País de violadores

violaciones

Por Fredy León

 

Las retrógradas ideas expresadas por el Arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, sobre las causas que provocan los actos de violación sexual, han merecido el rechazo masivo. Y no era para menos, solo un retardado mental puede afirmar o insinuar que la forma como la mujer se viste, camina o baila puede ser interpretada como una incitación abierta para que algún depravado sexual de rienda suelta a sus instintos y crea que puede ultrajar la honorabilidad de una mujer.

 

Con esa mentalidad medieval mostrada por Cipriani, lo único que le faltó predicar fue pedir que las mujeres utilicen su cinturón de castidad para evitar que sean violadas. Además que Cipriani habla públicamente de un tema donde la iglesia carece de autoridad moral para actuar como si fuera la conciencia de la sociedad.

 

El problema de las violaciones sexuales es un tema muy delicado que debería ser tratado con profundidad y la seriedad del caso. Este no es un tema que atañe únicamente a la mujer, es un problema que concierne a toda la sociedad. La escuela, los medios de comunicación y la justicia deberían jugar un rol importante. La escuela como el espacio indicado para que los adolescentes conozcan su cuerpo y aprendan sobre el sexo y la sexualidad, los medios de comunicación para que dejen de vender la idea morbosa de la mujer vista como mero objeto sexual y la justicia para que proteja de manera efectiva a las mujeres y abandone esa actitud complaciente e indiferente frente a las denuncias sobre violaciones sexuales.

 

Se necesita cambiar toda esa mentalidad machista que existe en la sociedad y donde predomina una visión degenerada del sexo, alimentada principalmente por esa prensa mercantilista que ha hecho del morbo un negocio suculento.

 

Una sociedad es más democrática cuando menos tabúes sexuales existen, cuando aprendemos a gozar del placer sexual de una manera natural y mostramos respeto a las personas más allá de sus preferencias sexuales. No nos olvidemos que “todos somos seres sexuales. Lo somos desde el día en que nacemos y hasta que morimos. Nuestra sexualidad influye en nuestra personalidad y en la forma en que nos expresamos como seres humanos.”

 

Y así como merece nuestro rechazo las ideas expresadas por el Arzobispo Cipriani, de igual manera debemos manifestar nuestro repudio total a la conducta mostrada por algunos infelices –como el diputado fujimontesinista Héctor Becerril- quien en una actitud ruin y canallesca ha desatado una caza de brujas contra Indira Huilca, todo por el simple hecho de que Indira tuvo la valentía de rechazar las expresiones del Arzobispo Cipriani y mostrar, con datos en la mano, la podredumbre tan extendida de las violaciones sexuales que se produce en nuestra sociedad.

 

Duele reconocer, pero por las cifras expuestas por Indira, el Perú se ha convertido en un país de violadores, y lo peor de todo, un país donde la justicia no ampara a las víctimas. Esto debe cambiar, y la primera medida es reconocer la gravedad de este problema. No hacerlo, es esconder la cabeza como el avestruz y dejar que los depravados sexuales que cometen este vil delito sigan libres.

 

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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