardenal de los plagios e improperios resurge de sus cenizas convertido en el árbitro supremo de la política nacional.

 

Los actos del Cardenal no son movidos por alguna fe misteriosa ni responden a un abnegado sacrificio personal, sino que son por intereses terrenales muy concretos, demasiados tangibles y terriblemente cercanos a las ideas retrógradas que defiende el fujimontesinismo, no solo en materia de educación sino en visión de país.

 

Al Cardenal no es necesario levantarle la sotana para ver el fustán naranja que lleva puesto.

 

La iniciativa desplegada con bombos y platillos no se reduce a trata de ganar algunas almas descarriadas para recompensarles con la promesa de la vida eterna o amenazarlos con castigarlos a pudrirse en el infierno; sino que imitando a San Martín de Porres, el Cardenal ha logrado sentar al perro, el gato y al ratón para que a partir de ahora coman en paz del mismo plato.

 

Una acción loable si no fuera porque en ese encuentro se va a definir, bajo cuatro paredes, el futuro de 30 millones de peruanos. Y me temo, que de ahí saldrá finalmente el acuerdo para lograr la libertad del reo Alberto Fujimori. Esa es la máxima aspiración del fujimontesinismo.

 

Lo que ha promovido Cipriani no ha sido un diálogo entre dos poderes del Estado, como hubiera sido lo normal luego de lo sucedido en el Congreso, sino que es un encuentro entre una persona que fue elegida para asumir la representación de la nación peruana y una candidata que fue derrotada en las urnas.

 

Cipriani ha aprovechado la debilidad del gobierno para llevar el famoso diálogo bajo las premisas planteadas por la candidata derrotada. La forma personal como Cipriani ha asumido esta mediación ha debilitado ostensiblemente la imagen del Presidente de la República y va generar más incertidumbres sobre la capacidad de liderazgo presidencial.

 

Lo que hemos visto estos días luego de la moción de censura, es el sometimiento del Presidente de la República a los caprichos de una candidata perdedora, una pantomima de diálogo que más tiene de monólogo, un encuentro sin agenda conocida y fuera del marco institucional. En otras palabras, una falta total de respeto a la imagen presidencial.

 

Una cosa hay que reconocer a Cipriani, ha mostrado habilidad para escenificar con suma precisión el segundo acto de este proceso iniciado en el Congreso con la censura del Ministro de Educación y que buscaba convertir al fujimontesinismo en la verdadera fuerza gobernante del país. Por eso que no es extraño que sus fieles subordinados aplaudan a rabiar la audacia desarrollada por Cipriani que ha arrebatado toda iniciativa política al gobierno.

 

El Cardenal Cipriani ha logrado finalmente hacer el milagro de darle ese poder a Keiko que le fue sumamente esquivo y que le fuera negado hasta en dos ocasiones por las urnas.

 

De la casa de Cipriani saldrá un Presidente debilitado, desorientado, incapaz de manejar la agenda del país y sometido al control del Cardenal. Y de ese monólogo surgirá la imagen de una Keiko fortalecida con la bendición del Cardenal y que se presentará como la única dirigente de la derecha neoliberal con capacidad real de imponer al gobierno el rumbo a seguir.

 

 

 

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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