La batalla que no fue

Barco_de_Papel

Por Fredy León

Almagro se quedó con ganas. Dicen que tenía puesto su uniforme de gala, sus botas relucientes, su espada brillante e impaciente esperaba el arribo de sus tropas para ir por Venezuela. Almagro ya soñaba con ese momento épico frente a los reflectores hinchando el pecho para recibir las medallas y homenajes que la Casa Blanca le había prometido.

Pero para ganar las batallas primero hay que pelearlas. O mejor dicho, tiene que haber dos ejércitos dispuestos a romper fuegos.

De Caracas le llegó a oídos de Almagro las voces de Maduro mandándolo a la mismísima mierda, ninguneándolo, resteándolo y alistando su sable para el duelo. Se sabe que cuando se trata de defender su revolución bolivariana, Maduro es una bestia duro de pelar.

La pelea estaba pactada, el olor a muerte impregnaba las oficinas alfombradas de la OEA y el anuncio de que ahora sí iba a correr sangre hasta tomar por asalto Caracas parecía inminente, solo faltaba el ejercito de Almagro para entrar victorioso por las calles de Caracas. Almagro ya se veía como Bush luego de la toma de Bagdad.

Pero !oh sorpresa! primero su lugar teniente Macri le dijo nones, que esa pelea no iba con su estirpe. De Brasil vino otra reculada, Temer le susurró al oído que andaba demasiado ocupado con sus propias batallas para sobrevivir. A Almagro solo le quedaba la maltrecha tropa paraguaya que como fieles kamikazes se colocaron en primera fila dispuesto a cobrarse la revancha cuando Chávez les endoso a los golpistas paraguayos tremenda paliza luego de haber desaforado al presidente legítimo Fernando Lugo; pero Almagro sabía que con esa tropa de peleles discípulos de los golpistas paraguayos, no gana ni las peleas de quinceañeros.

De nada le valió la noticia que allende los mares, la hija del reo Fujimori anunciaba que iba a enviar su caballeria con Kenji a la cabeza para tomar Caracas. Si en la vida hay compañias que matan, la compañia de Keiko en esa cruzada contra el gobierno de Maduro, es como tener a Bruto cenando plácidamente al lado de Julio César.

Y así, antes de haber empezado la batalla, las tropas de Almagro gritaron un sonoro rompan filas.

Almagro se quedó solo, con sus botas puestas, su espada empuñada y el rostro compungido sin atinar a decir palabra alguna. El secretario de esa OEA que quiso ser general se quedó sin su batalla.

Para otra vez será, general Almagro.

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"Nada de lo que es humano me es ajeno." Federico Engels
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