El renacer de la izquierda

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Por Fredy León

Durante estos últimos días, a raíz de las discrepancias surgidas al interior del Frente Amplio, salieron a la palestra algunos ilustres congresistas de Tierra y Libertad a expresar sus puntos de vista con respecto a los problemas del FA; y lo hicieron de una manera torpe y nada inteligente. En vez de hacer lo que dicta la razón y recomienda el momento político, quisieron aprovechar la ocasión, oportunamente ofrecida por una prensa que tiene intereses políticos muy definidos, para dar manotazos de ciegos en el aire y esperar si en una de esas atinaban a mellar la imagen y el prestigio de Verónika.

No consiguieron su cometido; y no lo hicieron no porque les faltara ímpetu, sino porque les faltó altura política y nivel intelectual. Lo que olvidaron estos distinguidos congresistas, es que al frente tenían a una figura política que no estaba a su alcance. En las susodichas entrevistas ofrecidas por los congresistas Castro y Morales, de lejos se notaban las abismales distancias políticas e intelectuales que los separa de Verónika.

En política, a veces es importante saber reconocer el lugar que uno ocupa. Unos son locomotoras que abren trochas y marchan delante de la realidad, otros son vagones que a marcha forzada pugnan por engancharse tras esa locomotora, y hay quienes simplemente han perdido el tren de la vida.

Dicen que si en política la verdad fuera como el humo, lo sentiríamos con las narices. Pero como no es así, entonces obligatoriamente tenemos que remitirnos a lo que mandan los hechos -tercos y tozudos-, ese es el único lugar donde las ilusiones se esfuman y la realidad impone su voluntad de hierro.

¿Qué era las izquierdas antes de las elecciones de abril del 2016? Un amasijo de ilusiones perdidas, un confuso conglomerado de siglas desteñidas, un puñado de macilentos generales sin tropas que llevan el signo de la derrota grabada en sus frentes y que se disputaban los últimos despojos de las derrotas.

Luego de culminado de manera abrupta el ciclo político de la Izquierda Unida, las ideas, las masas, los votos, las luchas y las ilusiones abandonaron a las izquierdas. La desaparición de la Izquierda Unida significó una derrota estratégica y los restos de esa izquierda quedaron reducidos a su mínima expresión.

Hubo infinidad de esfuerzos para recomponer esa situación; pero todos, todos sin excepción, acabaron en rotundos fracasos.

Aparecieron destacados dirigentes de izquierda que intentaron asumir el liderazgo de ese alicaído movimiento. Distinguidos personajes como Agustín Haya de la Torre –cuando aún era izquierdista-, Rolando Breña Pantoja, Alberto Moreno, Javier Diez Canseco y Susana Villarán -la de la chalina verde y las ideas rosadas- se presentaron como los elegidos para conducir a la izquierda hacia la tierra prometida-, pero ninguno de ellos logró pasar del fatídico 2%.

Ese era el techo que aplastaba a la otrora poderosa izquierda peruana. Una izquierda dividida, dispersa, sin ideas nuevas, sin credibilidad, sin nuevos liderazgos y que las masas populares miraban con desinterés y desconfianza.

Hasta que llegó abril del 2016 y una luz roja penetró por las rendijas de un país que se había acostumbrado a ver con naturalidad las derrotas anunciadas de las izquierdas.

El Frente Amplio sorpresivamente obtuvo el 18% de votos y el Mas-Democracia Directa el 3%. Juntos, si sumamos los votos obtenidos por Verónika y Santos, las izquierdas se convertían en la segunda fuerza política del país, pero aún lejos del 35% obtenido por el fujimontesinismo.

Este renacer electoral de la izquierda fue resultado de la confluencia de varios factores y del esfuerzo de mucha gente, pero uno de ellos –el principal a mi modo de ver- fue resultado del liderazgo que Verónika desempeñó durante la campaña electoral.

A diferencia de Alfonso Barrantes cuyo liderazgo surgió cuando existía un movimiento popular que iba en ascenso y tuvo en la unidad de las fuerzas de izquierda su punto de origen; en el caso de Verónika fue un liderazgo político que surgió en la soledad de una izquierda que andaba sin rumbo ni identidad. Verónika dio un nuevo impulso al movimiento popular.

Con Barrantes son las masas populares que van al encuentro de un líder; con Verónika es la acción del líder que va en busca de las masas para construir un movimiento político.

En esta pequeña diferencia radica el reto que tiene Verónika ¿Cómo lograr que ese liderazgo político se convierta en la expresión orgánica de un nuevo y poderoso movimiento popular capaz de ganar el gobierno en el 2021?

Aquí es donde se enfrentan las dos estrategias que hoy disputan el control del Frente Amplio. El sector oficial de Tierra y Libertad, que se mueve dentro de un enfoque movimientista, privilegia el espacio de la protesta social sin logra perfilar con claridad una estrategia de lucha para conquistar el gobierno; mientras que los sectores que impulsan el II Congreso del Frente Amplio proponen construir movimiento social para conquistar el gobierno.

