De tumbas y muertos

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Por Fredy León

Solo los espíritus débiles que recelan de la vida tienen miedo de los muertos; solo las mentes felonas que se aferran al poder y no son capaces de defender abiertamente sus ideas, juegan con los miedos ajenos. Y los miedos constantemente engendran monstruos que luego resultan incapaces de controlarlos.

Ellos saben que el miedo siempre ha sido un factor de dominación y subordinación y que es parte intrínseca de nuestra naturaleza humana.

Superar los miedos demanda valor y coraje; pero sobre todo, conocimiento. No olvidemos que por lo general los miedos reinan en el mundo de lo desconocido.

Hay miedos patológicos que arrastramos desde la noche de los tiempos y que nos acompañan toda nuestra breve existencia; y hay miedos colectivos que aparecen en determinados momentos, que surgen por anomalías sociales o que son construidos artificialmente con fines subalternos.

Durante la década de los 80 y parte de los 90, el terrorismo -en sus dos versiones el de SL y el terror de estado- quisieron imponernos una sociedad del miedo.

La brutal y sanguinaria orgía de sangre desatada por Sendero Luminoso, fue una estrategia fríamente calculado por la cúpula senderista para conseguir alcanzar sus objetivos políticos mediante el miedo y el terror. Los atentados terroristas, ejecuciones y matanzas de campesinos no fueron excesos, fueron parte del gran plan concebido por Abimael para tomar el poder.

Hubo actos macabros realizados por las huestes fanáticas de Sendero Luminoso. Dirigentes sindicales, militantes de izquierda que fueron ejecutados a sangre fría y sus cadáveres abandonados, tirados en zonas descampadas, y muchos de ellos, con un cartel colgado en el que amenazaban con asesinar a quienes osaban recoger los restos de los infortunados para darles sepultura. Esa actitud reflejaba los niveles de depravación moral con que actuaban las huestes senderistas.

Casos como el de Jorge Mungia, Mario Machaca o Jesús Oropeza, difícilmente pueden ser olvidados; así como tampoco se puede olvidar la terrible odisea que pasaron sus familiares quienes tuvieron que desafiar las amenazas de los terroristas y vencer el miedo para recuperar los cadáveres y poder sepultar a sus seres queridos.

Ese desquiciado proyecto terrorista levantado por Sendero Luminosos fue derrotado. Lo que hoy sobrevive son rezagos de una organización en bancarrota y que no está en la posibilidad ni cuenta con la capacidad de reproducir esa nefasta aventura. Tendrían que ser doblemente estúpidos si los “gonzalistas” se atrevieran a repetir la experiencia de sangre y terror que Abimael les legó.

La sociedad peruana ha aprendido la dura lección, y creo que esas opciones terroristas –si existieran-  son hoy una ínfima minoría y tienen el rechazo total de las grandes mayorías. El peligro real no es Sendero Luminoso, el peligro son las fuerzas oscurantistas aupados en el fujimontesinismo que utilizan la presencia marginal de los rezagos senderistas para generar miedo y querer imponer una cultura de intolerancia. La sobrevivencia de Sendero Luminoso le es funcional a esa derecha anticomunista, pues es el pretexto ideal para acusar a la izquierda de violentista. Las burdas y bastardas campañas contra Verónika, trucando fotos para vincularla con SL, son muestras concretas de lo que la derecha busca.

Mientras los senderistas están más preocupados en enterrar sus muertos, la derecha retrógrada está preocupada en pretender exhumar los viejos miedos para beneficio partidario, por eso que no saben ni se enteran de lo que sucede en sus narices.

La construcción de ese mausoleo en Comas demuestra la negligencia y torpeza de las autoridades locales y la ineptitud de los servicios de inteligencia.

Y esto plantea un tema que cada vez es más actual y que es el motivo verdadero de la edificación de ese mausoleo, ¿Qué hacer cuando Abimael muera? Imagino que los senderistas van a tratar de convertir a Abimael en una especie de Sarita Colonia, y en la derecha no faltarán voces que se decanten por  la “solución Obama.”

¿Hasta que punto puede ser  justificable que la sociedad se rebaje al mismo nivel moral de los terrorista y le depare a Abimael similar trato que ellos dieron a sus víctimas?

¿O vamos a repetir la historia de Antígona, contada por Sófocles, cuando el rey de Tebas, Creonte, ordenó sepultar a Eteocle con todos los honores y condenó a que el cadáver de Polinices quede insepulto y su cuerpo sea pasto de las aves y los perros?

No es con el uso de la represión como se va a derrotar los últimos remanentes del senderismo, eso es victimizarlos y darles espacio a su discurso. Es con el debate, la confrontación de ideas, la vigencia de la memoria y la muestra de la superioridad moral de la sociedad, como se va desterrar de la sociedad los últimos alientos del viejo y anacrónico discurso senderista.

Una sociedad que teme a sus muertos es porque no tuvo el valor de enfrentarlos cuando estuvieron vivos.

 

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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