Los primeros representan una estrategia de derrota que lleva al inmovilismo y aislamiento social del Frente Amplio. En política quien no avanza, retrocede. La actitud inmovilista, que defiende Tierra y Libertad, conduce al desarme político del Frente Amplio, en un escenario donde las posibilidades de avance de la izquierda están doblemente bloqueadas por el accionar del gobierno y por la presencia dominante del fujimontesinismo en el Congreso. Cerrar el FA, bajo el prurito del registro electoral, es regalarle un espacio político a la derecha.

El Frente Amplio, tal como está, no sirve para las luchas venideras. Se requieren cambios urgentes. Hay que mirar el horizonte para avanzar y no quedarse marcando el paso en el mismo lugar. El Frente tiene que reinventarse para ser fiel a sus postulados originarios y proyectarse como real alternativa de gobierno.

¿Qué hacer?

Primero, abrir el Frente para que esa inmensa masa de izquierdistas tengan el espacio donde hacer política y contribuir de manera activa a la construcción colectiva del nuevo referente orgánico de las izquierdas. Se requiere forjar una nueva mayoría política y social y para ello hay que construir el sujeto político, politizar los conflictos sociales, vincularse con el movimiento popular, ser parte activa de las luchas diarias del pueblo, construir organización con mística y disciplina y forjar nuevos liderazgos de masas con miras al 2018 y 2021.

Si el Frente Amplio logra ser sensible a las nuevas motivaciones de las nuevas generaciones y logra convertirse en una organización política de masas, entonces tendrá mejores posibilidades para construir una nueva correlación de fuerzas que permita derrotar a la derecha neoliberal.

Segundo, definir un programa y un plan de acción política que tenga como objetivo ser gobierno el 2021. Con claridad, sin subterfugios, sin concesiones al radicalismo infantil, el FA tiene que afirmar la vía democrática para conquistar gobierno e impulsar los grandes cambios para construir una sociedad de libertad, justicia, solidaridad y bienestar para todos. La lucha consecuente por las reivindicaciones inmediatas son importantes, pero como decía uno de los lemas originarios del Frente Amplio, hay que saber unir todas esas luchas en función de un objetivo: ser gobierno el 2021.

Tercero, persistir en la lucha por la unidad de las izquierdas. La dispersión y división siempre van a minar las posibilidades de éxito de cualquier proyecto izquierdista. La unidad es importante no solo para ganar las elecciones, sino y sobre todo, para saber ser gobierno y aplicar el programa del cambio. El Frente Amplio debe mantener en alto sus banderas unitarias y trabajar por lograr que las izquierdas tengan un solo candidato presidencial en las elecciones del 2021. Aquí todos somos necesarios pero nadie es imprescindible.

Cuarto, fortalecer el liderazgo político de Verónika Mendoza y construir una dirección colectiva que fortalezca la identidad del FA, construya espacios de representación política y promueva liderazgos locales y regionales. En el Frente Amplio han surgido nuevos rostros, nuevos liderazgos y nuevas formas de hacer política que tienen que ser perfeccionados permanentemente. El FA tiene que tratar de representar políticamente tanto a los viejos actores políticos como a los nuevos rostros de una sociedad en constante cambio. Ese es el invalorable aporte que hacen Verónika, Marisa, Indira, solo por mencionar los rostros mas conocidos, es una labor que seguramente engloba a otros tantos dirigentes que desde el trabajo cotidiano son el soporte de las conquistas logradas por el FA.

Son momentos de definiciones y esperamos que el II Congreso del Frente Amplio defina con claridad el rumbo a seguir. Como decía el amauta José Carlos Mariátegui, en circunstancias como las que se viven debemos tener presente que “la idea revolucionaria tiene que desalojar a la idea conservadora no sólo de las instituciones sino también de la mentalidad y del espíritu de la humanidad. Al mis­mo tiempo que la conquista del poder; la revo­lución acomete la conquista del pensamiento.”

 

 

 

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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Una respuesta a El renacer de la izquierda

  1. Marco Landa Madrid dijo:

    Un artículo que expresa la situación orgánica del Frente Amplio. Enfoca un liderazgo que va hacia el pueblo, pero también un pueblo urgido de representación política para conquistar gobierno y poder para transformar su situación de postración, opresión y explotación. El FA ha salido fortalecido del II congreso. Ha quedado bien claro la abismal diferencia entre la unidad en el FA frente a las sectas partidarias. Ha sido un reconocimiento concreto al liderazgo de Veronika. Además de reiterar la vigencia del Programa FA en la mente y corazón del pueblo. Los acuerdos del congreso sobre la institucionalidad del FA, sobre la Inscripción unitaria ante el JNE, rsobre normas estatutarias y la elección de una nueva dirección y CP, exige la preparación exhaustiva de la Conferencia Nacional. Entretanto existen las tareas políticas planteadas por el congreso FA para afrontar la situación política nacional.

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